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Por Dejemos de Hacernos Pendejos
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¿Gobierno Abierto? Ciudad Abierta
Un gobierno no podrá ser más abierto e innovador, se verá incapacitado para desarrollar políticas públicas inteligentes, y desaprovechará esquemas de participación y de transparencia proactiva si nosotros como sociedad civil, activistas o empresarios no somos también más abiertos.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
4 de marzo, 2015
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Por: Diego Cuesy Edgar (@diegoemilio21)

Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos camina acompañado”.

Proverbio Africano

 

Es peligroso que los ciudadanos colaboren con el gobierno para que éste haga mejor su trabajo. Hace una semana escuché que un mando alto del gobierno habló de peligro al plantearle la posibilidad de que ciudadanos reportaran el desempeño de un servicio. Esta semana un joven entusiasta, colaborador en una reconocida organización de sociedad civil, me dijo lo mismo. Para él es peligroso – y estúpido – proponer que el gobierno utilice esquemas de crowdsourcing. Además de hablar del enorme reto de construir un gobierno más abierto, es imperativo comenzar a reflexionar sobre lo que implica la apertura en todos los agentes que hacemos y vivimos en la Ciudad de México. Para explicar por qué, comparto estas historias de la ciudad, con personajes reales cuyos nombres he modificado.

Horacio Ramírez es propietario de un restaurante concurrido por gente de su colonia, una fonda que acepta tarjeta de crédito y tiene precios accesibles. Cuando intentó poner un tambo de su agua residual en la banqueta, para que los que riegan los camellones del área pudieran aprovecharla, le “cayó el gobierno” con una multa por no tener permiso. Él asegura que podría movilizar a otros restauranteros de la zona para aprovechar su agua residual, pero con la incertidumbre de los permisos y firmas de la delegación, ha desistido. El señor Ramírez también intentó juntar a pequeños empresarios de la zona para proponer un modelo colectivo para cumplir con las prestaciones a empleados, evitando papeleo individual y disminuyendo costos; sin embargo, nunca existió espacio para presentar la propuesta a los tomadores de decisión en el gobierno. Asegura que la agrupación empresarial a la que pertenece tampoco le interesó generar estos espacios para contrastar ideas y ponerlas a prueba.

Desde sus 16 años Bernarda Pérez, ahora de 60, es un eslabón en la cadena del reciclaje de la colonia donde vive. Gracias a los arreglos informales que tiene con algunos negocios de la zona para separar su cartón y botellas, puede obtener suficientes ingresos para la semana. Contenta y alegre, la señora Pérez siempre pide a Dios la bendición del pasante al que saluda, a menos que tenga pinta de provenir de la delegación. Su mayor temor es que, como ocurre constantemente, alguna autoridad llegue y debido a la ausencia de normas que la incluyen, se le pongan barreras para continuar con su labor separando basura. Al contarle sobre el trabajo de organizaciones de la sociedad civil dedicadas a promover precisamente lo que ella ha hecho por décadas, se le percibe incrédula; ella conoce bien a los pepenadores de la zona, a los negocios que producen la basura, y nadie le ha hablado de estas organizaciones.

Cuando Lalo Lazcano terminó su Maestría en Políticas Públicas y Desarrollo obtuvo un puesto de subdirector en una Secretaría del Gobierno Federal. El interés genuino que él tiene desde joven activista en la participación ciudadana y los derechos humanos no valió para nada cuando, en una mesa de trabajo con actores de sociedad civil, le tacharon de priista corrupto. Lalo asegura que uno de los representantes de la sociedad civil que integra esa mesa tiene un interés económico personal que ha dificultado el proceso de toma de decisiones; lo sabe porque muchos ciudadanos de la comunidad, con quien tiene una buena comunicación, se lo han confiado en repetidas ocasiones. Además, Lalo cuenta que sintió una actitud de patronazgo y condescendencia: “vienen a querer enseñarnos, pero si yo les quiero enseñar el marco legal bajo el cual trabajamos, son oídos sordos”. Por último, Lalo concluye precisando que hay una brecha intergeneracional importante en los servidores públicos, “cuando destapas un cagadero de generaciones anteriores que lo hacen por intereses, y te acercas a sociedad civil, te culpan de ese cagadero , en vez de tener disposición de conocernos como personas y darnos el beneficio de la duda al colaborar”.

Un grupo de jóvenes tanto de gobierno como de sociedad civil, progresistas de ideología, algunos con vocación activista y otros política, se sentaron a comer juntos en una mesa durante un evento de ciudadanía. En esta mesa también se sentaron dos señoras de mayor edad, ellas no tenían ropa formal como estos jóvenes y formaban parte de colectivos ciudadanos de base -pertenecían a otro estrato social. Durante la comida se evidenció esta profunda diferencia cuando, después de casi 20 minutos de conversación entre los jóvenes, una de las señoras intentó integrarse con entusiasmo. De inmediato se notó cierta incomodidad y hubo un intercambio de miradas de “what the fuck”. Con contestaciones forzadas, ninguno procuró aprender qué había en esa persona que hacía que compartiera la comida con ellos. Al final ella se despidió con reflexiones religiosas y un “qué guapos se ven, les deseo mucho éxito”.

La apertura se refiere a la actitud o tendencia de aceptar nuevas ideas, métodos y cambios, a través de la práctica de la prueba y el error, con el objetivo de establecer un mejoramiento continuo. Por lo tanto, ser abierto es esencial para innovar. Álvaro Ramírez-Alujas, investigador y promotor del gobierno abierto, asocia la apertura con el valor de la humildad en la búsqueda de nuevas formas relacionales. Humildad de reconocernos como portadores de prejuicios hacia el otro, de reconocer que nuestros conocimientos son limitados, que nuestras buenas intenciones no son suficientes y que todo lo que hacemos es perfectible.

Un gobierno no podrá ser más abierto e innovador, se verá incapacitado para desarrollar políticas públicas inteligentes, y desaprovechará esquemas de participación y de transparencia proactiva si nosotros como sociedad civil, activistas o empresarios no somos también más abiertos. Para el gobierno la apertura debe ser una obligación, para el resto debe ser además un imperativo estratégico. Sólo así podremos coordinar esfuerzos eficientemente y aprovechar el talento de toda la ciudad para descubrir soluciones creativas que eleven la calidad de vida. Al final, el único peligro es aprender.

 

@DHPMexico

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