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El periodismo tipo “Tv Notas” de Carmen Aristegui
Quienes oíamos cada mañana a Carmen Aristegui no considerábamos que tuviera el monopolio de la verdad, tampoco pensábamos que su periodismo fuera infalible y, mucho menos, que sus opiniones personales eran inequívocas. El éxito de su programa no era producto de la ingenuidad de unos radioescuchas poco ilustrados, sino de su capacidad para visibilizar una agenda informativa absolutamente ignorada por los demás medios electrónicos.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
26 de marzo, 2015
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Por: Ricardo Bernal (@FPMagonista)

La frase que da título a este texto no es nuestra, fue leída por accidente en una de las múltiples conversaciones que abarrotan las redes sociales. “Yo creo que Carmensita -decía un académico en tono despectivo- encontrará nueva chamba muy, muy pronto, pues su periodismo tipo tv notas vende muy bien”. Semejante afirmación carecería por completo de relevancia si no fuera porque refleja de manera nítida el pensamiento de uno de los sectores más reaccionarios del país. Este mismo año Carlos Marín, director del periódico Milenio, ninguneó la investigación sobre la Casa Blanca de Angélica Rivera afirmando que el trabajo de Aristegui no podía siquiera considerarse periodístico.

El calificativo de reaccionario no es una mera ocurrencia. Los acalorados debates en torno al caso Aristegui han puesto sobre la mesa la conflictiva relación entre el derecho a la información y el régimen de propiedad de los medios de comunicación, así como las fricciones existentes entre la libertad de expresión y la libertad empresarial. En esa disputa hay quienes consideran que MVS tiene pleno derecho de rescindir el contrato de la periodista más exitosa de la radio por un problema administrativo menor; asimismo hay quienes defienden que la libertad empresarial tiene prioridad sobre los derechos de las audiencias, e incluso, hay quienes sostienen que no existe evidencia para atribuir el despido a otra cosa que un conflicto entre particulares. A pesar de que diferimos radicalmente de estas posturas, es preciso reconocer que al menos plantean la discusión en un espacio en el que los argumentos jurídicos y periodísticos tienen la máxima relevancia.

Sucede lo contrario con la “hipótesis Tv Notas”. Lo que una afirmación de ese tipo quiere decir es que el programa de radio más escuchado en el país tiene semejante éxito porque existen unos radioescuchas ingenuos e ignorantes dispuestos a conformarse con información basura. Así, según esta perspectiva, la audiencia de Aristegui se conformaría con los “chismes” que ella difunde mañana con mañana porque es incapaz de distinguir el verdadero periodismo del periodismo tipo “Tv Notas” que ella “vende”…

En ese sentido, los ciudadanos que protestan por la salida de la comunicadora ni siquiera lo harían con el fin de defender una concepción debatible del derecho a la información, sino porque habrían sido despojados de un espacio radiofónico que no hacia otra cosa sino confirmar sus eternas suspicacias sin ningún halo de rigor. Esta versión de los hechos, difundida ampliamente en ciertos sectores desvinculados totalmente de las vicisitudes del periodismo real, es la más preocupante de todas, pues asume la inferioridad intelectual de un enorme conjunto de personas y reproduce una visión maniquea de la complejísima labor periodística, máxime en un país como el nuestro donde la violencia, la corrupción, la falta de transparencia y los acuerdos político-empresariales, multiplican los riesgos de quienes la ejercen.

Quienes oíamos cada mañana a Carmen Aristegui no considerábamos que tuviera el monopolio de la verdad, tampoco pensábamos que su periodismo fuera infalible y, mucho menos, que sus opiniones personales eran inequívocas. El impactante éxito de su programa no era producto de la ingenuidad de unos radioescuchas poco ilustrados, sino de su capacidad para visibilizar una agenda informativa absolutamente ignorada por los demás medios electrónicos.

Con todos los claroscuros de su trabajo periodístico, este simple hecho hace de su despido un aspecto preocupante para el sano desarrollo de la democracia nacional; cualquier persona que conozca mínimamente la oferta comunicativa en México sabe que no existe ningún medio con semejante alcance dispuesto a retomar esa agenda.

 

* Ricardo Bernal es Profesor de Filosofía Social

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