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La defensa de Chong
Los nombramientos de Humberto Roque Villanueva y Arturo Escobar, basados en ningún mérito, son dogmáticos y sectarios: ambos personajes pertenecen a esa parte de la política de la que nadie está orgulloso. La mitad de los privilegios, la mitad que viola la ley, la mitad que se protege.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
17 de septiembre, 2015
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Por: Guillermo Fajardo

Que el poder defienda lo que no ha sucedido es una instantánea más de su fracaso. La interlocución con los ciudadanos está rota: el signo más obvio de que a este gobierno es imposible creerle es la defensa primeriza de Miguel Angel Osorio Chong ante los nombramientos de Humberto Roque Villanueva y Arturo Escobar: éste último, por cierto, miembro del partido que viola la ley una y otra vez porque puede y quiere. La política mexicana y sus enfrentamientos no son tales: sin una oposición seria y sin un gobierno responsable es normal proferir los hartazgos aun cuando las desgracias no han ocurrido: la liturgia y los ritos del PRI no han cambiado. Sigue siendo el partido de la ornamentación popular, que vigila sus cotos como si fueran de oro, que sigue en el juego de los grandes eventos públicos, exprimiendo el jugo de los galardones (posiciones públicas) que se siguen repartiendo graciosamente entre ellos.

Esos compromisos del Presidente hablan de un político al que le gusta saltar en la hoguera. Por supuesto, el secretario de Gobernación, presto al control de daños, sale a decirnos que primero esperemos los resultados de las gestiones de estos dos funcionarios antes de saltar a la crítica. La política de la contención, de las celosías secretas, de los contubernios con traje y corbata, de los méritos que no son tales: solamente así se entiende que siga sin ocurrir nada con Raúl Cremoux en Canal 22; que se nombre a Arturo Escobar, del partido de los impunes, como subsecretario; que Rafael Pacchiano Alamán, esposo de Alejandra Lagunes Soto -Coordinadora Digital Nacional de la Oficina de la Presidencia- haya sido nombrado Secretario de la SEMARNAT; que Gerardo Ruiz Esparza siga como Secretario de Comunicaciones y Transportes; que Juan Armando Hinojosa Cantú esté sentado aplaudiendo en el informe presidencial.

Que el poder busque su reproducción y su mimesis es perfectamente normal, que lo haga en condiciones de tráfico de influencias, corrupción e ineficacia gubernamental no lo es tanto. Un poder de irresponsabilidades en el que los funcionarios no pueden ser ejemplos de probidad ni de sanciones significativas porque cada uno es espejo del otro, empezando por el Presidente y los gases eméticos que emana.

De lo que no se da cuenta Osorio Chong es que estos nombramientos, basados en ningún mérito, son dogmáticos y sectarios: ambos personajes pertenecen a esa parte de la política de la que nadie está orgulloso: la mitad de los privilegios, la mitad que viola la ley, la mitad que se protege. De lo que no se da cuenta Osorio Chong es que este priismo es el de los dilemas, el de las disculpas que nadie cree, el que se decía renovador y resultó impuro. Es normal que este tipo de actos caigan en oídos sordos. Es normal que la disculpa del Presidente no sea escuchada y mucho menos creída.

No todo está mal: fue el PRI en la Cámara de Diputados el que reconoce que los susurros y las disculpas no bastan. El que la bancada priista haya decidido renunciar a ciertas prestaciones es un gesto que no por minúsculo deja de ser significativo. Lo que le urge al gobierno federal para recuperar la confianza ciudadana son esos ademanes que el poder que proviene del Ejecutivo apenas echó para adelante: cancelar la cena del 15 de septiembre es uno de esos gestos que el gobierno necesita repetir.

A pesar de esto, lo cierto es que siguen estancados por sus crisis de enanismos. Enrique Peña Nieto y su gabinete representan el gobierno de la opulencia política, del derroche mediático, de los guiños, de las promesas estériles de cambio y ahora también de lo insonoro, pues se impone la pregunta de si escucharlos cuando prometen no es automáticamente un acto de nostalgia política.

Mientras tanto, a uno lo deja helado la encuesta que realizó El Universal, en la que se le preguntó a los encuestados que reconsideraran el voto que hicieron en 2012. Enrique Peña Nieto ganaría otra vez.

Quizá la culpa, después de todo, no sea del gobierno federal.

 

@DHPMexico

 

 

Revisado el 9/13/2015.

Revisado el 9/13/2015.

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