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Por Dejemos de Hacernos Pendejos
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La faz serena
La flexibilización del Hoy No Circula a los tianguistas, recientemente confirmada por la Secretaría de Medio Ambiente local, Tania Müller, es la expresión de un Gobierno que parece negociar al margen de los ciudadanos, refocilándose, en su candidez, por los logros obtenidos: ¡Hoy no habrá bloqueos!
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
10 de julio, 2014
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Por: Guillermo Fajardo (@bosh_89)

Escribió Azorín un manual acerca del político ideal cuya atmósfera reúne consejos, a veces basados en experiencias históricas, y que más que Biblia, habría que leerlo como un manual de finezas y cortesías. La política debía de ser, más que arrojo invencible, serenidad puesta a prueba. La política como juego de máscaras impávidas, mármol en el temple, un termómetro de conservadurismo.

Este libro, publicado recientemente por el Fondo de Cultura Económica, viene a cuento debido a que Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, parece ser un fiel seguidor de la filosofía de Azorín. El perredista parece vivir en un mundo sin ruido en donde la única presencia es el sonido de su voz, las explicaciones –casi como un reportero- frente a las cámaras son su mejor arma y el desvanecimiento de su relación frente al poder ha erosionado su capital político frente a la ciudadanía. El muro de piedra que es el Jefe de Gobierno puede ubicarse en su inactividad a la hora de ver cómo las calles de la ciudad son tomadas a diestra y siniestra. Esto es un problema heredado que, más que quitarle la impasibilidad, parece haber resuelto con una resignación nerviosa y una figura apagada.

En El político, Azorín escribe que a quien ejerza esta profesión nada debe de perturbarlo “…él permanezca en todo momento sin mover un músculo de la cara, sin dar la más leve señal de irritación, de impaciencia, de enojo”. Miguel Ángel Mancera sigue fiel este mandamiento: no parece turbado, insultado y ni siquiera intrigado en la maraña de los porqués los manifestantes, rato a rato, paralizan la ciudad con el veneno impasible y la casi complicidad –porque parece que no les queda de otra- de las autoridades. Eminente e ilustre, el Jefe de Gobierno reparte sonrisas sin el menor asomo de duda o complejo.

Sigue Azorín: “…La indecisión, la perplejidad, no se deben ofrecer al público; un público que tiene confianza en un hombre, que le está observando (…) un público que ve esto duda también del hombre a quien contempla”. Miguel Ángel Mancera nada en las calmas aguas del no sé qué, rodeado de tiburones que parecen preguntas y de mansas olas que lo aterrorizan. La flexibilización del Hoy No Circula a los tianguistas, recientemente confirmada por la Secretaría de Medio Ambiente local, Tania Müller, es la expresión de un Gobierno que parece negociar al margen de los ciudadanos, refocilándose, en su candidez, por los logros obtenidos: ¡Hoy no habrá bloqueos!

El problema aquí es de comunicación: la interlocución política entre Gobierno y gobernantes es nula, no solamente porque las pifias del primer han desencantado –tiempo ha- a los segundos, sino porque la representación electoral dada a Mancera parece ser un regalo del cielo y no una obligación democrática. El Jefe de Gobierno vela por los intereses de quien puede doblarle la mano, duplicar las apuestas, amenazar con más verbos. El asedio a la ciudad, en lugar de constituir la urgencia por enderezar nuestras costumbres, nos lleva a formar nuevos canales de comunicación del que se excluyen a la mayoría de los ciudadanos. Los tianguistas ya obtuvieron su tajada, ¿quién más va a formarse afuera de la oficina del Jefe de Gobierno?

Para rematar, Azorín –vaya sorpresa-: “Se ha dicho que no es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe enmendar”. Una y otra vez el perredista ha permitido que la asfixia sea la pancarta de su relación con la ciudadanía. Lo que nos dice este caso específico no es que hay un mal grupo de ciudadanos que nos bloqueen las calles sino que existe una camarilla débil de políticos que lo permiten. Y no se trata de acallar a quien tiene algo que decir sino hacerlos hablar por las vías adecuadas. No su silencio sino su conservación repartida entre todos.

Los canales de comunicación ciudadanos, al igual que nuestro sistema de drenaje actual, están obstruidos. Mancera y su Gobierno no han querido, no han podido, no han sabido estructurar el cúmulo de demandas ciudadanas y canalizarlas por las zanjas que corresponden: la política de Mancera es arreglarlo todo con palabras y adunar con sonajas a los manifestantes, como si su exposición fuese a colmarle la paciencia a la ciudadanía contra ellos.

Lo que no se da cuenta es que su marasmo contribuyó a formar la cloaca en la que estamos parados. La comunicación democrática con nuestros representantes no existe porque las vías de acceso para hablar con el poder parecen poco viables para que merezcamos su atención. También es nuestra culpa: hacerles saber a los gobernantes que la fiesta no está solo de su lado, es un derecho que no hemos ejercido porque la democracia parece más bien –al menos en esta ciudad- un sistema de abusos y sagacidades compartidas. Aquí no hay democracia: es pura telenovela.

Mancera llegó al poder con el orgullo de los amarillos por perpetuarse en el feudo una vez más. Quitar al PRD del Gobierno de la ciudad implicaría desanudar pactos antiquísimos, perpetuados y encadenados al suelo.

En democracia llega, aunque usted no lo crea, la hora de votar.

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