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Causa en Común es una ONG multidisciplinaria de mexicanos trabajando por México que pretende se... Causa en Común es una ONG multidisciplinaria de mexicanos trabajando por México que pretende ser al mismo tiempo incómoda y propositiva. Es presidida por María Elena Morera y se dedica a la construcción de ciudadanía, la promoción del Estado de Derecho y a exigir una mayor rendición de cuentas por parte de las autoridades. Síguela en Twitter: @causaencomun. (Leer más)
En defensa de las organizaciones de la sociedad civil
Mucho antes que el gobierno, las organizaciones de la sociedad civil colocaron en la agenda pública la necesidad de políticas para enfrentar todo tipo de problemas, como reinserción social, violencia intrafamiliar, consumo de drogas, todo tipo de discriminaciones, atención a discapacidades o protección a migrantes, entre muchos otros.
Por Emilio Marcel Regidor Eternod
9 de septiembre, 2020
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La sociedad civil organizada o tercer sector es un contrapeso social al poder político, que asiste a las personas, vigila a los gobiernos y exige avances en materia de derechos y garantías. Con independencia de esto, se encuentra en constante diálogo con autoridades, otras organizaciones y ciudadanos.

México tiene una importante cultura filantrópica y es una sociedad con tradiciones de apoyo social a los sectores más vulnerables de la población. Claramente, ni los programas gubernamentales ni los esfuerzos privados han sido suficientes para revertir condiciones de pobreza y pobreza extrema en las que viven decenas de millones de mexicanos.

Por otra parte, en casos de emergencias y desastres naturales, como sismos, inundaciones, y recientemente la pandemia de COVID-19, no sería posible remontar estos eventos sin la participación de la sociedad civil. El fomento de la cultura y la conservación de la memoria histórica son otros ejemplos en los que la participación privada organizada ha tenido un papel fundamental.

Mucho antes que el gobierno, las organizaciones de la sociedad civil colocaron en la agenda pública la necesidad de políticas para enfrentar todo tipo de problemas, como reinserción social, violencia intrafamiliar, consumo de drogas, todo tipo de discriminaciones, atención a discapacidades o protección a migrantes, entre muchos otros.

Las organizaciones sociales normalmente enfrentan el reto del financiamiento, pues se trata de organizaciones sin fines de lucro, que operan gastando dinero que no generan. Por ello, deben buscar fuentes de financiamiento públicas y privadas, nacionales, extranjeras o, incluso, internacionales. A esta fragilidad, sobre todo de las organizaciones denominadas “de base”, ahora se añadió el desprecio del actual gobierno federal que, a poco de llegar, retiró los apoyos a prácticamente todas las organizaciones sociales del país.

Según cifras oficiales, a la fecha hay 42,530 organizaciones en el registro federal, de las cuales, 23,467 (55%) están catalogadas como “inactivas”, es decir que no tienen movimientos ni actividades. Es altamente probable que estos números no reflejen en absoluto la realidad de este sector, el cual hoy se encuentra en su mayor crisis no solo por la falta de financiamiento público y privado, sino también por los ataques políticos por parte del gobierno federal, que pretende monopolizar cualquier tipo de intermediación social.

En este sentido, es notable y peculiar que, a estas alturas del supuesto desarrollo político del país, deba uno insistir en que las organizaciones sociales y sus financiamientos no tienen nada de extraño, ni de ilegitimo, ni de ilegal. Es cierto que, en casos aislados, como en cualquier área o sector, puede haber irregularidades y malos manejos, pero pretender descalificar el trabajo que realizan decenas de miles de mexicanos a favor de causas nobles, es indigno de cualquier gobierno que se asuma progresista y democrático, mucho menos transformador.

De acuerdo con el Monitor CIVICUS, que califica las condiciones para la sociedad civil o el espacio cívico, México se considera como una nación represiva, a un paso de la peor evaluación. Esto significa que las personas activas y los miembros de la sociedad civil que critican a quienes están en el poder corren el riesgo de ser vigilados, hostigados, intimidados y encarcelados, heridos y muertos. En lo que va de la actual administración, 14 periodistas han sido asesinados. Durante 2019, fueron 21 los asesinatos de defensores de derechos humanos.

Y es en este contexto que el titular del Ejecutivo embiste frecuentemente contra las organizaciones de la sociedad civil, tildándolas de “instrumento de los conservadores”, de corruptas, de espurias. Su ejemplo, o sus instrucciones, desde luego permean. Signa Lab, Artículo 19 y Aristegui Noticias han documentado que desde la agencia de noticias del Estado, Notimex, se han ordenado ataques en redes sociales en contra de periodistas y líderes de opinión críticos del gobierno federal.

Evidentemente, la labor social de muchas de estas organizaciones resulta un estorbo para el gobierno, y evidentemente, también incomoda que algunas de ellas promuevan la reflexión y el análisis crítico de nuestra realidad; incluso, no le interesan las propuestas. Para quien todo lo sabe y todo lo puede, todo lo que no se subordine o no emane de él, sale sobrando.

Un ejemplo, entre muchos, es Causa en Común, en donde defendemos el respeto al Estado de derecho; investigamos planes y acciones de gobierno para verificar su cumplimiento y buena ejecución; estudiamos y analizamos políticas públicas para proponer soluciones, y diseñamos programas para vincular a la sociedad con las instituciones públicas, especialmente las de seguridad y justicia.

No se trata, en la mayoría de los casos, de trabajo propiamente político; mucho menos ideológico o partidista. Lo que se busca es transparentar los problemas; entender y proponer; abrir diálogos; promover la tolerancia y tender puentes, todo esto partiendo de la realidad que enfrentamos, que hoy por hoy se muestra cruda.

Vivimos en un mundo complejo, polarizado políticamente, con una situación económica que ya antes de la pandemia del COVID-19 era mala pero que se ha agravado terriblemente, con problemas sociales de carácter histórico que no se resuelven y en ocasiones se profundizan, con mucha información pero poca precisión sobre ella, sobre su veracidad o falsedad.

En este contexto, por una parte, las personas se encuentran en su mayoría buscando resolver sus propios problemas y realidades. Por otra, los gobiernos, en muchos casos se encuentran rebasados y son incapaces de proporcionar igualdad de oportunidades a los ciudadanos y de encontrar las soluciones a los problemas que aquejan a las sociedades. Es en estas brechas, en estos espacios, que las organizaciones de la sociedad civil pueden y deben iluminar el camino para encontrar nuevas opciones, nuevas formas de entendernos y de convivir.

Por todo lo anterior, cualquier sociedad políticamente avanzada incluye todo tipo de organizaciones, que se conforman a partir de problemas, preocupaciones, intereses e ideales. Estas organizaciones no sólo son deseables, sino también son expresión de una sociedad democrática y participativa. Por ello no podemos permitir que se asedien los espacios de comunicación, que se restrinja la información que nos atañe a todos, que se rompa el diálogo, que se promueva el encono y que se ataque a las distintas formas de organización que se requieren en una sociedad tan compleja como la nuestra. Todo lo contrario. Los verdaderos demócratas entienden, dialogan y convencen. Los que no lo son, pues no…

 * Emilio Marcel Regidor Eternod es licenciado en derecho e investigador de Causa en Común.

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