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Por Asamblea Nacional Ciudadana
La Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA) es la forma que asumimos diversos grupos que en 2009 promov... La Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA) es la forma que asumimos diversos grupos que en 2009 promovimos el voto nulo en México. Somos un movimiento abierto, plural, apartidista, horizontal, deliberativo e independiente. (Leer más)
¡Ay, esta juventud apática, de veras!
Por Asamblea Nacional Ciudadana
11 de octubre, 2011
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Por: Ímpetu Centro de Estudios, A.C.

 

¿Adulto… qué? ¡Adultocracia!

La palabra adultocracia suele provocar risas, lo cual puede ser considerado como síntoma del problema. El término no pretende convocar a una lucha intergeneracional –por cierto, vacía de toda lógica– sino describir nuestra sociedad. Ser joven es una desventaja en la mayoría de los diversos contextos sociales del país. El doctor Rogelio Marcial lo explica de la siguiente forma:

“Hoy vivimos bajo el régimen autoritario de una adultocracia patriarcal, racista, elitista, heterosexista y catolicista. En él, gobiernan los hombres-adultos-mestizos-ricos-heterosexuales y católicos. Y gobiernan como tiranos, pues no pretenden ni siquiera dejar existir al otro, al que no reúne sus características. Si alguien de nosotros tiene la “desgracia” de ser mujer, joven, niño, adulto mayor, pobre, indio, con capacidades diferentes, homosexual o con creencias no católicas, los caminos se cierran, los estigmas se interponen, la descalificación ataca y la represión se presenta.” (Democracia, ciudadanía y juventud en Jalisco”, Estudios Jaliscienses, Mayo-2010)

Refuerza esta afirmación el reporte Panorama de la Educación 2011, de la OCDE, que situó a México como el tercer país, de los 34 que conforman la organización, en donde más jóvenes entre los 15 y 29 años no estudian ni trabajan. Es decir, hay alrededor de 7 millones de jóvenes sin oportunidades de educación o empleo.

El reporte apunta, además, que alrededor del 38 por ciento de la totalidad de mujeres mexicanas de entre 15 y 29 años de edad viven en esta situación, frente a un 10.7 por ciento de la totalidad de hombres en el mismo rango de edad. Esto significa, de acuerdo con la OCDE, que la cifra de mujeres mexicanas jóvenes que no estudian ni trabajan es 3.6 por ciento superior a la de los hombres, lo que nos convierte en el país con la cifra más alta en este rubro.

Si a ello agregamos las condiciones de desigualdad propias de zonas marginales tanto urbanas como rurales, así como indígenas, el panorama es desolador. Ser joven es una condición social que representa una desventaja en una sociedad dominada por adultos, quienes siguen considerando a las juventudes como un botín comercial, laboral, político, económico y militar, entre otros.

Pese a la evidencia en contra, se sigue considerando a los y las jóvenes como personas inacabadas que viven “una etapa de transición”, delimitada arbitrariamente por el número de años vividos, en una generalización que quiere representar lo mismo a una persona de quince años, con hijos y esposo en la Sierra Negra de Puebla, que a un estudiante de quince años de una escuela en Ciudad Juárez. Ello no quiere decir, de ninguna forma, que los y las jóvenes de los diferentes contextos sociales asuman sin resistencia el espacio destinado por esta sociedad adultocrática, encerrada en una visión exclusivamente biologicista de la juventud.

 

“Todos los jóvenes son apáticos”

Muchos de los y las jóvenes de las diferentes realidades trabajan desde sus trincheras. No son, como suele decirse escandalosamente, una carga social: muchas veces son actores protagónicos en la ciencia, el deporte, la tecnología, la cultura y la política; pero están luchando contra una cantidad enorme de obstáculos dada su condición de jóvenes en la cultura adultocrática. Justo por ello, surgió la agencia DJóvenes, un esfuerzo periodístico por visibilizar el trabajo de las juventudes que es ignorado. Djóvenes es un proyecto a cargo de Ímpetu Centro de Estudios, A.C., una asociación civil dirigida por jóvenes y que trabaja para las juventudes.

Con respecto al mundo de la sociedad civil organizada: las asociaciones juveniles legalmente constituidas – que no son muchas – además de enfrentar los problemas señalados por el Colectivo Fortaleciendo Causas Ciudadanas, también tienen que lidiar con un enramado de prácticas adultocráticas muchas veces desgastante. Enfrentan desde la incredulidad de los notarios públicos al quererse constituir legalmente – “¿Es para una tarea?” -, el precio inalcanzable de los servicios legales, y hasta el requisito de los cinco años de experiencia para concursar por muchos de los financiamientos.

 

Paul, Axel y Roberto, jóvenes deportistas de la selección de hockey sobre pasto/ Djóvenes.

 

Sin embargo, se hace. Con mucho esfuerzo las asociaciones consiguen el dinero para constituirse legalmente, y trabajan sin un solo recurso económico. También concursan en todos aquellas convocatorias que no pidan años de experiencia, por lo que algunas veces, cuando las reglas lo permiten, y ante la incredulidad de la élite de la sociedad civil, demuestran la capacidad de colaborar al mismo nivel. Porque aunque no cuenten con la placa dorada de décadas de experiencia, con jefes de apellidos rimbombantes o con la reputación de héroes regionales, están ahí, también luchando, queriendo cambiar, trabajando.

 

Araceli Aldana, joven Física y divulgadora científica de la UNAM/ Djóvenes.

 

Por ello, no deja de resultar irónico cuando se alzan algunas voces públicas para recriminar “la apatía” de “la juventud”: ahora sí, los y las jóvenes, a quienes se mira como un todo homogéneo, ya no son “ninis”, sino que se convierten inmediatamente en la gran decepción política de México, porque claro, claro, “tienen todo el potencial para cambiar el país”, pero no lo hacen “porque no quieren”. ¿Es una broma?

 

Wendolline Moreno, joven deportista de lucha olímpica/ Djóvenes.

 

El doble discurso entre “ser una carga social” y además ser “la esperanza de un cambio” entraña las contradicciones de un determinismo que se niega a reconocer la diversidad de los y las jóvenes. Esto tiene que cambiar urgentemente, no porque las juventudes sean la panacea del cambio para el país, sino porque dicho cambio es necesario para transformar poco a poco esta realidad. Y sí, varias juventudes organizadas ya enarbolan esta bandera, aunque muchos insistan en no quererlas ver.

 

Thania Gerónimo, joven investigadora del Conservatorio Nacional de Música/ Djóvenes.

 

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