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El Blog de LEXIA
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Grupos de WhatsApp, credibilidad de compadres
Regresamos a la época del chisme del pueblo, donde la señora que tenía más conocidos podía esparcir un rumor y hacerlo creíble. Ahora les dicen “influencers”.
Por Lexia
16 de mayo, 2019
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Por: Paulina Cebada (@Paw_cediz)

Son las 7:30 de la mañana, apenas estoy abriendo un ojo porque el otro aún se aferra al sueño de haber ganado la lotería, poco a poco empieza a difuminarse porque las notificaciones de mi WhatsApp se hacen presentes. Un tintineo tras otro me apresuran a buscar con dificultad el teléfono que se desbloquea con reconocimiento facial, aun cuando mi cara está hinchada como cada mañana.

El grupo de la oficina ya está activo y notifican que debido a la contingencia ambiental recomiendan hacer home office, les siguen mensajes de agradecimiento ante la iniciativa de la empresa con uno que otro meme que me hacen el día.

Ya entrada en la rutina diaria, reviso el resto de mis grupos y me pregunto, ¿en qué momento me integraron a tantas conversaciones diversas?, aunque debo reconocer que me he salido de algunos grupos que me parecen innecesarios o molestos, la realidad es que hay otros que me hacen sentir que soy parte de algo y si llegarán a eliminarme tendría una crisis digna de terapia.

Parte importante de mi vida como estratega de una empresa dedicada al entendimiento de las personas es cuestionarme todo lo que está a mi alrededor y en esta ocasión no puedo pasar de largo la presencia casi impuesta de los grupos en WhatsApp.

¿Por qué la gente siempre encuentra un motivo para hacer un grupo de WhatsApp? Bueno, la respuesta parece fácil, pero tiene un trasfondo interesante. En el contexto social, las personas están acostumbradas a buscar identidad y pertenencia, saber qué pasa en el mundo, ser parte de microcomunidades con intereses en común. Es la forma de traspasar las fronteras de la distancia y del tiempo. Cada vez es más difícil reunirnos de manera física, por el trabajo y por los horarios; también es difícil encontrar personas que piensen como nosotros -cosas de la vida misma- entonces el grupo de WhatsApp nos acerca.

La generación X, cuando empezaban a ver el boom de las redes sociales y de WhatsApp acusaban a sus hijos de desconexión del mundo “real”, pero irónicamente, la realidad se ha convertido en esto.

Ahora vemos a nuestros padres y algunos abuelos compartiendo, de manera muy natural, cadenas y mensajes de buenos días con un bonito piolín por WhatsApp.

Grupos familiares, de oficina, de amigos, de negocios, de política, de noticias, de vecinos, de religión, de hobbies, todos al mismo tiempo resonando en forma de notificación para hacerse presentes en nuestras vidas y hacernos presentes en la vida de los otros y así formar parte del mundo.

WhatsApp integra el set de redes sociales más usadas en México. Según el último estudio de IAB sobre consumo de medios y dispositivos entre internautas mexicanos, WhatsApp es la segunda red más usada después de Facebook, y existe un perfil llamado Leaders / Super leaders que hacen más uso de esta plataforma; seguro son aquellos administradores de tus grupos o tú mismo en este momento creando uno.

Si observamos con detenimiento, en cada uno de estos grupos existe una ideología y se trivializan varios temas al grado de fortalecer criterios en común, porque se refuerza la creencia de que “mi verdad, nuestra verdad, es la única y la mejor”

Y es así como de repente te ves inmerso en conversaciones caóticas que buscan desde ponerle fecha a una reunión de exalumnos hasta dar línea ideológica sobre cualquier tema o suceso. Y no solo se queda en esto, también nos informamos a través de grupos, bajo el principio de “lo que diga mi compadre” es la neta.

En México, 8 de cada 10 consumidores de noticias lo hacen a través de un smartphone, superando la media mundial que ve noticias principalmente en la televisión (74 %). En Brasil (76 %) y en Estados Unidos (73 %), según el estudio In News We Trust de la agencia Teads.

En la actualidad tenemos más fe en tuiteros, amigos y familiares que en el gobierno o en los mismos medios masivos (tv o radio) que ayer fueron reyes y hoy, muchos los perciben como chayoteros “títeres del poder”.

Y el problema con esta pérdida de credibilidad está en que quien da y editorializa la noticia hoy puede ser quien sea o cualquiera, lo que acelera el crecimiento de una esfera pública propia de la posverdad. En un mundo donde la opinión es fácilmente vendible con el fin de responder a fines específicos, ya nada es seguro.

Regresamos a la época del chisme del pueblo, donde la señora que tenía más conocidos (redes) podía esparcir un rumor y hacerlo creíble. Ahora les dicen “influencers”.

Entonces, ¿quién tiene el poder? Aquel que puede generar una comunidad robusta de personas que piensan igual y alimenta sus grupos con información que hace sentido a todos ellos, fortaleciendo nuestras pequeñas burbujas o micro cámaras de eco que nos hacen sentir seguros de los que pensamos y nos dan argumentos para defendernos ante los que no piensan como nosotros.

En los grupos de Whatsapp están los que proveen información, los que solo la leen y la digieren, los que silencian la conversación -pero no se salen por miedo a los reclamos- los que responden con humor y no se involucran y los que integran a más participantes.

En un mismo smartphone podemos encontrar grupos que responden a diferentes aristas de nuestra personalidad, desde lo profesional, lo familiar, lo misógino, lo feminista, lo gracioso, lo comercial, lo político, lo cultural, lo religioso, ahí estamos siendo graciosos con un chiste racista en un grupo y confirmando la asistencia a misa en otro, autorizando el envío de un correo corporativo en uno y en otro compartiendo pornografía o vendiendo tuppers.

Al final, nos encontramos con una forma fácil y simplificada de ver el mundo en un entorno de inmediatez, la vida líquida, como diría Bauman.

¿Qué sigue después de esto? Invariablemente la intromisión de la inteligencia artificial. Ya mismo podemos encontrar bots de Google que pueden reproducir una conversación utilizando algoritmos de conversaciones que nosotros mismos pusimos en la red.

La pertenencia es algo que nos mueve como seres humanos y hoy más que nunca estamos dispuestos a todo con tal de no ser excluidos de la conversación, de la moda, de la diversión.

Estamos dispuestos a integrarnos a un grupo de desconocidos con tal de poder descargar los stickers o memes del momento.

Y al final, solo me queda preguntarte: ¿a qué tipo de grupos perteneces? ¿Podrían ser estos grupos un mecanismo para descubrir quién eres en lo público y en lo privado? ¿Cuántos secretos aloja tu WhatsApp?

 

@LexiaGlobal

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