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U. de G.: Universidad secuestrada
Por Asamblea Nacional Ciudadana
4 de octubre, 2011
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Por: Dr. Bernardo Jaén Jiménez, académico de la Universidad de Guadalajara y Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

 

La Universidad de Guadalajara es la segunda universidad pública más grande del país después de la UNAM. Su comunidad rebasa los 243 mil estudiantes de preparatoria, licenciatura y posgrado en 14 centros universitarios esparcidos en casi toda la geografía del estado de Jalisco. La U. de G. nunca ha tenido formas de gestión democráticas.

 

El máximo órgano de gobierno, de acuerdo al Artículo 28 de su Ley Orgánica, es el Consejo General Universitario, que sin embargo es suplantado por el actual grupo político que controla esta universidad desde mediados de los noventa. El llamado Grupo Universidad, comandado por el Lic. Raúl Padilla López, forma parte de uno de los poderes fácticos de Jalisco, cuyos tentáculos se extienden a varias instituciones: ayuntamientos, congreso local y federal, organismos supuestamente autónomos, Poder Judicial y empresas privadas.

 

Raúl Padilla fue rector general de la U. de G. de 1989 a 1995. Tras concluir su rectorado, le disputó y arrebató el control político al antiguo cacique, Carlos Ramírez Ladewig, y lo conserva hasta la actualidad. Hace tres años, su grupo político sufrió una crisis, cuando el entonces rector general, Carlos Briseño (emanado del mismo grupo político) trató de disputarle el control a Raúl Padilla. Briseño enfrentó la oposición de casi la totalidad de los consejeros universitarios, quienes lo destituyeron en una sesión de Consejo completamente amañada, y en la que se violaron una serie de ordenamientos legales que establecen los requisitos para que un rector general sea destituido del cargo.

 

El desenlace fue trágico, pues Briseño terminó suicidándose en septiembre de 2009, después de una profunda depresión, pues sus colaboradores más cercanos lo traicionaron; y el sistema judicial, al que había acudió para apelar su caso, se había puesto al servicio del Grupo Universidad y lo había ignorado.

 

Durante 2010, el Grupo Universidad enfrentó otra crisis política, esta vez con el gobierno del estado, encabezado por Emilio González Márquez. El tema de la disputa fue el presupuesto público. Las autoridades de la U. de G. exigían más presupuesto, y el gobierno del estado respondía que el presupuesto era suficiente, pero que el grupo político que controla la universidad no lo gastaba en actividades sustantivas como la docencia o la investigación, sino en otras no sustantivas, como las de “promoción de la cultura”. Las autoridades de la U. de G., apoyadas por los sindicatos de académicos y trabajadores administrativos, así como por la Federación de Estudiantes Universitarios, organizaron marchas y plantones frente al Palacio de Gobierno y la casa del gobernador. Cabe aclarar que las dirigencias de estas tres organizaciones también las designa el Lic. Padilla.

 

El conflicto se resolvió en un hecho revelador, que dejaba claro quién mandaba en la universidad. Una noche, el gobernador de Jalisco, tras ingerir bebidas alcohólicas, se dirigió a la casa particular de Raúl Padilla y pactó con él el fin del conflicto, dejando en evidencia (y en ridículo) al actual rector general, Marco Antonio Cortés Guardado, quien supuestamente detenta la autoridad formal de la universidad.

 

Un episodio más reciente deja constancia de que el Lic. Padilla controla otras instituciones además de la U. de G. El pasado viernes 30 de septiembre estuvo de visita en Jalisco Manuel Camacho Solís, Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción Nacional (DIA). Su visita tenía como objetivo limar asperezas entre uno de los principales candidatos de la izquierda para el gobierno de Jalisco –Enrique Alfaro (actual presidente del municipio de Tlajomulco)– y el PRD Jalisco. Camacho Solís platicó con Alfaro la tarde del viernes, y por la noche, con Raúl Padilla; dejando, como en el caso anterior, en evidencia (y en ridículo) al presidente estatal del partido, Roberto López.

 

El sistema de gobierno de la U. de G. –un sistema patriarcal y de democracia dirigida– se encuentra actualmente en crisis, tras los conflictos que ha enfrentado el Grupo Universidad. Los controles al interior de la casa de estudios se han hecho más férreos; hay menos presupuesto para los investigadores; el trato de los directivos hacia los profesores e investigadores es más despótico –muy parecido a lo que sucede en una empresa privada. ¿Por qué sucede esto? Para asegurar el control político, la cúpula del Grupo Universidad ha tenido que “acomodar” en puestos directivos a personas que no reúnen el perfil administrativo ni académico, ni gozan del respeto de sus pares. Dado su perfil, estas personas han burocratizado muchas actividades de docencia e investigación.

 

En mayo surgió en la U. de G. un grupo de profesores e investigadores disidentes –varios de ellos miembros del SNI– que luego se denominó Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU). Este grupo surgió en la coyuntura del no pago de un estímulo al salario, llamado Programa de Estímulos al Desempeño Docente (PROESDE). Se trata de un programa anual en el que se concursa mediante evaluación curricular por un sobresueldo que se entrega durante un año. En la práctica, este sobresueldo representa hasta 50% del ingreso de los profesores de tiempo completo. El aviso de que no se pagaría el estímulo a casi 700 profesores provocó la irritación de la comunidad universitaria. Aunque las autoridades universitarias, apoyadas por el sindicato, se empeñaron en convencer a los profesores afectados de que el origen del problema era una reducción del presupuesto para estímulos de muchas universidades públicas del país por parte de la SEP; la comunidad universitaria no lo vio así, y dirigió sus críticas a los gastos dispendiosos que hace el Lic. Padilla en sus proyectos culturales.

 

El CRU representa un movimiento genuino al interior de la U. de G., porque, a diferencia del conflicto que vivió anteriormente el Grupo Universidad, las críticas y cuestionamientos esta vez no vienen de la misma cúpula –como ocurrió con Briseño– ni vienen de una institución externa –como ocurrió con el Gobernador de Jalisco. Ahora vienen de la comunidad universitaria, que desde la base cuestiona las formas en que se administra la U. de G.

 

El crecimiento y consolidación del CRU dependerán de que más investigadores se sumen a este grupo que tiene como objetivo, por el momento, motivar la reflexión de los problemas más acuciantes que aquejan a la universidad.

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