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El Blog de LEXIA
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En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una compre... En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una comprensión fresca y profunda de los sentimientos, motivaciones e ideas de las personas. Somos un colectivo interdisciplinario de humanistas que ha desarrollado un amplio conocimiento sobre distintos targets (niños, teens, mujeres) a lo largo y ancho de la estructura socioeconómica (base de la pirámide, clases medias, affluent), correlacionándolo con sus procesos como seres sociales (ciudadanos, audiencias y consumidores). En este espacio encontrarás información para descifrar y entender mejor las necesidades, deseos, temores y esperanzas que mueven a nuestra sociedad. Bienvenido a la mirada LEXIA. (Leer más)
NOM-035: el combate del estrés laboral, una aportación a la sociedad
Tanta agresión en el metro o en los lugares de trabajo no es resultado de un virus que flota en el aire, es consecuencia de la pérdida de nuestra humanidad por tratar de sacar día a día el trabajo que se “tiene que hacer” en todo momento y lugar
Por Paulina Cebada
30 de octubre, 2019
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 Tanta agresión en el metro o en los lugares de trabajo, no es resultado de un virus que flota en el aire, es consecuencia de la pérdida de nuestra humanidad por tratar de sacar día a día el trabajo que se tiene que hacer en todo momento y lugar, pegados al smartphone, a la laptop, a la Tablet, siendo autómatas que a veces olvidan comer, dormir o incluso intentar reproducirse.

Son las 10:15 pm, una vez más cancelé una cena con un posible prospecto de pareja; ahora solo es una mala historia porque no piensa invitarme a salir de nuevo. Antes de tomar el auto, recibo un mail de un cliente que quiere un cambio de último minuto antes de nuestra reunión de mañana a las 7 am en Santa Fe; hacer el ajuste me llevará al menos una hora antes de poder dormir. Pienso que mañana tendré que levantarme a las 4:30 am para lograr llegar a tiempo. Tengo hambre, las miles de reuniones que ocurrieron el día de hoy hicieron que olvidara una de mis necesidades básica según Maslow.

Pienso en todo esto y me pregunto ¿a quién le importa?, no soy más que un cartucho reemplazable de una cadena de producción que nunca para, o al menos así me siento.

Salgo del estacionamiento lamentando no tener un encendedor cerca para prender un cigarro que está tontamente colocado en mi boca sin prender, aprovecho el semáforo para buscar en mi bolsa y al fin encuentro la flama, la luz cambia a verde y casi inmediatamente el conductor de atrás hace sonar el claxon de su auto con desesperación; esa desesperación hecha sonido vibra en mi cabeza y se conecta con mi propia desesperación, con mi cansancio, con mi hastío, con mi coraje y en un micro segundo imagino que bajo del auto y con fuerza sobrenatural golpeo el cofre de su auto abollándolo hasta el suelo mientras la bocina reduce su sonido a un pequeño silbido de risa, el hombre me mira con terror mientras concluyo mi escena diciendo: “¡no me jodas!”.

Casi de inmediato regreso a la realidad, el hombre me ha rebasado, mientras sigue silbando, me busca los ojos y me muestra el dedo más largo y grosero de la mano. Me siento tonta y frustrada, el cigarro cae de mi boca y me pongo a llorar.

¿Alguna vez te has sentido así?

Tantos lords y tantas ladies en YouTube generando caos en crisis de estrés y ansiedad no son gratuitos. Tanta agresión en el metro o en los lugares de trabajo no es resultado de un virus que flota en el aire, es consecuencia de la pérdida de nuestra humanidad por tratar de sacar día a día el trabajo que se “tiene que hacer” en todo momento y lugar, pegados al smartphone, a la laptop, a la tablet, siendo autómatas que a veces olvidan comer, dormir o incluso intentar reproducirse.

Esa violencia que se detona del estrés es nuestro instinto reclamando supervivencia.

De los 35 países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el país donde las personas trabajan más horas al año: 2,255 horas en promedio hasta 2018, muy por encima de la media de 1,763 horas. Ligando este dato, no es de extrañarse que según la OMS (Organización Mundial de la Salud) tengamos el primer lugar en estrés laboral (75%) versus países como China (73%) y Estados Unidos (59%).

Y ante estos temas, se abre la discusión con respecto a ¿quién debe hacerse responsable del burn out o del workoholismo* que se dispara en México?

Por ahora, el pasado miércoles 23 de octubre entró en vigor a nivel nacional la NOM-035-STPS-2018 llamada Factores de riesgo psicosocial en el trabajo-Identificación, análisis y prevención. Esta norma obliga a toda empresa a atender cualquier situación propia del trabajo que esté afectando a su personal en cuanto a desórdenes de sueño, ansiedad y estrés, para reducir el impacto que esto tenga en sus vidas y, en la medida de lo posible, erradicar o evitar los factores que lo detonan, lo cual me parece un gran acierto, no solo por los argumentos que se vinculan con problemas en las empresas como baja productividad, altos niveles de rotación y la pérdida de talento, si no desde la perspectiva del humanismo.

Lo pongo sobre la mesa, porque me he encontrado con varios comentarios en internet que cuestionan la dificultad de discernir entre el estrés que el empleado tiene por temas personales y el que podría estar generando su trabajo.

Y la pregunta es: ¿importa el origen? Para mí no, porque las personas no son entes que se separan para cumplir diferentes roles. El [email protected] también es [email protected], padre, madre, [email protected], [email protected], [email protected], amante, [email protected], peatón, conductor, etc. y por lo regular pasa más tiempo en el lugar de trabajo que en su casa, por tanto, debería importarle al empleador su salud física y mental.

Apegándonos a la definición, el estrés laboral se detona cuando la creciente presión en el entorno de trabajo provoca la saturación física y/o mental del trabajador, generando diversas consecuencias que no sólo afectan la salud, sino también su entorno más próximo ya que provoca un desequilibrio entre lo laboral y lo personal.

Si hablamos de situaciones específicas, el estrés puede llegar porque el salario es insuficiente, por la presión del jefe, mobbing o acoso laboral, motivaciones deficientes, ausencia de incentivos, conflictos entre empleados, cargas excesivas de trabajo, exposición a riesgos físicos constantes, ritmo de trabajo acelerado, la preocupación por el despido, la falta de posibilidades para conciliar la vida laboral con la personal e incluso la propia autoexigencia y todo lo anterior no se resuelve con desechar a los quemados y contratar carne fresca, se trata de darle rostro e historia de vida a todos aquellos que trabajan en una organización y que eventualmente salen de la misma a interactuar con el resto del mundo.

Lo más cómodo para las empresas es dejar en manos de los propios trabajadores averiguar cómo gestionar su tiempo, para disminuir su estrés y agotamiento; sin embargo, de acuerdo con nuestros aprendizajes en LEXIA sobre generación Millennial en la vida laboral, los colaboradores no se sienten con la capacidad de ir en contra de una cultura organizacional en la que el exceso de trabajo es la norma e incluso se celebra.

Deberíamos preocuparnos por aquellos que salen tan frustrados de sus empleos que buscan con quien desquitarse en la calle o en sus casas. Cada claxon desquiciado a medio día, cada ciclista atropellado, cada vecino que le grita al otro vecino, cada hogar con violencia, cada relación terminada, aquellos hijos regañados sin razón, cada persona deprimida, cada individuo sin propósito, cada renuncia… es una cadena interminable.

Esta norma debería empujar a las empresas a ver más allá de sus beneficios e inspirarlas a querer lograr un impacto en la sociedad.

¿Cómo? Escuchando a sus empleados, organizando mejor la empresa, si se requiere hacer una reingeniería de procesos hacerla, estimando todo lo que pierden cuando despiden o reciben renuncias de “quemados”, para invertir esas pérdidas en programas de apoyo psicológico, redistribución de cargas de trabajo, esquemas de reconocimiento y planes motivacionales, pero sobre todo entendiendo que los empleados no son máquinas de trabajo, son personas con sentimientos, con días buenos y malos, con problemas familiares, con sueños y con miedos pero, sobre todo, con un gran potencial que luce mucho más cuando existe un equilibrio mental.

@LexiaGlobal

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