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El Blog de LEXIA
Por Lexia
En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una compre... En LEXIA somos expertos en descubrir y aplicar insights; ¿pero qué es un Insight? Es una comprensión fresca y profunda de los sentimientos, motivaciones e ideas de las personas. Somos un colectivo interdisciplinario de humanistas que ha desarrollado un amplio conocimiento sobre distintos targets (niños, teens, mujeres) a lo largo y ancho de la estructura socioeconómica (base de la pirámide, clases medias, affluent), correlacionándolo con sus procesos como seres sociales (ciudadanos, audiencias y consumidores). En este espacio encontrarás información para descifrar y entender mejor las necesidades, deseos, temores y esperanzas que mueven a nuestra sociedad. Bienvenido a la mirada LEXIA. (Leer más)
Víctimas del miedo
Las medidas de seguridad necesarias en nuestro entorno no deben incapacitarnos de salir, disfrutar, convivir y reconocer en el otro a un aliado más que a un enemigo.
Por Claudia Angel
10 de septiembre, 2019
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Esta mañana deambulando por las redes sociales, me topé con una serie de comentarios que me dejaron helada. El post, en un grupo de mamás, consultaba cómo hacer para invitar solo a los niños (sin papás) a festejar un cumpleaños, sin ofender a los progenitores y sin caer en los costos que implica un festejo de 20 adultos por cada 10 niños (sin contar a los hermanitos). Los comentarios se dividían entre “es lo más normal, ponles una llamada a las mamás, cuéntales el plan y en la invitación avisa a qué hora pueden ir a recogerlos” y los “yo nunca dejaría ir a mis hijos solos ni a casa de un familiar”.

Lo primero que pasó por mi mente fue: “Dejen a los niños ser, qué mamás tan aprehensivas”, pero inmediata e involuntariamente vinieron a mi mente flashazos de información cargados de miedo que iban desde “somos el 1er lugar en abuso infantil y los agresores son en su gran mayoría familiares y gente cercana de la que nunca sospecharías”, “y si asaltan el lugar de la fiesta”, “si se pierden”, “si tiembla”, “si hay una balacera”… y entonces recordé que no podemos juzgar las decisiones que sobre sus hijos hacen otras madres, ahora sí que cada quien sus cubas… y sus hijos. Respiré, pero no dejé de cuestionarme si he hecho mal las ocasiones en que yo sí he dejado ir a mis hijas a fiestas, a comer y jugar a casa de las amiguitas, a dormir con sus primos.

Sin duda esos minutos de ideas encontradas me hicieron recordar el artículo de Mauricio Meschoulam que leí la semana pasada “Efectos psicosociales por la violencia en México”. Cuanta verdad, todos los que habitamos México estamos siendo víctimas de la violencia, nos haya tocado materialmente o no. Todos estamos tan expuestos a noticias, información de niños perdidos, secuestrados, abusados, gente desaparecida, mujeres asesinadas, asaltos, balaceras, descuartizados, fosas clandestinas… que es imposible no sufrir, al menos, algún grado de angustia. Y de ahí para adelante los efectos son muchísimos.

Regresando al ejemplo, en LEXIA tenemos bien documentado como cada vez más los niños se ven encerrados entre las cuatro paredes de su casa, su escuela, la oficina de sus padres o la clase extraescolar de la tarde. Cada vez más con actividades dirigidas, controladas y cronometradas, sin espacio a la convivencia libre y desestructurada que tanto necesitan para aprender habilidades sociales y desarrollar su creatividad. Y sí, los papás nos consolamos pensando en que así les estamos dando herramientas para la vida, que están con otros niños (aunque no convivan mucho entre ellos) y que eso es mejor que estar al cuidado de extraños o conectados a una pantalla… pero la verdad es que tampoco nuestros horarios y presión económica nos dejan muchas opciones.

Y entonces tenemos niños que corren contra reloj, sobreestimulados, estresados y que no tienen tiempo de jugar. ¿Por qué? Entre muchas otras razones (tampoco se trata de ser simplista), porque los papás tenemos miedo. Miedo de dejarlos al cuidado de extraños, de conocidos y hasta de familiares. Miedo a que salgan a jugar a casa de algún vecinito, mucho menos pensar en que salgan a la calle o a un parque. Ni pensar en que salgan solos, pero a veces ni estando nosotros con ellos. Nos sentimos insuficientes para protegerlos y en redes sociales se leen infinidad de argumentos del porqué ya no llevarlos al súper o al centro comercial. Los padres sufrimos de miedo al grado de sospechar y estresarnos por una fiesta infantil, y cito uno de los comentarios al post: “prefiero que mi hija se pierda de una fiesta, antes que poner en riesgo su integridad”. Y el comentario se aplica para niñas de 4, igual que de 9 años.

¿Qué le estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué sociedad esperamos que resulte de esta infancia? ¿Qué es peor, la normalización, la paranoia o la negación en la que muchos caemos ante la violencia? ¿Se puede pecar de precavido? ¿En qué momento dejamos que nuestros hijos aprendan a confiar, a socializar, a solucionar sus problemas, a ser, lejos de nuestro ojo vigilante?

¿Se puede vivir una infancia libre en la realidad de nuestro contexto? Yo creo que sí. Que se vale conocer a un niño en el parque e invitarlo a jugar, que corran, se rían y luego pregunten cómo te llamas y en qué escuela vas. Salir caminando por un helado, ir a andar en bici, que se arriesguen a entrar solos a la tienda a comprar unas papas o a ir un par de horas a casa del vecino a jugar. Solo que toca estar alertas, no alejarse sin avisar, no perderlos de vista. Que sepan identificar la sensación de incomodidad, de que algo no es lógico o no está bien y busquen apoyo. Que sepan mentir para protegerse si es necesario y que sepan en quien confiar. Toca enseñarles el teléfono de mamá y papá, caminar los alrededores, que sepan ubicarse, identificar puntos de referencia y llegar. Y cuando tengan la edad suficiente, enseñarles también a usar el transporte público, a ir alerta de quien los rodea, a reaccionar en caso de una emergencia, a fijarse donde están las salidas, a no perder nunca de vista sus bebidas. Y quizá, hasta hablar en familia de qué pasaría si un día vamos en el coche y alguien nos amenaza con un arma. Son medidas de seguridad necesarias en nuestro entorno, pero que no deben incapacitarnos de salir, disfrutar, convivir y reconocer en el otro a un aliado más que a un enemigo. Suena fácil, no lo es. Entre enseñarlos a vivir y enfrentar el mundo que les tocó o hacerlos desconfiados, inseguros o incapaces, la línea es delgadísima.

Nos hace tanta falta la empatía y la compasión. En el miedo en el que vivimos inmersos parece casi imposible acercarnos a ayudar a alguien, levantar la voz o al menos la mirada ante una injusticia.

El miedo nos está alejando de los otros, de los nuestros. Pareciera que la única medida de protección que tenemos es atrincherarnos en nosotros mismos: mi casa, mi familia, los amigos más cercanos. Y es momento de tejer redes, hacer alianza con las familias vecinas, los papás de la escuela, de la clase, de la oficina o del club, generar comunidad, recuperar el espacio público y nuestra tranquilidad. Cuidarnos entre todos y enseñar a cuidar sin miedo.

El tejido social de México no se reconstruirá por mandato político. Claro que hay mucho que hacer respecto a la impunidad, el crimen organizado y la violencia, y debe hacerse en todos los ámbitos. No se trata de hacer apología de la negación, el aquí no pasa nada, el “no lo atraigas” o el “ya chole con eso”. Sí pasa y pasa demasiado, pero justo por eso toca armarnos de valor y formar niños más seguros, alertas, conscientes de su entorno, que sepan actuar y que no duden en tender una mano y abrirse al otro, porque de ellos depende que la sociedad se cure algún día.

No hay mucha esperanza si solo seguimos reproduciendo víctimas del miedo.

@SoyClaudiaAngel

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