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El Blog de LEXIA
Por Lexia
En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una compre... En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una comprensión fresca y profunda de los sentimientos, motivaciones e ideas de las personas. Somos un colectivo interdisciplinario de humanistas que ha desarrollado un amplio conocimiento sobre distintos targets (niños, teens, mujeres) a lo largo y ancho de la estructura socioeconómica (base de la pirámide, clases medias, affluent), correlacionándolo con sus procesos como seres sociales (ciudadanos, audiencias y consumidores). En este espacio encontrarás información para descifrar y entender mejor las necesidades, deseos, temores y esperanzas que mueven a nuestra sociedad. Bienvenido a la mirada LEXIA. (Leer más)
De colores, brillantina y ciudadanía
Salir a las calles a protestar es un acto de empoderamiento que se vive como una experiencia altamente afectiva y política, en la que las personas se reconocen como capaces de incidir en las decisiones y el rumbo político de su país.
Por Lexia
27 de agosto, 2019
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Por: Nadia Treviño (@sedicenadieshda)

Primero fue el #MeToo acompañado de #YoTeCreo. Siguieron #VivasNosQueremos, #NiUnaMás y por último #NoNosCuidanNosViolan. Cuando las redes sociales no lograron contener la fuerza del reclamo, las mujeres mexicanas salieron con diamantina rosa, carteles morados y pañoletas verdes para visibilizar su causa y posicionarse como ciudadanas participantes del rumbo social de nuestro país.

Foto: @bwithcamera en Facebook Mujeres Organizadas de la Facultad de Psicología.

En los últimos meses, las redes sociales se convirtieron en el espacio en el que miles de mujeres han denunciado los abusos sexuales, físicos y psicológicos de los que han sido víctimas. Si estas denuncias han llevado a algunas instituciones a tomar medidas para castigar a quienes ejercieron violencia ¿Por qué llevar la protesta a las calles?

La respuesta es sencilla: porque las mujeres mexicanas han decidido apropiase de su capacidad de incidir en la dirección política y social del país y para esto es fundamental que su causa no sea solo un Trending Topic, sino que para todos los actores sociales resulte ineludible ese tema del que por tanto tiempo nos hemos resistido a hablar como sociedad. A pesar de tener más derechos que hace 100 años, en México la vida de las mujeres sigue siendo nuda vida. “La nuda vida es la vida a quien cualquiera puede dar muerte pero que es a la vez insacrificable” (Giorgio Agamben).

A lo largo de la historia de occidente grupos poblacionales como los negros, los indígenas, los miembros de la comunidad LGTBIQ, los campesinos, los estudiantes y las mujeres (entre otros) han vivido en condiciones que pueden ser catalogadas como lo que Agamben llamó nuda vida, es decir, a quienes a pesar de tener obligaciones cívicas y cumplirlas, el Estado da un trato diferenciado sin reconocer o garantizar sus derechos humanos fundamentales como la educación, la vivienda, la salud, el alimento o incluso la vida. Es precisamente este tipo de anulación y desnudamiento lo que se define como nuda vida: aquellos cuyas vidas no son consideradas como tales.

En diferentes momentos de la historia, estos grupos vulnerados han experimentado contextos críticos en los que se han dado cuenta que su condición social o humana no mejora o incluso empeora, y que de no tomar acción la evaluación que pueden hacer de su perspectiva a futuro es negativa. La acción se ha presentado en diversas formas: desde revoluciones en el caso de los campesinos, hasta el simple hecho de sentarse en un camión como acto de resistencia a la segregación negra en Estados Unidos. En todos los casos, el hecho de que estos grupos se hagan visibles al externar sus demandas en el espacio público ha sido considerado por aquellos grupos e individuos más privilegiados como aberrante, antinatural, insultante o poco adecuado; entre otros, estos han sido los adjetivos que se le han dado al movimiento feminista mexicano en las últimas semanas.

De acuerdo a cifras de organizaciones civiles (aquí hay otra), los feminicidios y violaciones en México han crecido de forma alarmante y desde la perspectiva de diversos movimientos feministas y de defensa de los derechos humanos, el gobierno no ha emprendido acciones lo suficientemente contundentes para castigar a los perpetradores, tanto externos como internos a su estructura. No es de extrañar que ante un escenario de incertidumbre, diversos colectivos de mujeres hayan tomado acción para mostrar que la violencia de género es un problema que nos afecta como sociedad y que por tanto, su resolución es para beneficio común.

A pesar del rechazo de los grupos privilegiados, para quienes se movilizan salir a las calles a protestar es un acto de empoderamiento que se vive como una experiencia altamente afectiva y política en la que las personas se reconocen como capaces de incidir en las decisiones y el rumbo político de su país. Una vez que se ha experimentado esta clase de presencia en el espacio común, es difícil que los individuos acepten volver a restringirse a lo privado.

Ahora que a través de la protesta pública se ha cumplido con el objetivo de llamar la atención de potenciales aliados y detractores, colocando la violencia de género como uno de los temas prioritarios en la agenda de medios de comunicación, sociedad civil y gobierno, las mujeres feministas mexicanas se enfrentan a diversos retos en lo que refiere al manejo de la comunicación tanto al interior como al exterior del movimiento.

Al interior, es fundamental que se reconozcan las diferencias entre los distintos grupos feministas y que se mantenga un dialogo constante que permita que lo que tienen en común pese más y sea la guía para lograr el bienestar común y dar fuerza a las acciones emprendidas hacia el exterior. Hacia el exterior del movimiento, el principal reto consiste en encontrar canales que permitan mostrar unidad y legitimarse como interlocutor obligado para todos aquellos actores sociales (aliados o adversarios) que deseen abordar temas de interés público relacionados con la perspectiva de género, sin institucionalizarse a tal punto que se pierda el foco en la lucha social dejando olvidadas las demandas de aquellos grupos feministas o no feministas que no tengan condiciones de equidad con respecto a grupos más privilegiados.

Me atrevo a pronosticar que en las próximas semanas los medios de comunicación, las redes sociales y las calles se seguirán llenando de letreros violetas, pañoletas verdes y diamantina rosa, nos encontramos en un punto coyuntural como sociedad y sólo con la participación de todos los que la integramos es posible lograr un escenario en el que la ciudadanía dicte las reglas y las condiciones de la construcción del futuro de nuestro país.

@LexiaGlobal

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