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La Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA) es la forma que asumimos diversos grupos que en 2009 promov... La Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA) es la forma que asumimos diversos grupos que en 2009 promovimos el voto nulo en México. Somos un movimiento abierto, plural, apartidista, horizontal, deliberativo e independiente. (Leer más)
Política indígena: patrimonio de todas y todos
Por Asamblea Nacional Ciudadana
13 de diciembre, 2010
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Por: Mar Estrada

Desde México no siempre alcanzamos a sentir la magnitud de los movimientos indígenas que están cambiando a América Latina. Esta fue una de mis conclusiones al asistir al 9º Congreso Latinoamericano de Educación Intercultural Bilingüe en Antigua, Guatemala el pasado octubre de 2010. Otra conclusión fue que la política indígena es un patrimonio vivo del que los mexicanos –mestizos e indígenas– podríamos beneficiarnos.

El Congreso fue un magno evento organizado por las autoridades educativas guatemaltecas, así como por organizaciones indígenas y demás personas involucradas en el tema. Asistieron cientos de educadores, académicos, activistas y funcionarios de decenas de países. Participaron importantes líderes indígenas. También estuvo presente la ‘cooperación internacional’, organismos multilaterales y las organizaciones de la sociedad civil (OSC).

Trabajo con escuelas indígenas autogestionadas, por lo que me ha tocado estar en congresos análogos en México, pero este me abrió un panorama insospechado.

Quedó claro, para empezar, que los movimientos por la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) son indisociables de los procesos políticos indígenas de América, como explicó Luis Maldonado, líder e intelectual quichua del Ecuador. Esto no es de extrañarse, dado que la educación ha sido uno de las ‘políticas públicas’ (valga el anacronismo) que desde la Conquista han desmantelado las sociedades indígenas. En clave contemporánea, la EIB está ligada a las aspiraciones de autonomía, democracia y justicia; de diversidad y equidad cultural, lingüística y epistémica.

En México comprendemos la relación entre educación y política: notablemente, la Coalición Ciudadana por la Educación se activó hace poco para “romper el acuerdo político corporativo que tiene secuestrada la educación”. Pero sabemos que la democratización de la educación también se juega en que las comunidades educativas recuperen el control de lo que se enseña, cómo se enseña y para qué se enseña. En este sentido, las innovadoras experiencias, investigaciones y reflexiones de la EIB constituyen un antecedente invaluable.

Las reivindicaciones asociadas a la EIB casi siempre conllevan una relación tirante, cuando no revolucionaria del esquema del Estado-nación, bajo muy diversas formas. Algunos de los asistentes al Congreso, por ejemplo, participaron en la creación del marco jurídico internacional vigente sobre pueblos indígenas (principalmente, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre los pueblos indígenas en 2007). Otros son promotores de sendas autonomías en sus países. Otros más persiguen los cambios desde marcos institucionales y ganan espacios de poder en ellos. Otilia Lux de Cotí, diputada quiché guatemalteca, dijo: “Hay que apostarle a la participación política, hay que asaltar las instituciones de Estado, sobre todo al Legislativo, porque ahí es donde se deciden los presupuestos. Convoco a indígenas, mujeres y ladinos progresistas a sacudir la indiferencia de su espíritu y dirigir sus energías a la participación política”.

Independientemente de las diferentes formas de activación política, es notable que casi todas tienen en el horizonte –más o menos lejano, según el país– la construcción de Estados plurinacionales: Estados que reconozcan a los pueblos indígenas como entidades históricas y políticas diferenciadas, pero a la vez constituyentes de dichos Estados. Puede considerarse que Panamá, Nicaragua y Bolivia ya están en una verdadera transición hacia allá, según Myrna Cunningham, líder miskuita de Nicaragua (recientemente doctorada honoris causa por la UNAM). Para ello, dijo, “los pueblos indígenas podemos establecer arreglos con los Estados en forma de autonomías, autogobiernos, resguardos, cabildos… no importa el nombre, en cada lugar puede ser diferente”.

Los pueblos del Abya Yala, además, aspiran a naciones orientadas por el principio del Sumak Kawsay, que es el existir armónico y equilibrado entre todos los seres vivos: una forma de vida modesta que solo se alcanza colectivamente. Para perseguir esto, como se comprenderá, los movimientos indígenas han tenido que desarrollar maneras de vérselas con la economía de mercado y con los sistemas liberales.

Estos paradigmas de procuración de bienestar social, a la vez novedosos y enraizados (y ampliamente compatibles con las aspiraciones del resto de la sociedad civil); estos testimonios del poder de la gente para cambiar o conformar sus gobiernos según le convenga, constituyen un patrimonio político para toda América Latina –indígena y mestiza. Las políticas exteriores de los últimos tiempos nos han hecho sentir muy aislados en México, pero las identidades y movimientos indígenas trascienden las demarcaciones nacionales, y pueden ser un recurso más para recuperar la integración regional.

A todo esto, hay que recordar que la riqueza política indígena la tenemos también sin salir de México. Por hablar solo de mi estado: en Jalisco, los wixáritari (huicholes) tienen una intensa y compleja vida política, que combina desde esquemas propios de autoridades agrarias y tradicionales, hasta recursos ante instancias como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pasando por la interacción y presencia en dependencias, OSC y universidades en la sierra y las ciudades.

En México y en América, los pueblos indígenas que se perciben inmersos en un orden ajeno, dominante y adverso, han desarrollado importantes respuestas políticas (algunas más trascendentes y efectivas que otras). Quizás en México, los demás ciudadanos que también queremos otro orden, estemos listos para abandonar el imaginario de la marginación, que la hace posible. Quizás, en lugar de eso, podamos construirnos una identidad fortalecida con la diversidad; conocer a los pueblos y culturas con los que coexistimos, junto con sus propuestas políticas; y explorar las posibilidades de aprendizaje mutuo y articulación para fines comunes.

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Nota: A propósito del famoso y generalmente malentendido 2012 maya, he aquí el parrafito divulgatorio que se utilizó en el evento. La tónica del Trece B’aqtun estuvo presente durante todo el Congreso:

“El Trece B’aqtun de la Cuenta Larga Maya tendrá lugar el 21 de diciembre de 2012. Esta fecha tan importante para el pueblo Maya de la región mesoamericana significa el tránsito hacia una Nueva Era y se perfila como una época de profundos cambios. Basado en este paso de una era a otra, es de esperar que el mundo y la humanidad entera evolucionen hacia un estado de mayor perfección del Universo; por lo tanto, el género humano debe de incrementar su preocupación por el cuidado de la Madre Tierra, la biodiversidad y acentuar las relaciones sociales de cooperación global y de reconocimiento de la igualdad entre los pueblos, en comunión con la madre naturaleza”.

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