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Radio Huaya: radio comunitaria
Por Asamblea Nacional Ciudadana
14 de noviembre, 2011
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Por: Sofía Ortega* (@sofisticadisima)

Voz, sonido, música, ruido, silencio. Imagen auditiva, esculturas sonoras. La radio es eso, un manjar de sonidos diario, una soledad acompañada, un amigo a la distancia. Es soñar con los oídos.

La radio lleva 90 años de existencia en nuestro país. Ha sido el medio de comunicación por excelencia para informar y entretener a varias generaciones. Es buena compañía en la rutina, en el trabajo y hasta en el tráfico. Es un conjunto de ondas sonoras que se mueve con nosotros para mantenernos viviendo este país y significando lo que le sucede.

Es, por mucho, el medio de comunicación más noble que el hombre pudo haber inventado. No se necesita saber leer para escucharlo, no tenemos que ver para imaginarlo. Se requiere si acaso un aparato radiotransmisor y un par de pilas por si falla la luz. Pero sobre todo, lo que se necesita es una buena programación, locutores entusiastas y unas buenas canciones para animar. Se requieren audiencias que escuchen y estaciones de radio cercanas a ellas; que programen una buena canción y una linda radionovela, que informen y comenten lo que sucede en la vida cotidiana, que hagan visible las problemáticas, las esperanzas y los sueños del pueblo. Una estación de radio libre, compañera, alegre. Es necesario una radio de todas y de todos; una radio comunitaria.

El concepto de radio comunitaria en México se ha desvirtuado en los últimos cincuenta años por diferentes razones. Una de ellas, tal vez la más importante, es el creciente monopolio del espectro radioeléctrico mexicano que condensa a las frecuencias de radio en un grupo reducido de empresarios que, aunque hacen gala de la diversidad y pluralidad de sus estaciones, mantienen la misma línea de pensamiento y contenidos. En cambio, las radios públicas o comunitarias tienen el papel y la posibilidad de ofrecer al público contenidos de calidad con puntos de vista diferentes a los establecidos, de tratar temas de interés general para audiencias particulares, y de generar ciudadanía libre, crítica e informada –tarea siempre imperante en nuestro país, porque de ello depende en gran parte nuestro caminar como nación y como pueblo.

Los medios de comunicación en nuestro país están divididos en concesionados y permisionados. Los primeros son las frecuencias de Radio y Televisión que el Gobierno Mexicano le otorga a empresas o particulares como concesiones para operar durante un determinado tiempo. Es decir, les renta por veinte, treinta o cincuenta años una o varias frecuencias del espectro radioeléctrico (que es un bien de la Nación) para que lo operen durante ese tiempo, lucrando con ellas y pagando al Gobierno un impuesto por eso. Al cabo de ese periodo se restablece el contrato y se llegan a nuevos acuerdos.

Los medios permisionados, en cambio, como su nombre lo indica, existen gracias a permisos que se otorgan a grupos, colectivos, organizaciones, pueblos o comunidades para operar alguna frecuencia de ese mismo espectro radioeléctrico (sí, hablamos del mismo, del que pertenece a la Nación, es decir a todos nosotros). Un medio comunitario no puede lucrar y debe mantenerse en tiempo y forma de acuerdo a los requisitos de la ley. Estos permisos van de cinco a seis años y pueden ser renovados una vez que se cumplan con todos los papeleos, requisitos de infraestructura y con las condiciones técnicas que una radio debe tener. Las reglas para quienes solicitan un permiso, y quienes van por una concesión, entonces, no son parejas.

XHFCE – ‘La voz de los campesinos: Radio Huayacocotla’ –buscó durante veintiocho años el permiso del Gobierno Federal para operar libremente en Frecuencia Modulada por el 105.5. Desde sus inicios como Escuela Radiofónica en la década de los sesenta, en la región de la Sierra Norte de Veracruz se  escuchaban los ecos de un intento por compartir la palabra de los pueblos indígenas y campesinos, su vida y sus luchas, sus sueños y esperanzas. Fue a principios de los setenta que la Compañía de Jesús asumió el quehacer de la Radio Huaya (como la conocen en la región) a través de Fomento Cultural y Educativo, una asociación civil iniciada por jesuitas, y en la que siguen participando.

Enclavada en el pueblo de Huayacocotla, Veracruz, en una de las tantas cumbres que forman la Sierra Madre Oriental, ‘La voz de los campesinos’ suena desde hace casi cincuenta años para las comunidades de la región. De siete de la mañana a siete de la noche las voces en español, náhuatl, otomí y tepehua recorren los cerros y valles, las pendientes y cañadas de la parte norte de Veracruz, de la Huasteca y Sierra Hidalguense, Potosina y Queretana, la Sierra Norte de Puebla y la parte sur de Tamaulipas.

Radio Huaya transmite los siete días de la semana el tradicional trío huasteco de la región, los sones brincados de las fiestas de Carnaval, la música de bandas de viento, la música norteña y la ranchera. Comparte la alegría de la música, pero también la importancia de las costumbres y tradiciones. Reportajes, crónicas, programas especiales en los que la gente participa y habla, en los que se refleja su vida y sus modos de ser pueblo indígena: ésta es su radio, ésta es su voz, la de los campesinos y campesinas.

Son cincuenta años de denuncia de injusticias y de costumbre compartida, de soñar otro mundo: uno posible, uno mejor. Y desde hace seis, se transmite ininterrumpidamente en el 105.5 de FM la voz viva de los pueblos, su palabra verdadera. Se transmiten sus problemáticas e injusticias, sus luchas por recuperar sus tierras y territorios en una región de despojos caciquiles; su lucha diaria por vivir en dignidad bajo condiciones de pobreza extrema sin dejar de ser orgullosamente los pueblos indígenas que son. Se escucha la reivindicación de los pueblos indígenas, su memoria y su modo de vida campesina, esa que no aparece en los spots del gobierno ni en una botella de refresco, sino la que se da en la milpa, la que se sueña allá en los potreros.

Todos los días a las 6:45 horas en el Cerro de la Cumbre en Viborillas, ejido vecino a Huayacocotla, se enciende una esperanza con facha de transmisor de 10,000 watts. Si la luz amarilla pasa a verde, sonreímos. Hoy soñamos con los oídos. Hoy habrá Radio Huaya.

 

*Sofía Irene Ortega Simón estudió Comunicación en el ITESO. Ha colaborado en proyectos radiofónicas en Promomedios y Radio UdG en Guadalajara, y desde hace tres años trabaja en Radio Huayacocotla. Correo electrónico: [email protected]

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