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Causa en Común es una ONG multidisciplinaria de mexicanos trabajando por México que pretende se... Causa en Común es una ONG multidisciplinaria de mexicanos trabajando por México que pretende ser al mismo tiempo incómoda y propositiva. Es presidida por María Elena Morera y se dedica a la construcción de ciudadanía, la promoción del Estado de Derecho y a exigir una mayor rendición de cuentas por parte de las autoridades. Síguela en Twitter: @causaencomun. (Leer más)
Los tres primeros años de EPN en combate a la corrupción
La corrupción no es exclusiva de partidos políticos, clases sociales, género, edad, formación académica o profesión. Hay corruptos en el gobierno, la iniciativa privada, la academia, la sociedad. Sin embargo, también hay personas honradas en todos los sectores. La corrupción sucede en México todos los días, la lucha contra ella también.
Por Causa en Común
8 de diciembre, 2015
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Por: José Octavio López Presa

Ya sea por convicción o por así convenir a sus intereses políticos, los Presidentes de México desde López Portillo hasta Peña Nieto, se han pronunciado sobre el tema de la corrupción. Y hay también una asombrosa similitud en el enfoque de todos: prometen en campaña y al inicio de su administración el combate a la corrupción y cambios a las reglas. Intentan demostrar la validez de su propósito con casos ejemplares de castigo. Sin embargo, en el segundo trienio de sus mandatos “el combate a la corrupción” a muchos les estorba y no quieren saber más del tema.

En materia de combate a la corrupción, el gobierno de Enrique Peña Nieto comenzó con medidas que sorprendieron favorablemente dentro y fuera del país, como el encarcelamiento de la eterna lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) Elba Esther Gordillo, señalada por la prensa internacional como una de las personas más corruptas en México.

En sus dos primeros años de gobierno, una a una y con gran éxito, se aprobaron a nivel constitucional y legal las grandes reformas estructurales que el país había aplazado desde la administración de Salinas de Gortari en materia hacendaria, de telecomunicaciones y energética. Todo parecía salirle bien al Presidente Peña Nieto; incluso el tema de la seguridad pasó a segundo plano, desplazado por los éxitos legislativos. Sin embargo, casos conocidos han empañado la imagen Presidencial y de su gobierno: la revocación del fallo de la licitación para construir el Tren “Bala” México-Querétaro, la Casa Blanca, la de Malinalco.

Pero, sin duda el suceso que conmocionó a México y al mundo, y que ha socavado aún más la imagen de nuestro país, fue el asesinato cruel y sanguinario de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, que dejó al descubierto el nivel intolerable de corrupción que ligaba al crimen organizado con el gobierno municipal de Iguala. Funesta pero profética surgía la sentencia del entonces candidato a la presidencia José López Portillo pronunciada hace 40 años: “La corrupción es el cáncer de este país. México corre el riesgo de ser devorado por sí mismo si no tenemos éxito en el control de la corrupción”.

La respuesta de la sociedad civil mexicana no se hizo esperar y en diciembre de 2014, en conferencia de prensa, más de 70 organizaciones presentaron una propuesta para crear un Sistema Nacional Anticorrupción. Seis meses después, a finales de mayo de 2015, el Presidente Peña Nieto promulgó en Palacio Nacional la reforma constitucional que crea el Sistema Nacional Anticorrupción y declaraba a la Nación: “Estoy seguro de que así como los mexicanos hemos logrado consolidar nuestra democracia, así también habremos de vencer a la corrupción”.

Paradójicamente, con gran vehemencia en días posteriores a la histórica promulgación, distintos actores políticos continuaban presionando para que el Senado votara “al vapor” una iniciativa de Ley de Obras Públicas aprobada en 2014 en la Cámara de Diputados que a todas luces significa un profundo retroceso en materia de transparencia y lejos de combatirla, fomenta la corrupción, permitiendo innumerables casos de excepción a la licitación pública, a la transparencia y la difusión en CompraNET. El peligro de que esta Ley sea aprobada en el Senado sigue latente y con ella perpetuar el corrupto círculo vicioso por medio del cual las asignaciones directas no sean públicas y que funcionarios gubernamentales de los tres niveles 2 se enriquezcan impunemente o que los candidatos a puestos de elección como Presidentes Municipales o Gobernadores paguen con obras públicas los favores y financiamientos de campaña de sus mecenas empresarios.

Apenas un par de meses posteriores a la promulgación del Sistema Anticorrupción, la corrupción fue de nuevo la gran protagonista en la fuga de El Chapo Guzmán el 11 de julio pasado. Y, en este mes de diciembre, independientemente del mérito que tenga el caso contra Arturo Escobar del PVEM, nuevamente la corrupción estuvo detrás del ocultamiento de información en el nombramiento del Fiscal contra delitos electorales.

La corrupción campea a sus anchas en México y por ello no es de extrañar que a la mitad del sexenio, la aprobación de Peña Nieto es no sólo la más baja desde que asumió el poder, sino la más baja de cualquier otro Presidente desde que reconocidas casas de encuestas miden periódicamente el nivel de aceptación de los Jefes del Ejecutivo Federal en México. Y es que en la historia reciente de nuestro país existe una estrecha correlación entre la imagen de un Presidente y su legado en cuanto al combate a la corrupción. Por ello, quienes asumen la Presidencia debieran estar conscientes que cada acto, por pequeño que sea, tiene impacto en la promoción o desaliento a la corrupción y consecuentemente en la imagen que nos dejan como personas.

Recientemente en Guatemala la sociedad civil derrocó al Presidente Otto Pérez Molina a menos de un año de terminar su mandato, y su vicepresidenta, ministros y miembros de su gabinete se encuentran detenidos y están siendo procesados por casos de corrupción. Algo similar sucede en Brasil donde a raíz del escándalo de corrupción en Petrobras, Presidentes de empresas de renombre internacional como Odebrecht, congresistas y funcionarios públicos están detenidos y acusados de corrupción. La situación ha llegado a cuestionar la legitimidad de la Presidenta Dilma Rousseff e incluso la viabilidad de que concluya su mandato.

Sería ingenuo pensar que la sociedad mexicana será pasiva e inmune a lo que está sucediendo en estos países del continente. Por ello, el Presidente Peña Nieto debe impedir a toda costa, en lo que resta de su sexenio, que la ambición económica y/o política de sus colaboradores cercanos acabe por socavar irremediablemente su imagen y su legado.

Enrique Peña Nieto debe impulsar que en el conjunto de leyes generales y secundarias, incluidas las de adquisiciones y obras públicas, que forman parte del Sistema Nacional Anticorrupción, imperen las licitaciones públicas imparciales e internacionales y lo mejor de las prácticas internacionales en combate a la corrupción, transparencia y rendición de cuentas.

De Peña Nieto y únicamente de él dependerá la forma en que será recordado: a) por tolerar la corrupción e impunidad, o b) por ser el Presidente que logró imponerse y transformar positivamente y “de forma imparable” a México como una Nación próspera y boyante; donde la impunidad se termine, la corrupción sea la excepción y, de presentarse un caso, inexorablemente se castigue.

 

* José Octavio López Presa es consejero en @causaencomun. Fue Comisionado Fundador del IFAI (ahora INAI). Primer Director de Transparencia Mexicana. Subsecretario de Contraloría y Atención Ciudadana y primer Jefe de la Unidad de Desarrollo Administrativo en SECODAM (ahora Secretaría de la Función Pública). Primer Director de PROCAMPO. Coordinador del Libro “Corrupción y Cambio”, Fondo de Cultura Económica 1998. Y autor del Ensayo “La Rendición de Cuentas en la Política Social”, Auditoría Superior de la Federación 2002.

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