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Por Dejemos de Hacernos Pendejos
DHP* nace a partir de un estado de ánimo, una sensación de hartazgo, de cansancio y frustració... DHP* nace a partir de un estado de ánimo, una sensación de hartazgo, de cansancio y frustración. El objetivo es convertirlo en una actitud positiva hacia la vida. Nuestra misión es construir un movimiento social que nos responsabilice y organice como ciudadanos, con el poder individual y colectivo para transformarnos los unos a otros y desde el interior de nosotros mismos, en una sociedad más feliz que trabaja cada día por un país más justo. (Leer más)
Tráfico sin influencias
Por Dejemos de Hacernos Pendejos
1 de febrero, 2011
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Por: Mr.P (@mrpico)
Ya nos es normal y cotidiano vivir horas atrapados en el tráfico, colapsados en calles amenizadas por la estridente sinfonía de los cláxons y las pintorescas mentadas de madre.
¿El por qué? uno de ellos es por nuestra pendeja idea de que “tener carro nos hace civilizados y nos quita lo rurales”. Otra idea pendeja es porque cientos de miles de personas no pueden trabajar por donde viven, y otra -aún más pendeja- es porque nuestro gobierno, decide promover la manejada… haciendo segundos, terceros o cuartos pisos en vez de -o además de- proveernos de un transporte público digno, eficiente y ordenado para millones de personas.
Las instalaciones no son seguras, los camiones apestan y los choferes están a nada de entrar a un museo como “los eslabones perdidos que México encontró”. Tons, a andar todos en carro, porque incluso para andar en bici o en moto, así… hacen falta más huevos que lanas, ganas o técnicas.
Si bien es cierto que además de que las pinches calles están trazadas con un estilógrafo en el ano de sus creadores, creo que el problema va más allá de las simples ineptitudes… las historias de las calles, sus nombres, disposiciones, sentidos… de manera paranormal y esotérica se revelan ante la ciudad y sus transeúntes.
Pa empezar nos quejamos del tráfico… cuando el pedo es el tránsito. Luego -por ejemplo- “Reforma” es una de las avenidas más viejas e inreformadas de este país, Reforma está llena de flores, fotos y estatuas míticas. Reforma no cruza por “Av. Energética” ni “Hacendaria”. La Reforma de esta ciudad -para muchos- es un paseo dominical, no una necesidad de avanzar. Por otro lado “Revolución” es paralela a “Patriotismo”, cuando deberían hacer esquina… no, son paralelas, van en sentido contrario y sólo se acercan –un poquito- en nuestro íntimo “circuito interior”. “Insurgentes”, cruza todo México, de Pachuca a Cuerna (de Hidalgo a Morelos pero sin Guerrero) y es tan larga que nadie advierte donde comienza, donde termina, ni a dónde se supone debería llevarnos. “Lázaro Cárdenas”, cruza nuestro centro sin detenerse y amnésicamente termina por llamarse “niño perdido”. En “Constituyentes” todos los días se violan leyes con todo y un “Observatorio” al lado. La calle de “Independencia” tiene más baches y topes que semáforos. “División del norte”, divide realmente el sur. En la “Avenida México”, hay cada día más argentinos. Si uno cruza “Tamaulipas” no llega a la frontera. En “Rojo Gómez” todo es gris te apellides como te apellides. El periférico no va por la periferia y el viaducto ya no es vía, sólo ducto y cuando llueve.
Claro que transitar es un desmadre y la opción sería entonces tomar -lo que viene siendo básicamente- el transporte público. Pero el Metro -por ejemplo- sufre de otro confuso desmadre,  “Hidalgo” está pegado a revolución, “Zapata” esta sobre “universidad”, y aunque “Universidad” es la última salida… el título no le garantiza nada a nadie. Hay una estación “Normal” que no explica la anormalidad de las otras. Las hay de sabores, pero ya sea de “Jamaica” o “Chabacano”, las dos huelen a caca… etceterísima.
El informe vial -para los que aún no agarran el pedo- dice que, por el momento y hasta que el cuerpo aguante transitamos por un caos tan evidente que a nadie debería sorprendernos vivir en pausa. Ya que somos -nosotros mismos- los creadores de este brutal congestionamiento.
Reflejo del país; en donde todos queremos pasar primero, vivimos parados en el tránsito, andamos a vuelta de rueda, se nos truena la reversa, apretamos con fuerza la bocina para “obtener algún cambio” mentamos madres y por décadas caemos -una y otra vez- en los mismos baches, nos damos de topes, chocamos unos con otros… y nomás no podemos llegar… y vamos tarde.
En ese mismo sentido, y no en contraflujo, más nos convendría a todos como país… dejar de tocar el claxón a lo pendejo, pensar en colectivo y bajarnos a caminar.
DHP*
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