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El blog de MSF
Por Médicos Sin Fronteras
Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su... Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin discriminación por raza, religión o ideología política. En reconocimiento a su labor, MSF recibió en 1999 el Premio Nobel de la Paz. Contáctanos en: www.msf.mx en Twitter: @msf_mexico Facebook: www.facebook.com/MSF.Mexico o YouTube: www.youtube.com/user/msfmexico (Leer más)
Bolívar, Venezuela: Ser testigo de las necesidades y actuar sobre ellas
La calidad del agua y la gestión de residuos no suelen ser lo primero que se nos viene a la mente cuando un país se enfrenta a una crisis política y económica. Pero allí, en una pequeña región venezolana, pude ver el impacto directo que esto podría tener en la salud de su población.
Por Médicos Sin Fronteras
3 de octubre, 2019
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La actual crisis política, económica y social en Venezuela ha tenido un alto costo en el sistema de salud del país. Estifanos Debasu, especialista de Médicos Sin Fronteras (MSF) en agua, higiene y saneamiento, viajó recientemente a Venezuela. A continuación describe la situación que presenció en uno de los estados más grandes del país, Bolívar.

Al crecer en Etiopía, no había escuchado mucho sobre Venezuela a lo largo de mi vida. Recuerdo que me dijeron en la escuela que era uno de los lugares más ricos de Sudamérica, donde todo era gratis, pero eso es todo. Llegué a aprender mucho más sobre este país en los últimos años, cuando fue golpeado por una grave crisis política y económica y cuando la situación finalmente llegó a los titulares a nivel internacional. Entonces, cuando abordé un avión para Caracas a principios de este año, supe que la situación allí sería diferente de lo que me habían contado cuando era niño. Simplemente no sabía cuan crítica sería.

Fui enviado a Venezuela por Médicos Sin Fronteras (MSF) para llevar a cabo una tarea bastante directa: tenía que visitar algunas de las actividades médicas de la organización en el país y evaluar cuáles eran las necesidades más urgentes en términos de agua, higiene y saneamiento, mi especialidad, en un área cercana a donde estaban localizados nuestros proyectos. Desde Caracas, me dirigí directamente al estado de Bolívar. Allí, MSF trabaja en Sifontes, un área minera con condiciones casi perfectas para la reproducción de mosquitos. Y uno podría sorprenderse por el papel que estos pequeños insectos podrían desempeñar en una crisis nacional…

El efecto mosquito

Hace cincuenta años, Venezuela era uno de los países que lideraba la batalla contra la malaria en América del Sur. Pero la crisis actual afectó profundamente el sistema de salud de Venezuela. Mientras tanto, las actividades mineras aumentaron en los últimos años: surgieron nuevos mecanismos para superar el colapso de la economía venezolana y más personas comenzaron a confiar en el oro, el coltán y los diamantes en lugar del devaluado bolívar venezolano. En el estado homónimo, el área minera de Sifontes se había convertido en el epicentro de una crisis de malaria. Tan pronto como puse un pie allí, entendí que este lugar era perfecto para que pulularan los mosquitos portadores de malaria: estaba lleno de aguas estancadas y albergaba a miles de personas que vivían en condiciones precarias (algunas incluso dormían en hamacas debajo de los árboles). Muchas de ellas podrían infectarse fácilmente con la enfermedad. E históricamente, esta área siempre había sido testigo de una alta movilidad de su población, lo que significaba que la malaria podría propagarse rápidamente.

Lo que me llamó la atención de inmediato fue que la población de Sifontes era consciente de los riesgos que representaba la malaria, pero simplemente no podían permitirse prevenirla o tratarla. De hecho, las mosquiteras para protegerse eran extremadamente caras. Tan caras que aprendí que hasta el año pasado, la gente tenía que gastar 4 o 5 gramos de oro para comprar una1. Cuando MSF comenzó a intervenir en el estado de Bolívar, en colaboración con el Ministerio de Salud, y distribuyó decenas de miles de mosquiteros de forma gratuita en 2018 y principios de 2019, los costos de los mosquiteros vendidos en el mercado se redujeron enormemente. MSF, también en asociación con las autoridades locales de salud, continuó trabajando con un enfoque integral en su respuesta médica que incluía la promoción de la salud, las pruebas y el tratamiento de los casos de malaria en el área, la fumigación de los hogares y la atención médica específica para los casos graves. Para entonces, muchas personas ya no necesitaban pagar para protegerse de la enfermedad. Y en unos pocos meses, fuimos testigos de una caída de los casos de malaria en Bolívar (no solo por nuestra acción, sino también por otros factores, como el cambio de estación).

Mi historia podría terminar aquí, y la intervención de MSF en este estado venezolano podría verse fácilmente como un éxito médico. Pero la verdad es que se debe hacer mucho más para reducir el riesgo de propagación de la malaria en el estado e incluso a nivel del país. Y aunque los resultados de la intervención de MSF son importantes, solo mencionar esto no haría justicia a lo que presencié en mi viaje. Hay que poner mucho en marcha para garantizar que las personas que viven en Bolívar puedan ser tratadas adecuadamente, ya sea que estén afectadas por la malaria o que sufran cualquier otro tipo de enfermedad.

Situación médica alarmante

Durante mi tiempo en Sifontes y sus alrededores, visité uno de los centros médicos en los que MSF trata la malaria. Era un hospital ambulatorio de 12 camas para una población de decenas de miles de personas. El lugar apenas funcionaba: cuando estaba disponible, el agua era escasa y la electricidad también era un gran problema. Unas semanas antes de mi llegada, el personal me dijo que incluso habían tenido que dejar de trabajar durante días, porque había un cadáver en una habitación abierta del ambulatorio, sin aire acondicionado. Nadie tenía el equipo para recogerlo y retirarlo adecuadamente. La gestión de residuos allí también era inexistente. Pude ver ratas entrando y saliendo del edificio, agujas en el suelo y montones de desechos médicos no tratados a las afueras de las instalaciones.

Mi visita a un segundo hospital en Bolívar, unos días después, solo confirmó mi creciente preocupación. Esta vez, era un centro médico más grande, utilizado cuando los hospitales y centros de salud más pequeños de la región necesitaban “referir” casos que no tenían la capacidad de tratar por sí mismos. Tan pronto como entré en el hospital, noté que los pisos no habían sido limpiados por meses. Había manchas de sangre en todas partes… Allí, los grifos de agua no funcionaban en absoluto, excepto uno fuera de las instalaciones. Al igual que en el centro ambulatorio que había visitado anteriormente, se podían ver pilas de desechos médicos (a veces incluyendo partes del cuerpo) al lado de la entrada trasera. Le pregunté a uno de los médicos: “¿Qué hacen con eso?”. Suspiró y respondió: “Hace quince años, solía haber una gestión centralizada de los desechos. Pero ahora lo dejamos afuera, con el resto de la basura”. Me sorprendió. Nunca en mi vida había visto una situación tan alarmante. No era que estas personas no estuvieran haciendo su trabajo correctamente: el personal médico y paramédico estaba haciendo todo lo posible para brindar atención clínica a los pacientes. Pero el hospital era simplemente disfuncional porque lo que se necesitaba, como el suministro básico de agua, ya no estaba disponible.

La calidad del agua y la gestión de residuos no suelen ser lo primero que se nos viene a la mente cuando un país se enfrenta a una crisis política y económica. Pero allí, en una pequeña región venezolana, pude ver el impacto directo que esto podría tener en la salud de su población. En el área minera de Sifontes, las instalaciones de salud estaban en mal estado, los mosquitos portadores de malaria estaban por todas partes y el riesgo de contaminación del agua era casi inevitable. Muchas personas con las que hablé se quejaban de dolor de estómago y diarrea y me sorprendió que aún no hubiera habido un gran brote.

Cuando regresé a la sede de MSF en Europa, inmediatamente me puse a hablar con mis colegas sobre la necesidad de mejorar tanto el estado de las instalaciones médicas como el sistema de suministro de agua en Bolívar. Siempre debemos hacer todo lo posible para abordar una situación humanitaria de forma completa, para que tenga un impacto real en la vida cotidiana de las personas y para aliviar verdaderamente su sufrimiento.

En el transcurso de pocas semanas, además de nuestra respuesta a la malaria, decidimos aumentar nuestro apoyo en las dos instalaciones médicas que había visitado y cavar pozos para que las personas pudiesen acceder al agua potable en esa región de Bolívar. Este es tan sólo un pequeño paso, pero aun así significa algo. Este año también estamos ampliando considerablemente nuestras actividades en otros estados del país. Y espero que podamos hacer aún más en los próximos meses o años. Porque el pueblo de Venezuela lo necesita desesperadamente.

A Venezuelan woman with her children during a medical consultation with MSF doctor Mariana Valente. The woman suffers from stomachache. “We see many Venezuelan migrants who are homeless or live in places with very poor sanitation and hygiene conditions. Therefore, there are many cases of diarrhea, scabies and intestinal parasitosis, for example”, says Dr. Mariana.

Médicos Sin Fronteras (MSF) ha estado trabajando en Venezuela desde 2015. Nuestros equipos trabajan actualmente en la capital, Caracas, y en los estados de Bolívar, Sucre, Amazonas y Anzoátegui. Entre 2016 y principios de 2018 también brindamos atención médica en Maracaibo, en el noroeste del país. MSF es una organización médico-humanitaria internacional e independiente. Nuestro trabajo en Venezuela está financiado exclusivamente por donaciones privadas de personas de todo el mundo.

@MSF_Mexico

 

1 En ese momento, ese monto equivalía a 150 dólares estadounidenses.

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