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El Blog de LEXIA
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En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una compre... En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una comprensión fresca y profunda de los sentimientos, motivaciones e ideas de las personas. Somos un colectivo interdisciplinario de humanistas que ha desarrollado un amplio conocimiento sobre distintos targets (niños, teens, mujeres) a lo largo y ancho de la estructura socioeconómica (base de la pirámide, clases medias, affluent), correlacionándolo con sus procesos como seres sociales (ciudadanos, audiencias y consumidores). En este espacio encontrarás información para descifrar y entender mejor las necesidades, deseos, temores y esperanzas que mueven a nuestra sociedad. Bienvenido a la mirada LEXIA. (Leer más)
Un día eres joven y al otro… te da miedo leer la lista de nombres en #metoo
Culpa porque creo que a mí no me pasó algo “tan grave”, pero quizá por no haber hacho nada ante “lo pequeño”, sí les pasaron cosas muy graves a otras. Culpa del sobreviviente, le llaman. Todo mal.
Por Lexia
1 de abril, 2019
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Por: Claudia Angel (@SoyClaudiaAngel)

No, no soy uno de esos creativos que han aparecido en la lista de #MeTooCreativosMexicanos #MeTooAgenciasMx y demás hashtag que sacudieron a la industria de la comunicación esta semana. Tampoco soy una de las tantas mujeres que se armaron de valor para contar sus historias, ni pretendo volver este texto una gran denuncia anónima. Soy solo una mujer que, por alguna extraña razón, desde que estaba en la universidad estudiando Mercadotecnia, se fijó como objetivo trabajar en una agencia de publicidad, sin conocer a nadie, sin tener ningún contacto que la ayudara a entrar a ese cerrado mundo, lo logró y trabajó “en el medio” por más de 20 años.

Amé el mundo de las agencias de publicidad, trabajar para marcas, adentrarte cada día a industrias, categorías y retos diferentes, no dejar de aprender nunca, volverte más experto que tu cliente en su propia marca. Soy Cuentas, de la vieja escuela. Amé trabajar con casi todos los creativos con quienes tuve la fortuna de trabajar, a muchos los sigo admirando, respeto mucho su trabajo y celebro sus logros a la distancia. A algunos los considero hoy grandes amigos y los quiero profundamente. Tengo más amigos de las áreas de creativo y producción que de Cuentas.

Recuerdo mi primer día en Ammirati Puris Lintas. Se abrió el elevador y lo primero que vi fue a un tipo disfrazado de payaso, luego a otros más de diferentes personajes. Eran “creativos” jugando con el vestuario de un recién filmado spot para Coca Cola Light. Yo ingresé al área de Medios (sí, un día hubo medios en las agencias), pero me encantaban los lunes de estatus porque tenía oportunidad de sentarme con los de cuentas y los creativos. Al poco tiempo supe que lo mío era manejar cuentas y tan pronto pude, con un cambio de agencia y una crisis nerviosa por estrés (medios + maestría) de por medio, me moví a cuentas, donde pasé por varias agencias, muchos equipos, muchos puestos, muchas marcas, muchos clientes… de algunos ya ni me acuerdo (nunca he tenido una memoria privilegiada, la verdad).

Lo que más me gustó siempre fue trabajar con creativo, y no solo porque eran los divertidos y donde sucedía “la magia”, era donde mi trabajo tomaba sentido y siempre fui de las que creyó en que había que hacer equipo, desvelarse con ellos, ser solidaria y morir en la raya juntos, aunque no siempre y no todos me lo agradecieron.

¡Qué de desveladas me puse! y qué divertidas fueron casi todas, no me pesaba. 2 – 3 am, amanecer e irme a bañar para llegar a la junta, ir el sábado o domingo a la oficina… porque pitch, que pasara la camioneta de producción a recogerme a las 4 am porque el llamado era a las 5 am y antes había que recoger al cliente, días y días de filmación en los que a creativo se sumaba producción, directores y demás staff. La pasé increíble, era joven, soltera, aguantaba todo y me divertí mucho.

Y de pronto, un día, trabajando fuera “del medio”, pero en una industria hermana, me topo con el movimiento. Empiezo a leer historias y me doy cuenta de que sí, se parecen a algunas que recuerdo; que hay un par en las que reconozco a la autora, aunque sea una denuncia anónima; que hay demasiados nombres conocidos en la lista y que hay muchos de los que no me sorprendo.

¡Pum!

Me costó un par de días reconocer lo que sentía. Una mezcla entre dolor por una industria que quiero, coraje por las mujeres agredidas, miedo por los amigos mencionados, incredulidad, frustración… pero en el fondo, en el fondo finalmente reconocí a la culpa. Me dio una culpa terrible darme cuenta de tantas cosas que asumí como “parte de”, como normales “del medio”. Culpa por no haber hecho nada ante aquel jefe que me miraba de arriba abajo antes de darme un prolongado e incómodo abrazo acompañado de un “cuero” al oído, cada que lo topaba en el pasillo, así fueran dos o tres veces en un día. Culpa por tantas veces que, en la desvelada, el peloteo, la filmación, la fiesta y el desmadre, escuché y dejé pasar tantísimos chistes misóginos, comentarios súper lascivos, rankings de calificaciones y juegos de “te la dabas a…” sobre mis compañeras o clientes. Culpa porque cada que tuve que contratar a alguien en mi equipo, escuché a alguien decir cosas como “no nos vayas a traer a una gorda”, y sí, sí pesó en mis decisiones. Culpa porque en Cuentas mantener feliz al cliente muchas veces implicó soportar y festejar comentarios incómodos, como aquel día que un cliente comentó mi escote (una camisa común, nunca he usado grandes escotes) y no pude más que mentarle la madre con una sonrisa. Culpa porque creo que a mí no me pasó algo “tan grave”, pero quizá por no haber hacho nada ante “lo pequeño”, sí les pasaron cosas muy graves a otras. Culpa del sobreviviente, le llaman. Todo mal.

¿En qué momento todo eso que recordaba con tanto cariño y era pura diversión, se volvió tan rudo? Y es que ese es el problema con la violencia, el abuso y la inequidad, que lo normalizamos, en la agencia, en la escuela, en los corporativos, en todos lados.

Estamos inmersos en una cultura que, por un lado, endiosa a la madre, a la mujer dadora de vida, que cuida, que nutre, que apapacha, que lo puede todo, hasta destruir a quien la amenace a ella o a los suyos, así sea otra mujer, una “zorra”, una “perra”. Al mexicano que no le toquen a la madre, mientras que, por otro lado, aplasta, invisibiliza, no deja crecer, golpea, abusa, viola y mata a sus mujeres. Una relación absolutamente ambivalente. Bien dicen que el machismo no existe sin una madre que lo haya formado, fomentado y lo siga validando, aun inconscientemente. Y entonces el péndulo nos lleva a los nuevos estilos de paternidad, en los que se súper empodera a las niñas y se neutraliza a los niños, ¿es lo adecuado? Yo creo que no. Qué difícil encontrar el equilibrio.

Y en este ejercicio de reflexión, hoy veo a la industria publicitaria que tanto quiero, con todos sus defectos y todas sus dolencias. Con el movimiento #metoo no solo sale la misoginia rampante y tan normalizada en la que siempre ha estado inmersa, y ojo, la misoginia la ejercemos tanto hombres como mujeres. Salen también los egos engrandecidos, las falsas acusaciones, las venganzas, las disculpas a modo, porque eso que parece tan divertido es también sumamente desgastante y en condiciones tan extremas no todos encontramos nuestras mejores versiones de nosotros mismos. No es disculpa. El abuso laboral, el abuso de poder, el mobbing, los techos de cristal, la falta de protocolos, lo falso e inútil de algunos lineamientos y políticas, la carencia de profesionales en desarrollo organizacional, los discursos vacíos.

Es sin duda una gran oportunidad para que “el medio” se enfrente a su imagen en el espejo. Todo lo que sucedió esta semana no es más que un síntoma de algo más profundo, que urge atender, no solo en esta industria, en todos los rincones de nuestra sociedad. Y la industria, “el medio”, la sociedad, no son las oficinas en NY, ni los nombres en las paredes, ni algo amorfo sin rostro, somos todos los que la hacemos todos los días, las personas. Toca ser autocríticos, desaprender y aprender a ser en un ambiente mucho más sano, justo y respetuoso con todas las personas, sin importar su sexo. Cambiemos.

Porque un día fuimos jóvenes y otro… ya no podemos darnos el lujo de hacer tanta pendejada.

 

@LexiaGlobal

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