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Dimensionemos la captura del Chapo
Ningún cártel de la droga tiene una estructura vertical y jerárquica. Esto quiere decir que un golpe en solitario, aún y cuando se trate del líder (como El Chapo) nunca es suficiente para desmantelar a grupos criminales de gran tamaño como es el caso de los cárteles de la droga.
Por Causa en Común
25 de febrero, 2014
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Por: Víctor Manuel Sánchez Valdés (@victorsanval

El júbilo no debe nublar el juicio del gobierno, nadie puede negar que la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán es el mayor golpe que el Gobierno Mexicano le ha dado al narcotráfico en los últimos años. Sin embargo, tampoco se puede negar que ninguna de las capturas de los grandes capos de antaño ha tenido un impacto significativo en la disminución de la violencia o en la desaceleración en el trasiego de las drogas hacía los Estados Unidos. Es por ello que el presente artículo busca responder a las siguientes preguntas; 1) ¿Por qué el arresto de los grandes capos de la droga tiene un impacto tan pobre a la hora de disminuir la violencia o el trasiego de sustancias ilícitas? y 2) ¿Cómo se puede ajustar la estrategia gubernamental para ser más efectivo en el combate a la violencia y en el combate al tráfico de drogas?

La apuesta de las últimas administraciones del Gobierno Federal para combatir al crimen organizado ha sido clara: concentrarse en el arresto de los líderes de las principales organizaciones criminales del país. El Gobierno de Felipe Calderón fijó una lista de 37 objetivos clave, de los cuales 25 fueron capturados o murieron en combate contra las fuerzas de seguridad del estado. Enrique Peña Nieto incrementó la apuesta e incluyó en la lista a 121 objetivos prioritarios, de los cuales 75 han sido arrestados o han fallecido en acción. En resumen, en los últimos siete años los cárteles de la droga han perdido al 63% de sus cabecillas entre los que se pueden contar a Heriberto Lazcano “El Lazca”, Miguel Ángel Treviño “El Z 40”, Ezequiel Cárdenas Guillén “Tony Tormenta”, Jorge Eduardo Costilla “El Coss”, Arturo Beltrán Leyva “El Barbas”, Édgar Valdez Villarreal “La Barbie”, Ignacio “Nacho” Coronel y Nazario Moreno “El Chayo”. Y a pesar de lo anterior, las organizaciones criminales que han sufrido la pérdida de sus liderazgos siguen operando, lo cual es paradójico porque según la teoría causal sobre la que se asienta la estrategia del gobierno deberíamos observar el efecto contrario, es decir, la paulatina desaparición de las organizaciones criminales que han perdido a sus líderes.

La teoría causal sobre la cual se asienta la estrategia gubernamental se puede resumir en la siguiente oración: el líder de una organización criminal es una figura que aglutina el poder, las relaciones, los recursos, los conocimientos y las lealtades dentro de cada organización, por ende si dicho personaje es arrestado o muere en un enfrentamiento, éste deja un vacío en la organización que es difícil de llenar. Por tanto, si una organización criminal pierde a su líder, ésta sufrirá un proceso de reajuste y descomposición que puede provocar la desaparición de la propia organización. Dicho lo anterior, en palabras coloquiales, la idea es pegarle a la cabeza de la organización y esperar a que el resto de los miembros caigan por su propio peso.

Sin duda esta es una teoría muy sugerente porque nos hace creer que vamos por el camino correcto y que sólo es cuestión de tiempo para que la estructura de las organizaciones criminales en México comience a resquebrajarse; incluso es una creencia compartida por gran parte de la opinión pública de este país, por lo regular se equipara al arresto de los capos con el éxito de las políticas de combate al crimen organizado. Sin embargo, esta teoría adolece de un error fundamental: ningún cártel de la droga tiene una estructura vertical y jerárquica, por el contrario, la arquitectura de los cárteles se parece más a una red de actores interconectados que se puede adaptar fácilmente a los cambios externos tal y como se muestra en la siguiente ilustración:

Ilustración 1: Tipos de estructuras de las organizaciones criminales (Elaboración propia)

Ilustración 1: Tipos de estructuras de las organizaciones criminales (Elaboración propia)

Una de las características básicas de toda arquitectura en forma de red es su rápida capacidad para regenerarse en caso de la pérdida o desaparición de uno de los nodos, esto quiere decir que un golpe en solitario aún y cuando se trate del líder nunca es suficiente para desmantelar a grupos criminales de gran tamaño como es el caso de los cárteles de la droga. Ésta es la razón por la cual las organizaciones criminales pueden perder en siete años al 63% de sus cabecillas y aún así pueden seguir operando casi al mismo nivel que tenían antes de la captura de sus líderes. Es por ello que a las pocas semanas del arresto de un capo ya ha surgido otro que ocupa su lugar.

Derivado de la reflexión anterior surge la siguiente interrogante. Debido a que la estrategia de concentrarse en el arresto de los líderes de las organizaciones criminales no han tenido un efecto significativo en la reducción de la violencia o en el tráfico de drogas: ¿qué puede hacer el gobierno mexicano para ajustar su estrategia con miras a desmantelar a las organizaciones criminales?

Para responder a la pregunta anterior se puede aprovechar la experiencia de varios países como Italia y los Estados Unidos en el combate al crimen organizado. Ya sabemos que una estructura en forma de red puede recuperarse muy pronto de la pérdida de uno de sus nodos debido a que los nodos restantes se encuentran interconectados, pero cuando la red pierde al mismo tiempo varios de sus nodos el impacto en la organización puede ser fatal, ya que muchos grupos o personas quedan aisladas del resto y resulta complicado volverse a coordinar. Ésta es la lógica que está detrás de operativos como el Proyecto Delirium, que fue implementado por las autoridades norteamericanas en el 2010 con el objetivo de desmantelar las redes de distribución de drogas de la Familia Michoacana en los Estados Unidos. En dicho operativo se arrestó en menos de 24 horas a 70 operadores de la Familia Michoacana en 13 estados, lo que provocó que dicha organización perdiera su capacidad operativa en territorio americano por casi dos años. Otro ejemplo es la operación Il Crimine, llevada a cabo por las autoridades italianas en el 2010 en contra de la Ndrangheta que se tradujo en el arresto en el mismo día de 305 personas en dos provincias italianas; una semana después, en el marco de la operación Santa Tecla, se llevó a cabo el arresto de otros 67 operadores de la Ndrangheta y la intervención de 48 empresas que servían para el lavado de dinero de la organización. Estas operaciones afectaron de forma fundamental la presencia que la organización mantenía en la ciudad de Milán y en toda la región de la Lombardía.

Ilustración 2: Comparación entre los efectos de la captura del líder de una organización criminal frente a los que se generan a partir del arresto concurrente de varios miembros de la organización. (Elaboración propia)

Ilustración 2: Comparación entre los efectos de la captura del líder de una organización criminal frente a los que se generan a partir del arresto concurrente de varios miembros de la organización. (Elaboración propia)

Este tipo de operaciones requieren del uso intensivo de los instrumentos de inteligencia del Estado y sobre todo de paciencia, en ocasiones se tiene que sacrificar un golpe presente por uno mayor en el futuro. A diferencia de lo que pasa en México, cuando en Italia descubren el paradero de un miembro de la mafia no proceden inmediatamente a su arresto, sino que comienza una labor de seguimiento, se intervienen líneas telefónicas, se busca el contacto con informantes y se utilizan agentes encubiertos para comenzar a reconstruir el mapa de la red criminal a la que pertenece el individuo. La labor puede durar meses, pero al final lo que se busca es identificar al mayor número posible de miembros de una organización, clarificar la función que cumple cada uno de ellos, determinar el número de empresas que son utilizadas por la organización para el lavado de dinero e identificar a los funcionarios corruptos que protegen a las organizaciones criminales.

Como se puede observar en la ilustración número dos, el arresto de varios miembros de una organización puede tener un impacto mayor en la estructura de los grupos criminales que el simple arresto de los líderes de dicha organización, es por ello que nuestro país debe privilegiar el arresto concurrente de varios miembros de una organización sin que ello signifique que no se aprovechen las oportunidades de capturar a los capos cuando se conozca el paradero de éstos.

En conclusión, la captura de capos como Joaquín “El Chapo” Guzmán es un logro que se le debe reconocer al gobierno, pero la captura de los capos no puede ser el centro ni el primer objetivo de la política gubernamental de combate al crimen organizado, ésta ha demostrado que no es efectiva en el mediano y el largo plazo. Si el objetivo es desarticular a los cárteles de la droga tenemos que dirigir nuestros esfuerzos de inteligencia al mapeo de las redes criminales y al arresto concurrente de los miembros de una organización, pero para lograrlo necesitamos fortalecer los siguientes rubros:

  • La estrategia planteada en los párrafos precedentes no va a funcionar si en los sistemas de inteligencia hay agentes infiltrados del crimen organizado, por lo tanto se requiere mejorar los mecanismos de control de confianza de todo el personal que participe directa o indirectamente en dichas operaciones, a fin de que las investigaciones no se vean comprometidas por fugas de información.
  • México (a nivel Federal) cuenta con instrumentos tecnológicos para llevar a cabo este tipo de investigaciones, pero de poco sirve tener la tecnología para hacer pruebas de ADN o para el reconocimiento de huellas digitales, si no tenemos registros suficientes para comparar la muestra de ADN o la huella digital que ha sido obtenida en el curso de la investigación, es por ello que se deben redoblar esfuerzos en la construcción de sistemas de información que nos ayuden en las labores de inteligencia.
  • Se requieren importantes inversiones para la capacitación de los funcionarios que estarían a cargo de las investigaciones y también se necesita modificar gran parte de los procedimientos operativos de las organizaciones de seguridad del Estado a fin de hacerlas compatibles con este nuevo enfoque.

 

 

* Víctor Sanval es colaborador de Causa en Común, A. C. (@causaencomun), alumno del Doctorado en Políticas Públicas del CIDE y especialista en temas de seguridad pública. [email protected]

 



     Debido a que nunca se han publicado los nombres de los que conforman el listado, la cifra no es auditable.

 

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