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El Blog de LEXIA
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¿Y tú también hiciste memes del hijo de Cuarón?
En el mundo, uno de cada 115 niños tiene autismo; en México, INEGI estima que hay más de 5 mil niños que padecen de este trastorno.
Por Lexia
5 de marzo, 2019
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Por: Francisco González-Cos Márquez (@FrankaGonza)

En México sí existe la discriminación. Todos lo queremos negar, pero está ahí. Somos racistas, clasistas, discriminamos por género, por orientación sexual, por etnia o nacionalidad, por pobreza, por lo que sea. Básicamente si es diferente, si no es “de los míos” o piensa como yo, lo discriminamos, así es la regla. Así vemos las cosas desde siempre. Desde el origen de México como país existe la discriminación y el racismo. Es notable desde esa cultura de superioridad que los españoles establecieron sobre las culturas indígenas nativas, las cuales no tuvieron más que aceptar y enfilarse. El racismo esta incrustado en nuestro sistema educativo nacional, es un problema casi imposible de cambiar y que tomará generaciones erradicar. La discriminación es un defecto del mexicano que, en el aparador de las redes sociales, es cada día más evidente –en el naco, el mirrey, el pobre, el whitexican, el gay, la lesbiana, el provinciano, el chilango, los lords y como estos, miles. Para todos tenemos un término despectivo que los hace inferiores a nosotros. La discriminación en México esta en todas partes y el que dice que no existe, es hipócrita o muy poco autocrítico.

El mejor ejemplo mediático que podemos denunciar ocurrió hace apenas unos días.

El Domingo 24 de febrero se celebró la 91° Entrega de los Premios Óscar, y México y los mexicanos estuvimos en la boca de todos. Se habló de la política del presidente Donald Trump y su muro, así como de la migración de mexicanos a los Estados Unidos, y sobre el racismo y la discriminación innegable que se vive en la sociedad mexicana. Esto último a través de la premiación del proyecto de Alfonso Cuarón, la película “Roma”, que fue galardonada como “Mejor Película Extranjera”, entre otros reconocimientos. Una gran celebración era de esperarse, al ser la primera película mexicana ganadora de este premio, reconociendo la calidad de producción y creatividad en nuestro país. Al mismo tiempo, Alfonso Cuarón fue honrado como “Mejor Director”, extendiendo la hegemonía de directores mexicanos bajo esa categoría. Se reafirmó el talento mexicano alrededor del mundo con el gran trabajo realizado en “Roma”.

Desafortunadamente, no nos quedamos en la celebración. Los mexicanos no nos podemos quedar callados y pareciera que con nada quedamos satisfechos. Siempre hay un inconforme, alguien que critica, que se siente superior, que encuentra “el negro en el arroz”. Y no solo me refiero a la polémica que se generó en torno a Yalitza Aparicio y su nominación, ya extensamente comentada en muchos espacios desde hace algunas semanas. Me refiero a la triste actitud que algunos tomaron respecto a Olmo Teodoro Cuarón.

Olmo es el hijo menor de Alfonso Cuarón, tiene 13 años y tiene autismo. Fue diagnosticado desde los dos años y tiene problemas en ámbitos sociales ya que interpreta de distintas maneras los sonidos, colores, palabras y formas. En un sitio como los Premios Óscar, con cientos de asistentes, presentaciones musicales, luces, movimiento, ruido y entrevistas a participantes, se puede entender que un niño con autismo no se encuentre en un ambiente cómodo y apacible. Pero claramente era algo que podía manejar. Alfonso Cuarón, orgulloso de su hijo y de compartir con él sus logros, lo llevó al evento, le dio un lugar y la posibilidad de vivir esa experiencia. ¿Por qué habría de negársela?

En las redes sociales en México se ridiculizó, se imitó y se ofendió a Olmo Cuarón por las caras y muecas que hacía cada vez que su papá (y, por ende, él también) salían a cámara. Hubo quien, burlón, se atrevió a opinar que Cuarón no merecía ganar el Oscar por la poca seriedad de su hijo, que no estaba respetando a la Academia y que Olmo era el peor invitado que pudo haber llevado el director. Y muchos más, amplificaron esas opiniones, esos memes, esas burlas, ese odio, con sus likes y sus RT.

Y este es el problema. ¿Por qué los mexicanos tendemos a sentirnos superiores? Querer ser más que los demás. Rebajar al prójimo. Juzgar. No darle su lugar. ¿Por qué en México siempre tenemos que reírnos de los que son diferentes? Quisiera pensar que somos un país incluyente. Una sociedad diferente a las demás, una sociedad orgullosa de sus hermanos, amigos, primos, compatriotas. Una sociedad que acepta a migrantes que vienen del sur y buscan hospedarse en nuestro país, que no construye barreras, que acepta a todos como son y de donde son. Pero no es así. Desafortunadamente, discriminamos. Y es tiempo de aceptarlo y hacernos conscientes, porque si no somos capaces de mostrar empatía con Olmo, un chico de 13 años con autismo, no somos capaces de ser humanos, compasivos y fraternos, no somos capaces de enfrentar retos más grandes como la violencia, el abuso y la agresión que respiramos a diario. Para salir adelante como individuos y como país, debemos evolucionar nuestro entendimiento del mundo, del yo y del otro.

Olmo, por ejemplo, no es nada más hijo de un director exitoso, es también muy creativo, tiene su propia perspectiva de la vida y del arte. Los invito a visitar su página personal de Instagram, donde verán que sí, es diferente y eso es bueno. Es único. Quizás antes de juzgar, tenemos que estar abiertos a aprender y sentir más.

¿Por qué somos así?

Por modelos mentales que traemos tatuados en el ADN. Por educación. Por principios o falta de ellos. Pero también por desinformación. Es claro que muchos de los que hicieron memes y ridiculizaron a Olmo Cuarón no sabían de su condición. Hoy ya es complicado encontrar las conversaciones y los chistes en línea, conforme se fue filtrando la información sobre su autismo, fueron desapareciendo los posts y los tuits. La publicación que se hizo más famosa, el gran error del community manager de Cinemex, en minutos fue eliminada. Nos gana el impulso inconsciente de hacer chiste y de ser los primeros, de crear memes de cualquier tragedia, percance, o evento a solo minutos de que suceda. Recordemos los memes del temblor de 2017 o de la tragedia de los huachicoleros este año. No pensamos dos segundos en los afectados o sus familiares, en informarnos o en juntar todos los datos relevantes antes de soltarnos en carcajadas y en tuitazos. Por eso parece imposible evitar escándalos y terminar en situaciones como la de Olmo en los Óscar. Tenemos que aprender a investigar antes de juzgar, a comprender antes de reír, a corroborar antes de creernos todo lo que pasa en las redes y sumarnos a compartir atrocidades.

Afortunadamente, resultó algo bueno de este desastre que nos exhibió tanto como sociedad. Se visibilizó al autismo y a muchos que lo padecen junto con sus familias. En el mundo, uno de cada 115 niños tiene autismo; en México, INEGI estima que hay más de 5 mil niños que padecen de este trastorno. Niños que tienden a ser encerrados en el seno familiar para protegerlos de la crueldad a la que pueden ser sometidos socialmente, por desinformación, por falta de empatía, porque discriminamos todo lo diferente.

Identificar el trastorno a temprana edad ayuda enormemente a que estos niños puedan tener una vida de más calidad, minimizar problemas de socialización y ser personas productivas, funcionales y felices. Alfonso Cuarón tuvo la oportunidad de reconocer la situación de su hijo a los dos años y por lo tanto ha logrado sacarlo adelante a través de atención y terapia personalizada, pero no todos en México gozan de esa suerte.

Si algo me enseñó esta situación es que hay que ser más como Cuarón. Y no me refiero a su éxito y talento creativo. Me refiero al coraje que él y su familia demuestran cada día, enfrentándose a la adversidad e ignorando a los haters. Alfonso puso a Olmo en el spot light más grande del mundo, con todas las miradas y la lupa puesta fijamente sobre él. Y Olmo seguro saldrá fortalecido de esta experiencia. Aceptemos que el Trastorno del Espectro Autista, como muchos otros desórdenes neurobiológicos, existe y es parte de nuestras vidas, y que como sociedad somos corresponsables de su correcta atención y de generar espacios de respeto y sano desarrollo para quienes lo padecen.

Si conoces a alguien con autismo o si, como yo, tienes a algún miembro de la familia que lo padece, recuerda que no solo es cuestión de cobijarlos y protegerlos del mundo en una jaula de cristal. Tenemos que abrirles espacios como lo hizo Cuarón, porque el mundo es también de ellos y hay muchísimo que podemos disfrutar de su visión y unicidad.

Infórmate sobre el Trastorno del Espectro Autista y sobre las iniciativas de inclusión en Iluminemos de Azul , la Clínica Mexicana de Autismo y la Fundación HACE.

México, podemos ser mejores, hagámoslo.

 

@LexiaGlobal

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