Asalto a La Bastilla - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El blog de DHP*
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
DHP* nace a partir de un estado de ánimo, una sensación de hartazgo, de cansancio y frustració... DHP* nace a partir de un estado de ánimo, una sensación de hartazgo, de cansancio y frustración. El objetivo es convertirlo en una actitud positiva hacia la vida. Nuestra misión es construir un movimiento social que nos responsabilice y organice como ciudadanos, con el poder individual y colectivo para transformarnos los unos a otros y desde el interior de nosotros mismos, en una sociedad más feliz que trabaja cada día por un país más justo. (Leer más)
Asalto a La Bastilla
La toma de tribuna magnifica las discusiones y las orilla y orienta a un espacio anémico, en donde aquel que la toma lo hace para acallar a su contrario y mostrarse víctima de algún tinglado o maquinación invisible. En México se ha vuelto un esquema táctico que solamente le deja dividendos mediáticos al portador del estandarte del fraude, la reforma o la ley atacada.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
24 de junio, 2014
Comparte

Por: Guillermo Fajardo (@bosh_89)

La más famosa es, quizá, aquella de Felipe Calderón: la tribuna, totalmente tomada, parecía extenderse en una masa considerable, compacta y abigarrada de cuerpos, voces y tumulto: un gatuperio concebido para la posteridad, en la cual se recordaría aquella toma de tribuna como una pugna, no solamente política, sino también física, de dos clamores contrapuestos. Por un lado, el fraude que la izquierda aseguraba que había sucedido en aquella elección penetró al entorno y se enquistó, a galope, en las mentes de los electores. Por otro lado, el PAN y el PRI defendieron la tribuna con barricadas en un acto que deslustró la máquina legislativa y la condenó a un espacio imantado de rencores y polarización que aún hoy día persiste. La toma de tribuna de ese 1ero de diciembre de 2006 fue el inicio de una asonada compartida que retumbó en todo el país hasta ensordecerlo: el asalto al estrado convierte a los políticos en provocadores públicos. Es el escenario perfecto para el derroche mediático.

La toma de tribuna magnifica las discusiones y las orilla y orienta a un espacio anémico, en donde aquel que la toma lo hace para acallar a su contrario y mostrarse víctima de algún tinglado o maquinación invisible. En México se ha vuelto un esquema táctico que solamente le deja dividendos mediáticos al portador del estandarte del fraude, la reforma o la ley atacada. Quien toma la tribuna lo hace en un doble carácter, paradójicamente contradictorio: es víctima de las mayorías pero, irónicamente, con la fuerza suficiente para tomar el escenario principal del Poder Legislativo. Es un acto simbólico que busca atraer atenciones para desatender lo que importa: la votación. La toma de tribuna le confiere a la política el lado salvaje de la negociación expresada en secuestro, pues estamos ante un símbolo negativo de salivazos, pero positivo de combate político en torno a ciertas ideas.

Es decir, la toma de tribuna es la energía desbordada por la defensa de un ideal. La toma de tribuna es un estado de conciencia, fiesta, depravación, algarabía, tumulto y encuentro. La toma de tribuna es el rescate de un proyecto castrado, siempre a medias, inacabado, vuelto a empezar: se piensa que secuestrando los micrófonos ciertos planes se pueden volver realidad.

Síntoma del payaso, envoltura del cínico, revólver del rijoso, la toma de tribuna es un espectáculo que busca domesticar los empaques macizos de las mayorías y proporcionarle al secuestrador un momento de gloria. Se trata de una actividad que compra tiempo, que no viste bien y que contribuye a orlar a los medios de comunicación en horario preferencial, para así hacer una crónica del desastre legislativo de algunos, que buscan hacer de la toma de tribuna una gesta de salvación democrática. Casi siempre es la izquierda: parece que el descontrol de los partidos de ese lado del espectro los ha llevado a una tormenta política constante, atrabiliaria y con una dosis histriónica lo suficientemente desarrollada como para actuar en distintos planos, con distintos registros y bajo condiciones de presión extrema.

La toma de tribuna es un ejercicio de narcisistas pero también de animadores. Es apoderarse del lente público para demostrar fortalezas privadas. Aquella vez, la más famosa, el espectáculo llegó a tener síntomas violentos: volaron sillas, hubo jaloneos y hasta golpes. Cuando Vicente Fox entró junto a Felipe Calderón a la Cámara y comenzó la toma de protesta, el ex presidente dejó la banda presidencial para aplaudirle a su sucesor. Ese instante, tan corto, tan insignificante, pudo haberse convertido en un escenario para la historia de México: algunos temieron que alguien agarrara la banda presidencial y corriera con ella. Entonces la toma de tribuna también puede significar un modo primitivo de fiesta o hasta de sinsabor y tormento para otros.

Hay quienes, aun así, defienden este fenómeno como si se tratase de una institución: en este artículo John Ackerman aclara que la toma de tribuna no es, de ningún modo, un secuestro, sino una demostración de la anormalidad política que existe en el país, una manera de demostrar que los impíos siguen reproduciéndose, que la camarilla de pillos deja rastros reconocibles: vender al país, extraer las limosnas de la clase media, perpetuar la estirpe política, aneblar a la nación. Los grandes temas, pues.

Hace unos días Javier Orihuela, diputado del PRD, amenazó con tomar la tribuna durante la discusión de la reforma energética. Aun así, reconoció, “…que eso no es efectivo”: las razones del encanto por asaltar el estrado principal son puramente teatrales, dejando a un lado las acciones efectivas para sacar adelante determinados temas.

Aquella vez, probablemente la más famosa, el único remanso de paz que hubo fue cuando se entonó el himno nacional.

Después, otra vez los cañones.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.

close
Información verificada del COVID-19 #CoronavirusFacts