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Los monarcas que abusan
La sociedad nos marca pautas de conducta a las mujeres, pero hace poco o nada para socializar a los hombres para impedir que abusen de las mujeres.
Por Renata Lara Arizpe
19 de febrero, 2021
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Como mujer, desde niña, te suelen socializar enfatizando que hay que ser precavida para estar a salvo; desde cómo te presentas ante los demás hasta con quién te asocias, entre otras enseñanzas preventivas dentro de un discurso que reitera el deber de mantenerse atenta para quedar fuera de peligro. La sociedad nos marca pautas de conducta a las mujeres, pero hace poco o nada para socializar a los hombres para impedir que abusen de las mujeres.

Este discurso, reforzado por acciones y actitudes, demuestra que hay una hipervigilancia de lo que hacemos y decimos las mujeres -o lo que no hacemos y no decimos- en lugar de poner un enfoque en los porqués que originan la necesidad de permanecer en un estado de cautela permanente sin estar conscientes de la falta de consecuencias y escrutinio de cómo se llega a (mal)tratar a la mujer.

En un país donde la impunidad es rampante y rara la vez los que abusan del poder sufren cualquier tipo de consecuencia, el avance de candidaturas de personajes acusados de violación es decepcionante y enervante, pero no es sorprendente.

Desafortunadamente, el caso de figuras políticas que han podido seguir subiendo distintas pirámides de estatus político y social, a pesar de sus constantes abusos y violaciones a varias mujeres, demuestra lo que se les permite, perdona, y hasta celebra a muchos hombres en México.

Veamos un ejemplo de ficción que se siente escalofriantemente real. La serie Monarca (se puede ver en NETFLIX) refleja de manera precisa muchos males de la sociedad mexicana: corrupción, impunidad, privilegio elitista, entre otros.

En la trama hay múltiples dinámicas entre los personajes que marcan distintos tipos de abusos contra la mujer. A partir de aquí advierto que voy a contar parte de la trama de manera gráfica y detallada, me detengo en una situación específica: la violación de Sara, una adolescente menor de edad.

Sucede en un episodio de la primera temporada de la serie que se lleva a cabo en la fiesta de inauguración de un hotel de lujo de la familia protagonista. Es en un cuarto donde se encuentran muchos adolescentes menores de edad, bajo la influencia de varias sustancias, entre ellos Camila, Sara y Pablo. Como se acostumbra desde que se tiene acceso permanente a las redes sociales, muchas de los presentes están grabando o tomando fotos de lo que pasa en la habitación.

Camila sale grabando un Instagram en vivo cuando entra al baño y capta a su primo Pablo abusando sexualmente de Sara, quien está en un estado inconsciente. Había varios espectadores en el baño viendo lo que estaba pasando, ninguno intentó ayudar a Sara hasta que llegó Camila, quien le grita a su primo para que deje de tocar a Sara. Pablo reacciona asombrado y no dice nada.

Al día siguiente, empieza la tergiversación de la realidad cuando alguien sube a las redes un video editado en el que Camila parece cómplice de su primo. En Twitter se convierte en trending topic, generando un torrente de comentarios sobre lo que pasó, la gran mayoría negativos y denigrantes hacia Sara, otros felicitando a Pablo, otros comentado que debería haber consecuencias por su crimen, y otros analizando que por su estatus de profundo privilegio no le va a pasar absolutamente nada.

La vida pública y privada de Sara se invade y destruye. Arrasan cantidades de comentarios y acusaciones por Twitter y otros medios que la denuncian como una puta, una zorra, una fácil, una dejada, una borracha, y la culpan, aunque ¡ella es la víctima! Ella es quien fue violada, y como suele pasarles a las víctimas de crímenes contra la mujer, le va a costar recuperarse de esto toda su vida.

Desde el primer instante que Pablo ve que alguien lo va a declarar responsable por lo que hizo, empieza a cambiar la narrativa. Cuando su papá ve el video y lo confronta, Pablo comienza a decir que fue ella (Sara) la que se le lanzaba; que le preguntara a su amigo que vio todo. Pablo dice que no estaba inconsciente, que “estaba muy peda”.

Desde este momento, la mamá de Pablo, quien también vio el video empieza a criticar y deshumanizar horriblemente a la víctima, apoyando a su hijo y diciendo que ella le cree y que el acto que se ve no fue lo que pasó. Sus palabras demuestran la decisión de cegarse, por parte de individuos y sistemas oficiales, sobre incuestionables abusos contra una mujer.

Por un lado, los HECHOS: Pablo se aprovechó de Sara, lo cual queda muy claro en la escena y en el video que llega a las redes. Por otro lado, la NARRATIVA: se deja a un lado cómo se desarrollan los sucesos y queda claro que eso no importa mucho, pues la sociedad, las instituciones y los discursos hegemónicos empiezan a darle la vuelta a la realidad de los hechos.

Sara y su familia deciden llevar la violación ante un juicio con una denuncia penal. Aunque nunca se dice explícitamente, el papá de Pablo sabe por dentro que Pablo violó a Sara hasta que le pregunta a su hijo si hubo penetración. La primera reacción del papá es presentarle sus opciones de impunidad. Desde ahí, el papá empuja a que Pablo salga de México, que se escape de la ley.

Eventualmente sale a la luz que Camila no fue cómplice y que trató de apoyar a la víctima. Ella nos da un poco de esperanza, pero a la vez es algo muy doloroso de nuestra sociedad que tenga que haber un esfuerzo puntual de los guionistas para crear un personaje como ella, que destaque como un personaje excepcional por defender a una víctima.

Pablo regresa a México y admite lo que hizo. Queda claro que sigue sin entender el nivel de daño y gravedad de su acción, pero medio se dio cuenta de que hizo algo mal. Le pide a su prima Camila que lo ayude a contactar a Sara. Los tres se reúnen, y él espera que, con ofrecerle una disculpa ya estuvo, todo lo que pasó se podía borrar. Sara, de manera honesta y cruda expresa a gritos su trauma causada por su violador.

Lo meten a un centro correccional de menores, donde el abogado de la familia ayuda a que solo se quede un par de meses y sus papás le pagan a alguien para que lo proteja dentro de la cárcel ante cualquier amenaza.

Como vemos en este caso de Monarca, quienes cometen crímenes contra la mujer en México no tienen consecuencias reales por sus actos. ¿Qué significa este abuso sistemático consistente? ¿Qué demuestra de las instituciones oficiales y la vida cultural? ¿Qué nos dice de la sociedad y del abuso de poder? Nos señala un dominio en el que si tienes cierto perfil privilegiado te puedes seguir aprovechando de individuos y del sistema, de una impunidad que viene desde las raíces. Un pacto de impunidad que debemos romper entre todos, hombres y mujeres por igual.

No es suficiente decir que el patriarcado es quien fortifica estas ideologías e impunidad. Nos toca siempre recordar que al hombre no se le condena, casi siempre se le perdona, y hasta se le celebran sus abusos. Si tienes capital social, económico, y cultural abundante, la impunidad te permite llegar muy lejos en la vida.

¿Qué podemos hacer para alejarnos de tanta impunidad?

@LexiaGlobal

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