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El COVID no existe: entendiendo la propagación de rumores
El reto de salud pública que hemos enfrentado como aldea global para reducir la propagación del COVID 19 nos ha hecho enfrentarnos a una realidad: al vivir en comunidad, estamos expuestos a las decisiones de los otros miembros.
Por Cristina Salazar
23 de junio, 2020
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A través de la crisis más significativa de salud que hemos experimentado a nivel mundial, es importante observar que se han propagado narrativas en las cuales este evento “es falso” o “una exageración de la élite con fines macabros”.

Más allá de criticar a las personas que están creando, creyendo y participando en estas narrativas alternas, es un buen momento para hacer la pregunta clave: ¿cuáles son los factores que han permitido la propagación de estos elementos?

Podemos tratar de entenderlo desde la desconfianza en la clase gobernante, desde nuestras falacias cognitivas y desde una radicalización en redes sociales.

El miércoles pasado tuve que salir al banco. En mi casa hemos llevado una cuarentena muy estricta, así que al salir llevaba conmigo el kit de desinfección diseñado por mi mamá, que incluía: la mascarilla n95, guantes para evitar tocar el cajero, gel y spray desinfectante (para mis manos y el dinero, respectivamente).

Había una fila corta en el banco y pude confirmar, como lo he hecho en las escasas salidas desde marzo, que muchas personas, como yo, usaban mascarilla, mientras que otras no parecían tener ningún cuidado.

La primera reacción que tuve al verlos fue una indignación inesperada: ¡¿qué NO ven que estamos cuidándonos todos?! Pero cuando algo realmente nos mueve a una reacción emocional es importante dar un paso atrás y preguntarnos: ¿qué es lo que SÍ ven que los lleva a tomar decisiones tan diferentes a las mías?

El reto de salud pública que hemos enfrentado como aldea global para reducir la propagación del COVID 19 nos ha hecho enfrentarnos a una realidad: al vivir en comunidad, estamos expuestos a las decisiones de los otros miembros. La irresponsabilidad o el cuidado de uno de ellos puede afectar a toda la comunidad. La tasa de transmisión de esta enfermedad, que aún es debatida en diferentes estudios, ha sido al menos establecida a mayor nivel de propagación que el virus de influenza y de otros coronavirus.

Los datos de esta enfermedad hacen que el cuidado sea crítico. Sin embargo, un fenómeno creciente se ha propagado por WhatsApp, Facebook y otras redes sociales: grupos de personas que creen que esta enfermedad es a) falsa o b) una exageración con fines políticos.

Existen al menos tres factores claves que han favorecido este escepticismo y radicalización:

Desconfianza en el gobierno

De acuerdo a la OCDE, existe una creciente desconfianza en los gobiernos a nivel mundial. Este deterioro de la confianza de los ciudadanos a sus autoridades no es accidental, está vinculada a una larga trayectoria de eventos en los cuales diferentes gobernantes han ocultado o manipulado información. En Estados Unidos es particularmente relevante mencionar la forma en que la crisis del VIH ocultó información clave y en México, existe una larga trayectoria (demasiado extensa para este artículo) de momentos en los cuales se ha puesto en evidencia que el gobierno ha ocultado información. Este factor es de gran importancia porque todo proyecto de nación, especialmente en el ámbito de salud, requiere de la participación ciudadana y de la dirección clara y transparente de sus autoridades.

El sesgo de supervivencia

Algo que ocurre en la mente de todas las personas, al enfrentar un evento difícil, es que recurrimos a narrativas de nuestro pasado y cosmogonía para comprender lo que sucede. Pero pocas veces nos damos cuenta de que al buscar narrativas que nos den paz, podemos caer en diferentes tretas cognitivas, que pueden hacer que nuestra respuesta a la evidencia sea menos responsable.

El sesgo de supervivencia nos hace pensar de forma optimista a un grado que puede caer en la irresponsabilidad (“A mí no me va a pasar”, “Yo siempre he sido muy sano”). En este caso este optimismo puede incluso hacer que pensemos que el COVID19 no va a afectarnos por intuiciones poco racionales. Aún en la presencia de evidencia científica que muestra nuestra vulnerabilidad y riesgo.

Tecnologías Exponenciales de Comunicación

Una realidad que diferentes teóricos han intentado entender para comprender la propagación de las llamadas “Fake news” ha sido la forma en que cada persona posee su propia casa productora en sus celulares: pueden crear videos, subirlos a diferentes redes sociales y desarrollar una “carrera” como líderes de opinión, en una velocidad y volumen anteriormente imposible.

En el contexto de la pandemia, la información que fuentes oficiales y científicas han difundido ha tenido dificultades para contrarrestar este tipo de actores sociales que quizás con poca o nula información han sugerido sus propias alternativas para manejar esta crisis.

Al buscar en Google “Curas al COVID 19”, entre las curas más insólitas que he leído están: bañarse en tina con un chorrito de cloro, terapia magnética, tés herbales y meditación. Ninguna de estas fue recomendada por médicos, pero aparecen como cuarto o quinto resultado.

WhatsApp y Twitter han intentado contrarrestar esta propagación con diferentes adaptaciones a sus interfaces: WhatsApp redujo el número de veces que puedes reenviar un mensaje y Twitter ha comenzado a publicar “disclaimers” en tweets que parecen propagar información falsa. Pero estas estrategias han sido remedios pequeños ante la inmensa propagación de este problema.

¿Qué hacemos ahora?

Si al leer este texto pensaste en un familiar o amigo que “no se está cuidando” espero que sepas que, a pesar de esta problemática, hay acciones concretas que podemos hacer para favorecer una responsabilidad comunitaria ante esta crisis.

Una de las estrategias más poderosas que han servido para contrarrestar la radicalización de personas por “Fake News” se basa en una expansión del alfabetismo digital. Autoras como Loana Literat han estudiado cómo crear condiciones para pensamiento crítico y análisis, desde considerar las fuentes, entender el proceso científico y contextualizar las noticias.

Otra estrategia parte de nuestra tendencia humana a contextualizar eventos traumáticos a través de historias: Muchas personas que se han recuperado de esta enfermedad han narrado en diferentes redes sociales su convalecencia. También lo han hecho familiares de víctimas que no sobrevivieron. Compartir estas historias de personas con las que tenemos factores de identificación es una estrategia poderosa.

El escepticismo y el pensamiento crítico son elementos claves para una ciudadanía integral. Sólo es importante evitar que se radicalicen en una negación absoluta de la evidencia científica. El reto en esta pandemia consiste en dialogar para que la responsabilidad comunitaria se construya: el cuidado propio como una forma de cuidar a todos.

@LexiaGlobal

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