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Las verdades incómodas de México
Contrario a lo que el gobierno se empeña en afirmar, en tiempos recientes México ha visto escenas que bien podrían calificarse de terror. Baste señalar los episodios de Tlatlaya y Ayotzinapa, las fosas clandestinas descubiertas en Guerrero, el asesinato de periodistas en Veracruz y la constante represión de las muestras de disenso a lo largo del país, como ocurrió el 20 de noviembre de 2014 en la Ciudad de México y el pasado 24 de febrero en Acapulco.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
27 de febrero, 2015
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Por: Erik E. Gutiérrez Muñoz (@MausterChief)

El Papa Francisco se sumó a las personalidades, jefes de Estado e instituciones cuyos comentarios o informes han incomodado lo suficiente al gobierno federal como para requerir respuestas institucionales, y cuya lista incluye al Parlamento Europeo (octubre de 2014 y febrero de 2015), al presidente de Uruguay José Mújica (noviembre de 2014) y al Comité sobre Desapariciones Forzadas de la ONU (febrero de 2015).

A decir de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el pontífice causó “tristeza y preocupación” a México debido a las opiniones vertidas en una carta privada a Gustavo Vera —amigo personal del Papa y miembro de la organización “La Alameda”— en la cual expresó el deseo de que se evite la “mexicanización” de Argentina y donde, además, consideraba que la situación actual en nuestro país “es de terror”. Dichas opiniones valieron que la Cancillería anunciara el inédito envío de una nota diplomática al Vaticano.

El uso del término “mexicanización” parece haber causado escozor a las autoridades mexicanas debido a que éste remite al de “colombianización” que, para desvelo de la administración de Felipe Calderón, tanto rondó los espacios de opinión durante los años de 2010 y 2011. Colombianizarse implica sumirse en un vórtice de violencia e ingobernabilidad similar al que afectó a esa nación en el marco de su propia lucha contra el narcotráfico, principalmente durante las décadas de 1980 y 1990. Si se equiparan términos y significados, la mexicanización implicaría también, de forma tácita, que el tan afamado Mexican Moment no fue sino un mero espejismo. Esto significaría un fortísimo golpe adicional a la de por sí deteriorada imagen que la administración federal proyecta al exterior.

Por el otro lado, cuando el Papa Francisco califica como “de terror” a la situación que se vive en el país, pone en entredicho el escenario que el gobierno federal ha intentado construir a fuerza de la repetición del mantra: “la seguridad en México está mejor hoy que hace 10 años”. Hay tanta certeza en torno a dicha entelequia, que este mes incluso se anunció un recorte del 26% al presupuesto del Programa Nacional para la Prevención del Delito.

La realidad es que en tiempos recientes México ha visto escenas que bien podrían calificarse de ese modo. Baste señalar los episodios de Tlatlaya y Ayotzinapa, las fosas clandestinas descubiertas en Guerrero, el asesinato de periodistas en Veracruz y la constante represión de las muestras de disenso a lo largo del país, como ocurrió el 20 de noviembre de 2014 en la Ciudad de México y el pasado 24 de febrero en Acapulco.

Precisamente el último capítulo que se añade a estas historias es la muerte de Claudio Castillo Peña, maestro jubilado, quien de acuerdo con miembros de la CETEG falleció el día 25 de febrero a causa de un traumatismo craneoencefálico generado por los golpes que le infligieran miembros de la Policía Federal. Por su parte, el gobierno federal señaló que la muerte de Catillo Peña se debió a un “aplastamiento“. Dicha declaración pareciera telegrafiar la construcción de una nueva “verdad histórica”, de acuerdo con la cual el maestro habría muerto atropellado por el camión que miembros de la CETEG lanzaron en contra de la Policía Federal o bien, apisonado por los mismos manifestantes que pretendían escapar del lugar. Bajo ese supuesto, se libraría de toda culpa a cualquier autoridad o agente del gobierno.

No importa cuántas notas diplomáticas se envíen, cuántos embajadores se llamen a cuentas, cuántas veces se invite a la ONU a revisar la situación de México ni cuántas “verdades históricas” se pretendan difundir; mientras la percepción de la violencia siga siendo la misma para la sociedad y en tanto que la realidad no cuadre con aquel mundo fantástico construido desde el discurso gubernamental, la administración federal seguirá viéndose forzada a exigir disculpas una y otra vez a quien (d)enuncie públicamente esas verdades incómodas.

 

@DHPMexico

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