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El blog de MSF
Por Médicos Sin Fronteras
Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su... Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin discriminación por raza, religión o ideología política. En reconocimiento a su labor, MSF recibió en 1999 el Premio Nobel de la Paz. Contáctanos en: www.msf.mx en Twitter: @msf_mexico Facebook: www.facebook.com/MSF.Mexico o YouTube: www.youtube.com/user/msfmexico (Leer más)
Adiós a Salomé, luchadora contra el Ébola
Salomé hizo una enorme contribución al trabajo de MSF en los momentos en los que el Ébola atacaba con más fuerza en Liberia y sin duda alguna es la responsable directa de que muchos de los pacientes de nuestra clínica hoy estén curados.
Por Médicos Sin Fronteras
2 de marzo, 2017
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Estamos profundamente tristes y sobrecogidos por la muerte de nuestra excompañera y amiga Salomé Karwah, fallecida en Monrovia pocos días después de haber dado a luz a Salomon, su cuarto hijo.

Conocimos a Salomé cuando entró como paciente en las instalaciones del Elwa-3, nuestro centro de tratamiento de Ébola de Médicos Sin Fronteras en la capital de Liberia.

Después de luchar valientemente contra una enfermedad que mató a sus padres, tíos, primos y una sobrina, regresó pocas semanas más tarde al lugar en donde casi perdió la vida para trabajar con nosotros. Su tarea consistía en proporcionar cuidados y apoyo psicológico a otras personas que sufrían la misma enfermedad que casi acaba con ella. Hace algo más de dos años, cuando le preguntábamos cómo veía su trabajo con MSF, nos decía lo siguiente: “Si un paciente no tiene fuerzas para comer, yo le animo a comer. Si están débiles y no pueden bañarse por sí mismos, yo les ayudo a asearse. Les ayudo con todas mis fuerzas, porque entiendo por lo que están pasando. Yo he sufrido lo mismo que ellos están sufriendo ahora. Por eso sé que lo que más necesitan es sentirse queridos y acompañados”.

La propia experiencia de Salomé con el Ébola le hizo tener una enorme empatía por aquellos pacientes que intentaba sacar adelante a través de una dedicación absoluta y de una profesionalidad encomiable. Todos los que trabajamos con ella recordamos siempre su impresionante fuerza y dedicación y nunca olvidaremos aquella maravillosa sonrisa que nos regalaba cuando las cosas se ponían difíciles. Hizo una enorme contribución al trabajo de MSF en los momentos en los que el Ébola atacaba con más fuerza en Liberia y sin duda alguna es la responsable directa de que muchos de los pacientes de nuestra clínica hoy estén curados.

Salomé Karwah. Foto: Time

Salomé se convirtió también en una figura muy importante en la lucha contra el estigma que sufrían los supervivientes, participando en muchas entrevistas con medios locales e internacionales en las que compartió decenas de veces su terrible experiencia de vida. Aquel fue un paso increíblemente valiente, ya que en el momento que se decidió a darlo, su país y el mundo entero estaban aterrorizados ante el enorme empuje que había adquirido la epidemia. Su valentía ayudó a acabar con muchos de los falsos mitos que rodeaban a la enfermedad y a la reintegración de muchos supervivientes en el seno de sus comunidades. Nuestros pensamientos están con su familia en este momento tan triste y difícil. No te olvidaremos, Salomé. Descansa en paz.

Salome, sobreviviente de Ébola, se volvió cuidadora en MSF. // Foto: Ana Lemos / MSF

En honor a ella, queremos compartir con ustedes la siguiente historia que Salome escribió en octubre de 2014, después de que comenzó a trabajar con MSF. 

 

“Sobreviví al Ébola para ayudar a otros”

Todo empezó con un fuerte dolor de cabeza y fiebre. Más tarde, empecé a vomitar y me dio diarrea. Mi padre se enfermó y mi madre también. Mi sobrina, mi prometido y mi hermana habían caído enfermos. Todos nos sentíamos impotentes.

Mi tío fue el primero de la familia que se contagió del virus. Lo contrajo de una mujer a la que había ayudado a ir al hospital. Se enfermó y llamó a nuestro padre para que lo ayudara y mi padre lo llevó al hospital para que lo atendieran. A los pocos días de su vuelta, nuestro padre también enfermó. Como todos lo cuidamos también nos infectamos.

El 21 de agosto, mi familia y yo nos dirigimos al centro de tratamiento de MSF en Monrovia. Cuando llegamos a la unidad de tratamiento, las enfermeras nos instalaron a mi madre y a mí en la misma tienda. Mi prometido, mi hermana, mi padre y mi sobrina fueron colocados en distintas tiendas. Mi hermana estaba embarazada y sufrió un aborto espontáneo. Tomaron muestras de sangre y esperamos los resultados, tras los análisis de laboratorio me confirmaron que tenía Ébola. Pensé que era el fin del mundo, tenía miedo porque había oído decir a la gente que si tienes Ébola, te mueres. Los análisis del resto de mis familiares también confirmaron que tenían el virus.

Después de pasar unos días en el pabellón de aislamiento, mi condición empeoró. Mi madre también luchaba por su vida, estaba en unas condiciones terribles. En ese momento, las enfermeras decidieron transferirme a otra tienda. Para entonces, apenas comprendía lo que ocurría a mí alrededor. Estaba inconsciente e incapacitada. Las enfermeras tenían que bañarme, cambiarme la ropa y alimentarme. Vomitaba constantemente y me sentía muy débil. Sentía fuertes dolores. La sensación era abrumadora. El Ébola es como una enfermedad de otro planeta. Causa tanto dolor, tan intenso, que puedes sentirlo en los huesos. Nunca había sentido un dolor como ése en toda mi vida.

Mi madre y mi padre murieron mientras luchaba por mi vida. No sabía que habían muerto. No fue hasta una semana después, cuando ya empezaba a recuperarme, cuando las enfermeras me avisaron que habían fallecido. Me entristecí, pero tuve que aceptarlo. Estaba consternada tras haber perdido a mis padres; pero Dios me había salvado de la enfermedad; tanto a mi como a mi hermana, mi sobrina y mi prometido.

A pesar de la tristeza por la muerte de mis padres, estoy feliz por estar viva. Dios no habría permitido que pereciera toda la familia, nos mantuvo con vida por un propósito. Le agradezco a los trabajadores del centro de tratamiento por sus cuidados, son muy buena gente. Se preocupan realmente por sus pacientes. El cuidado, la medicación y el darse ánimo uno mismo pueden ayudar a los pacientes a sobrevivir.

Cuando una persona enferma por el virus del Ébola, debe alentarse a sí misma: tomar los medicamentos, beber suficientes líquidos, ya sean soluciones para rehidratación oral, agua o zumos; pero el organismo no debe quedarse vacío. Incluso si te traen la comida y no tienes hambre, por lo menos, tómate la sopa. Tras 18 días en el centro de tratamiento, las enfermeras vinieron una mañana, me tomaron muestras de sangre y las llevaron a analizar al laboratorio. Ese día, como a las 5, regresaron. Venían a avisarme que estaba lista para volver a casa porque el resultado de mis análisis era negativo.

Entonces sentí que mi vida comenzaba de nuevo. Me fui a casa contenta, a pesar de haber perdido a mis padres.

Llegué a mi hogar sintiéndome feliz, pero mis vecinos seguían teniendo miedo de mí. Algunos de ellos me dieron la bienvenida, otros continuaban temerosos de estar cerca, decían que todavía tenía el Ébola. Había un grupo en particular que no dejaba de llamar a mi casa ‘la casa del Ébola’. Pero, para mi sorpresa, una de las mujeres del grupo vino a mi casa para pedirme que llevara a su madre al centro de tratamiento porque estaba enferma por el virus. Lo hice y me sentí feliz porque, al menos, ella sabe ahora que nadie puede ir al supermercado a ‘comprar’ Ébola. Si alguien se contagia, no es bueno estigmatizarlo porque nadie sabe quién será el siguiente en contraer el virus.

Ahora, he regresado al centro de tratamiento, donde ayudo a la gente que está sufriendo por el virus a recuperarse. Trabajo como consejera de salud mental. Me causa placer ayudar a la gente y eso es lo que me trajo de vuelta. Las labores que realizo en este lugar pueden ayudar a otros a sobrevivir.

Cuando estoy de turno, aconsejo a mis pacientes, hablo con ellos y les animo. Si uno de ellos no quiere comer, le aliento para que lo haga. Si están débiles y no pueden bañarse solos, les ayudo. Lo hago con toda mi fuerza porque entiendo su experiencia, he pasado por lo mismo.

Me siento feliz en mi nuevo papel. Trato a mis pacientes como si fueran mis hijos, converso con ellos sobre mis propias experiencias. Les cuento mi historia para motivarles y que sepan que también pueden sobrevivir. Eso es importante y creo que va a ayudarles.

Mi hermano mayor y mi hermana están felices de que trabaje aquí. Me apoyan al cien por cien. Aunque nuestros padres no sobrevivieron al virus, podemos ayudar a otras personas a recuperarse.

No te olvidaremos, Salomé. // Foto: Adolphus Mawolo / MSF

 

@MSF_Mexico

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