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El Blog de LEXIA
Por Lexia
En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una compre... En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una comprensión fresca y profunda de los sentimientos, motivaciones e ideas de las personas. Somos un colectivo interdisciplinario de humanistas que ha desarrollado un amplio conocimiento sobre distintos targets (niños, teens, mujeres) a lo largo y ancho de la estructura socioeconómica (base de la pirámide, clases medias, affluent), correlacionándolo con sus procesos como seres sociales (ciudadanos, audiencias y consumidores). En este espacio encontrarás información para descifrar y entender mejor las necesidades, deseos, temores y esperanzas que mueven a nuestra sociedad. Bienvenido a la mirada LEXIA. (Leer más)
El orgullo de defender los derechos humanos
Pleno siglo XXI y aún seguimos en la discusión de si unas personas son menos seres humanos que otros.
Por Lexia
27 de junio, 2019
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Por: Aline Ross (@AlineRossG)

Los llaman anormales, enfermos, monstruos, desviados, asquerosos. Son los rechazados del sistema, un sistema que pelea batallas digitales llenas de veneno, y en las calles mata a golpes. Ese sistema se llama patriarcado y bajo su capa cobija a sus retorcidos hijos, la homofobia, transfobia, misoginia y machismo, a quienes alimenta con crueldad, discriminación y toneladas de odio.

Muchas personas han caído víctimas del rechazo a lo diferente, de aquello que rompe el orden establecido y en este caso de aquello que rompe con “lo natural” el argumento imbatible, porque a veces podrás saltarte las normas creadas por el humano pero ¿las de la naturaleza?. Y bajo estas falacias se disemina el rechazo y la furia contra la comunidad LGBTIQ.

Pleno siglo XXI y aún seguimos en la discusión de si unas personas son menos seres humanos que otros. Podemos enviar odio en bytes con solo un clic pero seguimos atrasados en el reconocimiento de los derechos para todos los habitantes del planeta sin importar sus preferencias, raza, sexo o religión. Nuestro intelecto puede imaginar y crear avances extraordinarios y por otro lado somos esa especie capaz de matar a pedradas a un hombre que decidió reconocer que le gustaba vestirse de mujer.

Ante esto ¿qué pensar o hacia dónde ir?, ¿cómo cambiar un mundo donde constantemente las fuerzas chocan y se oponen?, ¿dónde está la clave para mover los ejes estructurales de nuestras creencias?, ¿cómo podemos trabajar en cambiar esos prejuicios que están arraigados en nuestras programaciones y estructuras mentales? Tarea titánica.

Sin embargo, las respuestas a todo esto emergen si uno sabe observar. Hay caminos, hay personas, hay oportunidades, hay puertas, hay empecinamiento, hay valentía y hay opciones.

Los avances en los derechos de la comunidad están siendo empujados por personas de pensamiento progresista que buscan un mundo incluyente y abierto, y esta agenda de inclusión hace tiempo que está tomando fuerza y visibilidad en nuestro país, desde organizaciones de la sociedad civil hasta instancias gubernamentales, pasando por políticas públicas, leyes, etc.

Si analizamos la discusión en torno al tema LGBTIQ, es una discusión sobre la libertad de poder decidir y ser. Por un lado, grupos conservadores como el Frente Nacional por la Familia cuestionan bajo la bandera de #conmishijosnotemetas y #amishijosloseducoyo que personas del mismo género y sexo puedan decidir o no cómo demostrar su afecto y preferencias y bajo qué circunstancias. Pareciera que es un asunto de libre expresión, pero va más allá de eso; se está discutiendo la posibilidad de elección y el derecho a ser diferente. Estas discusiones son muy similares a las discusiones raciales que siguen vigentes en muchos países del globo terráqueo. Unirse con un grupo para determinar si hay personas que puedan tener derecho o no a sentarse al frente del autobús o a caminar por la calle como quiera que deseen vestir, es algo tan añejo como actual, es una discusión nefasta y viciosa.

Dentro de esta polémica se exhiben dos mundos, el heterosexual y el homosexual; el primero se presenta como la opción moral, natural y aprobada y el segundo como la aberración. Quienes están en contra o rechazan a la comunidad LGBTIQ en sus argumentos usan a dios, las leyes cristianas, las leyes de la naturaleza y las leyes del hombre para señalar que están mal y de entre todas estas leyes ninguna se sostiene con firmeza porque atentan absolutamente contra todo derecho humano, su estructura es del medioevo. Quienes estamos a favor de la libertad y por ende apoyamos toda agenda, iniciativas y leyes a favor de los LGBTIQ, cuestionamos hoy la doble moral de las instituciones que promueven desde su fascismo el odio contra esta comunidad. Como ejemplo basta ver la crisis que la iglesia Católica vive actualmente con todos los destapes, noticias y exhibición de los casos de pederastia, sacerdotes, “heterosexuales” célibes violando y abusando de niños en cada continente.

Desde este mundo heterosexual y heteronormativo que se supone es ejemplar, se dan casos de abuso sexual infantil, abuso de mujeres, feminicidios, trata de infantes entre muchas otras joyas; es ahí donde con esta pantalla de moralidad se atenta contra otros seres humanos de manera sistémica.

Dicho esto, ¿qué es lo moral y lo correcto?, ¿es acaso esta clase de viejo orden lo que debe prevalecer y lo que deseamos como sociedad? ¿Por qué nos puede escandalizar la idea de que los niños tengan opciones para su uniforme cuando se trata de tela y costuras y no nos escandaliza que el padre de la iglesia les meta mano, ¿por qué no alzamos la voz contra eso? En lugar de alzarla contra el matrimonio igualitario.

Estamos en vísperas de la marcha del Orgullo y viene muy al caso que nos preguntemos qué clase de mundo deseamos impulsar. Grupos fascistas siempre han existido, el fascismo es una semilla que el ser humano lleva consigo. Se nos da natural el miedo y el rechazo a aquello que no entendemos y que sentimos nos amenaza. Solo pensemos que esa clase de pensamiento si se fomenta seguirá generando sufrimiento, guerras, marginación, injusticia y dolor, atenta contra nosotros mismos.

¿Por qué es importante la marcha y mostrarse como parte de una comunidad LGBTIQ? Porque es necesario hacerse ver en una sociedad donde han tenido que ocultarse para no incomodar, para no ser violentados, para no ser asesinados, para no sufrir. Se trata de que se hable y escriba del tema y se impulsen acciones, se trata de decir “aquí estamos, existimos y merecemos tener acceso a lo mismo que los demás”. Marchar por el Orgullo significa hacerse valer, significa decir “respeten nuestros derechos” pues no se tendría que consultar por ellos.

En el marco de esta marcha, con muchos retrocesos sobre la mesa, me alegra reconocer que hay una pelea real por los derechos de esta comunidad, es un tema P O L Í T I C O. Me parece que suman aquellas marcas que se involucran a fondo y no nada más durante junio y aplaudo la postura de instituciones y muchos miembros de la sociedad a favor. Hay un gran camino por andar, eso es verdad, pero “Roma no se hizo en un día” y no nos vamos a cansar.

Orgullo también significa decir #soytualiado, “yo te apoyo”, #loveislove, consignas inspiradoras que manifiestan una postura clara y contundente así como necesaria. Orgullo significa decir “en esta empresa no discriminamos a nadie por sus preferencias sexuales”, Orgullo significa decir “yo peleo e impulso una agenda de inclusión”. El Orgullo es un alimento y un motor para hacer grandes cambios con acciones cotidianas y ¿quién no desea sentirse orgulloso?, orgulloso de estar del lado correcto de la historia, orgulloso de promover el amor y la empatía, orgulloso de pelear por los derechos de otros.

La semana pasada un tuit moralino de un personaje “curado de homosexualidad” (probablemente pagado, no olvidemos que el fanatismo es un negocio muy lucrativo), dirigido específicamente a los padres de familia se hizo viral, obtuvo muchas críticas y mucho de lo que en Twitter la gente está desesperada por conseguir: atención.

El tuit criticaba el “mundo gay” y detallaba las “cosas malas” que desde su visión de convertido y curado por la mano de dios, formaban parte de este mundo. Más allá de lo terrible que es promover terapias de conversión, su discurso atenta contra sí mismo, pero lo que generó fue asombroso, una oleada de respuestas inspiradoras.

Yo quiero cerrar mi entrada con lo que me ha ofrecido y dado el mundo Gay:

  • Mis mejores amigos
  • Esperanza de un mundo incluyente y abierto
  • Ejemplo de lucha y persistencia
  • Amor
  • Certeza de saber que mi hijo puede habitar en un mundo donde algún día no haya etiquetas, solo personas diferentes que construyan
  • Conocer a gente brillante y muy humana
  • Arte y teatro hecho con pasión, corazón y entrega total

Para terminar, es importante que todos asumamos nuestras asociaciones implícitas, esas en las que discriminamos y excluimos pues solo desde la conciencia de nuestras propias limitantes podremos modificar algo y participar en el cambio por un mundo menos violento y más amoroso. Nos agobiamos y preocupamos por todo el terror que nos rodea sin darnos cuenta que lo promovemos desde una u otra postura que no tenemos consciente. Los invito a entrar al proyecto implícito y revisar cómo andan en esos terrenos, por algo hay que empezar.

@LexiaGlobal

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