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Republicanos: el circo y sus secuaces
Las declaraciones de Donald Trump no son de ninguna manera la excepción dentro de un partido que a veces parece regodearse en lo excéntrico de sus candidatos, sus creencias o su política. La lista de posibles candidatos del Partido Republicano crece día a día; también, entonces, el festín mediático de lo bochornoso.
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
7 de julio, 2015
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Por: Guillermo Fajardo

Buscar la Presidencia de la República no depende del buen o mal momento político en que uno se encuentre sino en las posibilidades que se tiene de negociar con el candidato ganador: el poder tiene que ser compartido para que funcione y no se atasque. Solamente así se entiende que los aspirantes a ese cargo no solo lo busquen con tanto ahínco sino en grandes números: recuerde el lector los 7 precandidatos panistas a la presidencia en 2012 o los 15 republicanos que ahora la buscan en Estados Unidos para darse cuenta que el poder en una democracia es un atributo impredecible basado en estrategia, azar y pacto.

Un cargo público inevitablemente entrañará la apertura de lo privado -de lo que importa para gobernar, por supuesto- para desenmarañar las decisiones de lo público. La asociación es tan inevitable como necesaria. Se trata de una actividad que recae en periodistas y escritores, pero también en la sociedad que se aspira a gobernar. Además del escrutinio al poder, la política moderna parece haberse convertido en un amasijo de números, datos, secuencias, tablas y recuerdos. Hoy, más que nunca, el aparato mediático televisivo sirve para poner el acento -quizá demasiado- en lo que cada candidato dijo o hizo: estamos ante los albores de una política mecánica que ya no se basa en la intuición sino en la mera prevalencia de la información. Una política tecnológica que a veces parece olvidar su cualidad de arte o, al menos, de devoción palaciega, habilidad cortesana o estrategia de sobreentendidos.

Algo curioso está sucediendo en Estados Unidos y específicamente en el Partido Republicano, donde las ganas de hacer política de los precandidatos a la Presidencia a veces parece pasar por el tamiz de lo gracioso, lo irrisorio o lo sorprendente. Las declaraciones de Donald Trump no son de ninguna manera la excepción dentro de un partido que a veces parece regodearse en lo excéntrico de sus candidatos, sus creencias o su política. La lista de posibles candidatos crece día a día; también, entonces, el festín mediático de lo bochornoso.

Los republicanos deben de estar hambrientos de regresar a la Casa Blanca: sus precandidatos recorren todo el espectro político del conservadurismo americano. A veces parece, sin embargo, que la principal estrategia del partido de derecha es reclutar fobias, integrarlas a cualquier crisol y darles un aspecto siniestro. Son trampantojos de una realidad que crean a través de números, datos y episodios. Algunas dan miedo.

Por ejemplo, la encarnizada lucha contra la educación que el Gobernador republicano de Louisana, Bobby Jindal ha hecho en su estado: una peligrosa tendencia a dejar de dar dinero público a las universidades estatales parece ser la punta de lanza de un nuevo experimento democrático.

Por ejemplo, lo dicho por Rand Paul en esta entrevista respecto a que las vacunas deben de ser “voluntarias” y que él “no entendía el punto de por qué algo así podría ser controversial”. Más adelante agrega que “He conocido casos de niño que hablaban y caminaban normalmente y que después de ser vacunados terminaron con profundos desórdenes mentales”.

Por ejemplo Mike Huckabee, que en esta entrevista compara a la homosexualidad con beber alcohol, la música clásica o el ballet.

Por ejemplo Rick Santorum, que dijo en esta entrevista que “…hay gente que era homosexual y que vivió una vida de homosexuales y que ya no lo son”.

Por ejemplo Marco Rubio, que un día después de la matanza en Carolina del Sur declaró que si él es Presidente “…vamos a nombrar a jueces y vamos a tener un Procurador General que protegerá los derechos de la segunda enmienda…”

Por ejemplo el Gobernador de Wisconsin, Scott Walker, que en esta entrevista no quiso responder si creía o no en la teoría de la evolución.

Todos estos ejemplos marcan la pauta de un conservadurismo que, basado en sus números, confía demasiado en sus promesas dejando de lado la lógica de sus creencias. No es tanto una política de lo absurdo sino de lo posible: si todas estas declaraciones e ideas viven dentro de la sociedad americana es porque los votantes las favorecen o, al menos, no las atacan con bastante fuerza. Quizá algunos de estos precandidatos no creen en lo que dicen y lo hacen únicamente como método de identificación política: han elegido a un subgrupo poblacional y han actuado basados en lo que ese subgrupo cree o piensa. Esto crea una doble vía que va del votante al candidato y viceversa: el primero alimenta al segundo cada vez que contesta una encuesta respecto a cierto tema.

El conservadurismo americano vive feliz entre el lodo fácil de lo que el electorado le permite. Es una política que ambiciona a quedarse en la Casa Blanca ignorando sus peligros: de seguir por el mismo camino algunos precandidatos tendrán que apretarse demasiado entre ellos, haciendo imposible identificarlos; algunos otros tenderán a moverse más a la derecha, haciendo inevitable temerlos, y otros tenderán al centro, haciendo posible una candidatura.

Los republicanos enfrentan el peligro de una sobreexposición política que revele a las claras absolutamente todos los grupos identificados con ese partido. Incluso los más siniestros.

La derecha se debate entre la pureza ideológica o los caminos asfaltados del poder.

 

@DHPMexico

 

Scott Walker, Gobernador de Wisconsin, ha seguido en los últimos meses la misma línea que Jindal.

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