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Por Dejemos de Hacernos Pendejos
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Nuestra verde democracia
Más de un habitante del Distrito Federal se ha sentido como en una pesadilla al caminar entre las calles y verse acorralado una y otra vez por la propaganda del Partido Verde. Cuanto más se quiere huir de ella, más se hace presente en nuestras vidas bajo formas y en lugares insospechados.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
26 de febrero, 2015
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Por: Ricardo Bernal (@FPMagonista)

Hay una inquietante escena en la película Fresas Salvajes, de Ingman Bergman, que ha cautivado a más de un cinéfilo. Se trata del sueño del anciano Isak Borg antes de iniciar el viaje hacia la Universidad de Lund donde le otorgaran un doctorado honoris causa. La pesadilla del anciano comienza cuando éste se pierde en calles desconocidas y encuentra a un hombre con el rostro deforme, en seguida un coche fúnebre se estrella con un poste de luz y Borg ve el contenido de la carroza: él mismo es quien es transportado por ese extraño vehículo. La pesadilla concluye ahí, pero a lo largo del viaje es perseguido por sueños que parecen presagiar su propia muerte.

El tópico de la persecución en los sueños no es exclusivo de Bergman, aparece una y otra vez en el cine de Hollywood e incluso tiene sus antecedentes en la literatura de terror. Tal vez por eso más de un habitante del Distrito Federal se ha sentido como en una pesadilla al caminar entre las calles y verse acorralado una y otra vez por la propaganda del Partido Verde. Cuanto más se quiere huir de ella, más se hace presente en nuestras vidas bajo formas y en lugares insospechados. Hace un par de semanas los usuarios del metro quedamos sorprendidos al observar las pequeñas pantallas de los andenes y encontrar (¡Oh, triste maravilla!) la imagen de dos famosos conductores de Televisa repitiendo la machacona frase que nos ha acompañado en todas nuestras visitas al cine: “…el Partido Verde sí cumple”.

Pues resulta que el Partido Verde no ha cumplido. No sólo porque violó deliberadamente la orden emitida por el INE hace casi un mes en la que se les conminaba a suprimir sus spots de las pantallas cinematográficas, sino porque ha hecho de la omisión de la ley una práctica sistemática. Ya en 2009 el Verde Ecologista echaba mano de argucias semejantes cuando utilizaba los comerciales de la revista Vértigo en Tv Azteca como groseros instrumentos de propaganda política o cuando, so pretexto de su informe de gobierno, inundó los medios de comunicación con la imagen de Manuel “el güero” Velasco.

Lo terrible de esta situación, sin embargo, no es el claro comportamiento antidemocrático del Partido Verde Ecologista de México, ni la prepotencia que ostentan al saberse protegidos por sus buenas relaciones con la gente del dinero y el poder, sino la permisividad manifiesta de las autoridades y su incapacidad para hacer valer el marco democrático contra los privilegios de una minoría.

El 22 de octubre de ¡1789! Robespierre decía en la Asamblea Constituyente que si un hombre con “cien mil libras de renta tiene cien veces más derecho que aquel que no tiene más que mil” la ley carece de sentido. Algo parecido puede decirse de nuestra democracia, cuando las normas de un sistema político presuntamente fundado en la igualdad jurídica no son vinculantes para las minorías privilegiadas, lo que no tenemos es democracia o, en el mejor de los casos, tenemos una democracia bastante precaria.

Como en el caso de Isak Borg, nosotros nos vemos perseguidos por imágenes tortuosas y recurrentes, y, también como en el caso de Borg, el punto álgido de nuestra pesadilla se presenta cuando vemos nuestra propia imagen. Y es que detrás de esa propaganda omnipresente se encuentra el rostro de nuestra propia democracia, una democracia (nunca mejor dicho) bastante verde.

 

@DHPMexico

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