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Causa en Común es una ONG multidisciplinaria de mexicanos trabajando por México que pretende se... Causa en Común es una ONG multidisciplinaria de mexicanos trabajando por México que pretende ser al mismo tiempo incómoda y propositiva. Es presidida por María Elena Morera y se dedica a la construcción de ciudadanía, la promoción del Estado de Derecho y a exigir una mayor rendición de cuentas por parte de las autoridades. Síguela en Twitter: @causaencomun. (Leer más)
¿De quién es el espacio público?
El uso indebido del espacio público es una de las principales problemáticas que padecen los habitantes del Distrito Federal. En los últimos años hemos presenciado diversos procesos que han intentado regular algunas dinámicas relacionadas con el tema. Sin embargo, pocas veces hemos cuestionado cómo algunos comportamientos de nuestros gobernantes y ciudadanos afectan nuestra posibilidad de disfrutar de los espacios públicos.
Por Causa en Común
17 de marzo, 2015
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Por: María Elena Morera Mitre (@MaElenaMorera)

La respuesta a esta pregunta del título parece sencilla, e incluso obvia: el espacio público es de todos. Sin embargo, mi experiencia como habitante del Distrito Federal me ha obligado a replantearme esta interrogante y tratar de darle una respuesta más precisa.

Diariamente, las miles de personas que confluyen en la Ciudad de México tienen que lidiar con calles bloqueadas, plantones, tianguis y puestos de comercio informal, retenes policíacos, así como cercos del gobierno local y federal. Todas estas apropiaciones del espacio público dificultan el desarrollo de las actividades cotidianas e impiden el goce de nuestras calles, parques, plazas y avenidas.

En las últimas décadas se han puesto en marcha procesos para intentar conciliar los diferentes usos del espacio público. Ciudadanos, grupos de influencia, sociedad civil organizada y gobierno han debatido sus inconformidades y propuestas ante diversos temas. Menciono brevemente algunos ejemplos que considero centrales para entender la disputa por el espacio público que se vive en la Ciudad.

Debido a la tradición centralista que han tenido nuestros gobiernos, el Distrito Federal ha sido históricamente la arena política en donde se discuten los problemas de otras localidades, además de los de índole nacional. En consecuencia, uno de los debates recientes de mayor relevancia ha sido la regulación de las marchas y manifestaciones.

Dicha cuestión ha dividido la opinión pública entre quienes consideran que el derecho de los manifestantes debe ser acotado para que no afecte los intereses de terceros, y quienes consideran que regular las marchas es una violación a la libertad de expresión. Más allá de los protocolos de actuación en marchas que ha emitido el gobierno local, este tipo de dinámicas sociales siguen siendo un tema pendiente para su adecuada regulación pero también para asegurar que se respeten los derechos de los manifestantes.

Otra de las prácticas que se ha buscado regular (aunque no de forma contundente) es aquella relacionada con grupos que administran el espacio público de forma irregular. Tal es el caso de los franeleros y personas que ejercen el comercio informal. Los primeros han tratado de ser contenidos a través de la instalación de parquímetros; los segundos han sido desplazados de zonas de importancia estratégica como el primer cuadro de la ciudad. No obstante, ambos grupos siguen reproduciendo sus prácticas de manera cotidiana, sufriendo los embates de los operativos rastrillo instaurados por la policía capitalina, los cuales únicamente “controlan” temporalmente pero no solucionan la problemática.

Los ejemplos anteriores muestran que el espacio público sin duda es un espacio en disputa y que desde diversos frentes se está actuando para solucionar los problemas ocasionados por quienes buscan apropiarse de él. Pero, ¿qué pasa cuando es el gobierno el que busca apropiarse del espacio de todos?

Cada vez es más común encontrar en la ciudad calles cerradas total o parcialmente debido a la existencia de cercos alrededor de diversas instituciones gubernamentales. Avenidas como Cuauhtémoc a la altura de la Secretaría de Gobernación o las vías aledañas a Los Pinos se ven afectadas por los operativos de seguridad que evitan el libre tránsito de los ciudadanos. El ejemplo más reciente de la clara tendencia del gobierno a la apropiación indebida de los espacios públicos fue la transformación del Zócalo en un estacionamiento VIP durante la presentación del último informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Así como las marchas, manifestaciones y dinámicas irregulares en torno a los franeleros y comerciantes informales han tratado de ser reguladas y se han efectuado medidas para su contención, considero que es tiempo de atender la problemática de la apropiación total o parcial de los espacios por parte del gobierno. Es necesario analizar cómo la instauración de supuestas “medidas de seguridad” afectan el uso del espacio público, en este caso concreto, el problema de fondo se relaciona con el grado de legitimidad del gobierno que le lleva a tomar mayores precauciones con respecto a la ciudadanía, a los influyentes que permiten a sus guaruras estacionarse en doble fila o en lugares prohibidos, o a los que por falta de seguridad terminan por cerrar sus calles, haciendo del espacio público un espacio privado.

Retomando la pregunta inicial, se podría responder que el espacio público, al menos en el Distrito Federal, parece pertenecer a los influyentes. A aquellos que han logrado tejer redes de favores con el gobierno o que pertenecen a él. Los ciudadanos de a pie, los que se preocupan por respetar la ley y sobrevivir con relativo orden en medio del caos, han sido relegados. Es tiempo de exigir que nuestros servidores públicos dejen de actuar como dueños de la ciudad, que sus acciones sirvan como ejemplo y den pie a una mejor convivencia. De lo contrario, la sensación de distancia y falta de entendimiento de las necesidades ciudadanas seguirá acrecentándose, agravando la disputa por el espacio público.

 

* María Elena Morera es presidenta de Causa en común. El texto fue escrito con la colaboración de Sergio Padilla Oñate.

 

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