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Detengan los bombardeos contra los hospitales
El proceder de la guerra actual no tiene límites. Es una carrera hacia el precipicio. El asalto implacable a Alepo, Siria, por parte de las fuerzas rusas y sirias de los últimos días —sin posibilitar evacuaciones y dejando los cadáveres sin enterrar— da fe de ello.
Por Médicos Sin Fronteras
29 de septiembre, 2016
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Por: Joanne Liu

La semana pasada, el mundo fue testigo de un salvaje ataque contra un convoy humanitario de Naciones Unidas y la Media Luna Roja Árabe Siria, y de un segundo ataque contra un hospital cercano a Alepo.

El secretario general, Ban Ki-Moon, afirmó: “Cuando creemos que la situación no puede empeorar, el listón de la depravación se hunde aún más”.

En efecto, se hunde.

El proceder de la guerra actual no tiene límites. Es una carrera hacia el precipicio. El asalto implacable a Alepo por parte de las fuerzas rusas y sirias de los últimos días —sin posibilitar evacuaciones y dejando los cadáveres sin enterrar— da fe de ello.

El 3 de mayo, este Consejo aprobó por unanimidad la resolución 2286.

Ustedes, miembros del Consejo, prometieron proteger a los civiles y los servicios médicos que estos necesitan para sobrevivir.

Ustedes aprobaron la resolución a raíz de la destrucción del hospital Al Quds de Alepo por parte del Gobierno sirio y sus aliados. Fue el último de una serie de sobrecogedores ataques en la misma línea.

Cinco meses después, la resolución no ha conseguido cambiar nada sobre el terreno.

Este fracaso refleja la ausencia de voluntad política entre los Estados miembros del Consejo que luchan en las coaliciones y entre aquellos que consienten sus acciones.

No podemos seguir esperando.

Cumplan sus promesas.

Joanne Liu ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Joanne Liu ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Desde que se aprobó esta resolución, sin ir más lejos, Médicos Sin Fronteras ha seguido sufriendo terribles ataques.

A principios de agosto, nuestro hospital en Abs, Yemen, fue destruido en un ataque aéreo de la Coalición liderada por Arabia Saudita. Murieron 19 personas, entre ellas pacientes y trabajadores sanitarios.

Las coordenadas GPS de este hospital, que estaba plenamente operativo, habían sido comunicadas a las fuerzas beligerantes, incluyendo al ejército saudí.

Dio igual.

El de Abs fue el cuarto ataque de este tipo contra instalaciones de Médicos Sin Fronteras en Yemen en menos de un año. En total, en estos ataques murieron 32 personas y otras 51 resultaron heridas. Tuvimos que evacuar a nuestros equipos del norte del país, dejando atrás a miles de personas con una atención médica muy limitada, atención que los devastadores bombardeos saudíes redujeron aún más después. La negligencia de la Coalición liderada por Arabia Saudita y sus oponentes es tal, y sus reglas de combate son tan laxas, que esta guerra realmente sobresale en lo negativo.

Muchos ataques son barridos debajo de la alfombra, como errores cometidos en la niebla de la guerra.

Nosotros rechazamos la palabra “error”.

En Siria, los ataques no dan tregua. Los médicos de Alepo retiran la ventilación mecánica a los pacientes más débiles para que otros tengan una oportunidad. Pero los respiradores se inventaron para los más débiles. Esto es práctica médica a la desesperada.

Sitiados, nuestros colegas sirios van a quedarse hasta el final. Nos dicen que morirán allí, con sus pacientes. Cuando les llegue la hora.

Deploramos la falta de control sobre las hostilidades. Esta ley de la selva es una elección consciente. Hay método en esta locura.

Tanto en Yemen como en Siria, cuatro de los cinco miembros permanentes de este Consejo están implicados de alguna forma en estos ataques.

En esta era de guerras modeladas por el contraterrorismo, hay licencia para matar.

Les llamamos, de nuevo, a revocar esta licencia.

Revóquenla, independientemente de si sus enemigos reciben o no la atención médica que ustedes atacan.

Porque arrojar la imparcialidad médica por la ventana también se está convirtiendo en una nueva forma de guerra. Las necesidades humanitarias y las acciones militares deben estar equilibradas.

Los ataques a hospitales y a los trabajadores sanitarios son una línea roja no negociable. Y así debe establecerse —en términos claros y unívocos— en todos los manuales militares, reglas de combate y procedimientos estándares de operaciones.

Con demasiada frecuencia, informaciones de inteligencia sin verificar o rumores opacos sobre que un hospital aloja “un centro de mando y control” son justificación suficiente para convertirse en blanco.

Para acabar con esto, deben rendirse cuentas.

Deben realizarse investigaciones creíbles.

Y estas no deben quedar solo en manos de los perpetradores.

Pronuncio estas palabras casi un año después de que las fuerzas de Estados Unidos destruyeran el hospital de Médicos Sin Fronteras en Kunduz, Afganistán. Seguimos esperando una investigación independiente sobre la muerte de los 42 pacientes, trabajadores sanitarios y cuidadores que, simple y llanamente, recibían y daban atención médica.

Les llamamos a respaldar e implementar de inmediato las recomendaciones del Secretario General, en especial el llamamiento a que se pongan en marcha investigaciones independientes y efectivas.

También pedimos urgentemente al Secretario General que designe a un representante especial que ostente el mandato de documentar e informar sobre los ataques a instalaciones médicas, personal sanitario y pacientes.

La impunidad debe acabarse. Y solo se acabará cuando se ejerza presión política y se exija rendición de cuentas.

En pocas palabras, cumplan su resolución.

Detengan los bombardeos contra los hospitales.

Detengan los bombardeos contra el personal sanitario.

Detengan los bombardeos contra los pacientes.

 

 

* Joanne Liu es presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (@MSF_Mexico)

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