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En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una compre... En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una comprensión fresca y profunda de los sentimientos, motivaciones e ideas de las personas. Somos un colectivo interdisciplinario de humanistas que ha desarrollado un amplio conocimiento sobre distintos targets (niños, teens, mujeres) a lo largo y ancho de la estructura socioeconómica (base de la pirámide, clases medias, affluent), correlacionándolo con sus procesos como seres sociales (ciudadanos, audiencias y consumidores). En este espacio encontrarás información para descifrar y entender mejor las necesidades, deseos, temores y esperanzas que mueven a nuestra sociedad. Bienvenido a la mirada LEXIA. (Leer más)
Pensar por nosotros mismos, el reto personal de los mexicanos
Que se tenga la necesidad de que la voz presidencial clasifique en bueno/malo la realidad cada mañana es un síntoma de falta de autonomía ciudadana.
Por Raúl Méndez
11 de febrero, 2020
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«El aumento del conocimiento depende por completo

de la existencia del desacuerdo».

Karl Popper

 

Con la finalidad de poder realizar ese acto tan placentero como arriesgado, que es vivir, se requiere de insumos materiales de subsistencia: alimentos, vivienda, medicamentos. Hay una dimensión física que no se puede negar. “El alma avanza poco si el estómago está vacío”, decía Moisés Sáenz, presbiteriano de confesión y quien fuera el segundo al mando de la naciente Secretaría de Educación Pública en tiempos de Lázaro Cárdenas.

Además de lo material, el ser humano precisa de otro elemento que le permita vivir: la seguridad cognitiva. También suele llamársele “seguridad ontológica”, es decir, la garantía de que vivo en el mundo correcto haciendo lo correcto. Esta plataforma mental es la que me permite vivir con lucidez en el mundo, sabiendo que existe un arriba y un abajo, una izquierda y una derecha, lo bueno y lo malo. A estos esquemas de organización del mundo para que el sujeto y el grupo tengan seguridad ante la vida se les conoce como “mapas morales” o “mapas mentales”.

No se puede actuar sin un mapa moral. ¿Cómo sabré si la palabra que digo es correcta o incorrecta? ¿Cómo podré determinar si lo que está pasando en mi entorno es bueno o malo? ¡Necesito de criterios de evaluación de la realidad!

Estos criterios de evaluación de la realidad mediante mapas morales que me digan qué es lo bueno y qué es lo malo persisten en nuestros días. Muy lejos estamos de la profetizada “era del vacío” de Lipovetsky. En LEXIA descubrimos mediante la conversación con públicos, audiencias, consumidores y ciudadanos, que las personas siguen necesitando una base moral, cognitiva o existencial para tomar sus decisiones: desde comprar champú hasta decidir su voto o una funeraria.

No podemos vivir sin saber que estamos viviendo en la realidad; nadie quiere ni puede existir sabiendo que vive en una mentira.

Sirva este preámbulo teórico para hablar de algo muy práctico: la figura presidencial de Andrés Manuel López Obrador y la liturgia diaria con la que brinda realidades: las mañaneras.

El éxito rotundo que tiene el presidente para posicionar, no solo una agenda diaria, sino la valoración que se le debe dar a cada tema se debe a que está fungiendo más que como presidente, como un mapa moral. Cada mañana en el podio de la mañanera vemos su figura recurrente y conocida, con cambios de atuendo más bien nulos (los atavíos folclóricos los reserva para mítines en otros estados), lo que ya es un primer ladrillo en la construcción de la seguridad: sabemos quién es, sabemos cómo es. Una vez que esta presencia familiar y certera aparece en Palacio Nacional y en las diversas pantallas de los mexicanos, expresa un discurso asaz redundante, simple, parco y, por tanto, efectivo: “Yo represento lo bueno, mis adversarios lo malo”.

Ocurre, por tanto, lo que el politólogo George Lakoff llamaba “Framing” o creación de un marco de referencia. Aquí le estamos llamando también mapa moral. AMLO es capaz de partir la realidad en dos para facilidad de todos nosotros, señalando con éxito lo que está bien y lo que está mal, a quién debe alabarse y a quién denostarse; qué debemos aceptar y qué debemos rechazar. En su lógica, la mañanera cotidiana es necesaria porque es un recurso de administración de los valores morales de la realidad. Comenzamos el día sabiendo qué hacer y hacia dónde ir.

Esto significa mucho más que simplemente una acción comunicativa. Es, en realidad, la construcción de los marcos de referencia de la opinión pública cada mañana. AMLO no ejecuta políticas, construye realidades. Alternas en su mayoría. Pero logra colocarlas como hegemónicas gracias a su eficiente asignación de valores bueno/malo a cada situación, personaje y noticia.

¿Por qué está ocurriendo esto?

Que se tenga la necesidad de que la voz presidencial clasifique en bueno/malo la realidad cada mañana es un síntoma de falta de autonomía ciudadana. No es ningún reclamo en sí, es señalar algo que está ocurriendo: en medio de tanta vorágine de noticas, “fake news”, y los problemas de cada quien, es sumamente atractivo que alguien se tome la molestia de tomar la carga mental de la acción moral por mí y me entregue, como un producto de consumo de medios, un mapa de ruta de la realidad cotidiana.

Se debe poner acento en la necesidad de que los ciudadanos reflexionemos por nosotros mismos buscando crear criterios dialogantes y corresponsables respecto de nuestra realidad como país. La voz política y de los políticos sin duda es relevante, pero esto no debiera desalentar el análisis ni la crítica gestada desde los esfuerzos personales por orientarnos y formar nuestro criterio y opinión. La capacidad de disenso es una virtud en política y en conocimiento científico.

Aquí cabe recordar la frase del crítico de medios Walter Lippman: “Cuando todos piensan igual, es porque ninguno está pensando”. Es necesario que el pensamiento sea propio y reflexivo.

Nótese que en toda esta explicación he omitido deliberadamente las filias y fobias hacia el presidente, los intereses de grupos específicos a favor o en contra, pues estoy hablando de la base social y, por decirlo de algún modo, la experiencia cotidiana de las mañaneras.

México es un país plural, en cultura, sociedad y experiencias humanas. Esta pluralidad no puede centralizarse, ni en la esfera moral ni en lo popular, que hoy, como señala Guido Lara, son “Los dos monopolios de AMLO”, pues en estos tiempos el debate político se esgrime mediante propuestas ético-morales1.

Lo que nos debe inquietar, por tanto, es si debemos seguir dependiendo de una figura y voz presidencial como norte de referencia del rumbo de nuestro país, o si los ciudadanos podemos gestar autonomía de pensamiento y criterio. Lograr pensar por nosotros mismos y generar rutas ciudadanas propias que no dependan de la autoridad política. Ser capaz de hacer el esfuerzo reflexivo para evaluar lo que ocurre nuestro país más allá de la simple división entre buenos y malos. Los adjetivos para definirlos ya los conocemos, no hace falta decirlos aquí.

@LexiaGlobal

 

1 Guido Lara, “Los dos monopolios de AMLO”, Animal Político, 29 de enero 2020.

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