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Los municipios de la Cruzada: qué tipo de hambre priorizamos
La selección de los 400 municipios de la Cruzada Nacional contra el Hambre muestra una focalización más o menos coherente con las recomendaciones técnicas del CONEVAL. Para municipios con más población y proporción de pobreza, el programa incluye en general a quienes debería. Sin embargo, los municipios menos poblados (menos de 400-500 personas) pero con muy altas proporciones de pobreza extrema y carencia alimentaria fueron castigados.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
19 de agosto, 2013
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Por: Alex Ruiz Euler

El gobierno federal desató recientemente una polémica por la selección de 400 municipios para la fase inicial del programa Cruzada Nacional Contra el Hambre, cuestionándose el uso electoral de esta política pública. El programa está orientado a las personas que viven en condiciones de pobreza multidimensional extrema y que presentan carencia alimentaria. A continuación se presenta un análisis sencillo de los municipios incluidos, que busca complementar otros análisis que se han realizado sobre la Cruzada.

En principio, la selección de los 400 municipios recoge recomendaciones del CONEVAL para enfocar el combate a la pobreza con un criterio doble. Por un lado, es necesario atender la pobreza rural en municipios pequeños y con población dispersa en los que se concentra una alta proporción de pobreza extrema y alimentaria. Por otro lado, es necesario incluir también a la población en localidades urbanas donde predomina el número absoluto de personas en condiciones de pobreza extrema y alimentaria, aunque su proporción sea relativamente pequeña.

Este criterio es correcto pero esencialmente ambiguo porque no hay una sola forma de seguirlo. Se puede priorizar más a los lugares con más proporción, o a los lugares con más población, o una mezcla de ambas.  Es probable que en el criterio de selección se incluyeron factores legítimos como costos de operación y su relación con el número bruto de beneficiados. Sin embargo, no se ha planteado el problema más amplio de cómo la Cruzada atiende estas ambigüedades en las recomendaciones del CONEVAL, para de ahí desprender criterios de selección claros contra el hambre urbana y rural.

La siguiente gráfica muestra la pobreza extrema y carencia alimentaria para los 2456 municipios en cada una de las dos dimensiones que recomendó el CONEVAL: la proporción de habitantes (eje vertical) y la población en bruto que representa dicha proporción (eje horizontal). Los puntos grises de la gráfica corresponden a los municipios que no fueron incluidos en el programa, mientras que los puntos en rojo representan aquéllos que sí fueron incluidos. Los municipios en entidades con elecciones en 2013 incluidos en el programa están marcados con triángulos rojos.

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La asignación del programa muestra una focalización más o menos coherente con las recomendaciones técnicas del CONEVAL. Para municipios con más población y proporción de pobreza (esquina superior derecha) la gráfica sugiere que el programa incluye en general a quienes debería, lo cuál ha sido ya afirmado anteriormente aquí y aquí. Sin embargo, los municipios menos poblados (menos de 400-500 personas) pero con muy altas proporciones de pobreza extrema y carencia alimentaria (esquina superior izquierda) fueron castigados en la asignación del programa.

Estos municipios son los perdidos en las sierras y los valles, con altos grados de desnutrición infantil y adulta pero con poco valor electoral por su baja población, que son excluidos si el criterio implícito es maximizar el número de atendidos. Suena razonable, pero no es necesariamente correcto. Es posible que la desnutrición rural aguda esté más ligada a los ciclos intergeneracionales de pobreza que la desnutrición urbana, debido a la baja oferta de bienes y servicios que vemos típicamente en los poblados muy pequeños. Una política contra el hambre bien focalizada haría también de estos municipios una prioridad.

En este sentido, un algoritmo de clasificación expost (como el interesante ejercicio de Javier Márquez) refleja adecuadamente el criterio oficial para la selección de los 400 municipios en el que la presencia de más población necesitada (en números absolutos y relativos) aumenta la probabilidad de inclusión. El problema que estoy tratando de remarcar aquí es que este criterio asume, en lugar de explicar, por qué una política de atención al hambre en México debe excluir a los municipios menos poblados, que parece ser el caso con la Cruzada.

En cierto sentido, el debate interesante sobre la parte estadística ha obviado preguntas más fundamentales: ¿cuál va a ser el criterio de la Cruzada para atender el hambre? ¿Cuál es exactamente la relación de la Cruzada con el ya existente Programa de Apoyo Alimentario? Por otro lado ¿queremos sacrificar la desnutrición agudísima en lugares muy despoblados en beneficio de lugares más poblados?  ¿A quién beneficia este sacrificio? La baja confianza ciudadana en los partidos políticos genera naturalmente sospechas de uso clientelar del programa.

En conclusión, la sencilla gráfica sugiere un sesgo en contra de los municipios más despoblados del país, con mucha población en pobreza extrema y alimentaria pero menores a 400-500 personas, que están siendo castigados en la asignación del programa. La pertinencia de este criterio yace fuera del ámbito estadístico. La discusión fundamental sobre qué tipo de hambre priorizar, y por qué, nunca se tuvo para la Cruzada. Generar las condiciones para esta discusión es obligación de SEDESOL. Al menos, eso dice el artículo 43 de la ley relevante.

 

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