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Por Médicos Sin Fronteras
Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su... Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin discriminación por raza, religión o ideología política. En reconocimiento a su labor, MSF recibió en 1999 el Premio Nobel de la Paz. Contáctanos en: www.msf.mx en Twitter: @msf_mexico Facebook: www.facebook.com/MSF.Mexico o YouTube: www.youtube.com/user/msfmexico (Leer más)
Emergencias en medio del conflicto en la República Centroafricana
El recrudecimiento de la violencia en la República Centroafricana ha afectado a comunidades enteras, obligando a unas 280 mil personas a huir de sus hogares desde el pasado mes de diciembre. MSF ha atendido a muchas personas que habían sufrido intimidaciones y secuestros, que habían presenciado el asesinato de familiares amigos o que habían sido agredidas.
Por Médicos Sin Fronteras
14 de mayo, 2021
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Desde finales de diciembre, al calor de las elecciones, la situación en la República Centroafricana (RCA) se ha deteriorado rápidamente debido a la escalada del conflicto entre una coalición de grupos armados no estatales y las fuerzas gubernamentales apoyadas por tropas extranjeras.

Médicos sin Fronteras ha desplegado equipos de emergencia en todo el país para ayudar a las personas afectadas por la violencia, que viven bajo un temor constante de ser atacadas por cualquiera de los bandos armados. Nuestros equipos en Bossembélé, Grimari e Ippy, tres zonas golpeadas por la guerra, han recogido testimonios de multitud de civiles que han sido intimidados, agredidos, o secuestrados o que han visto cómo sus familiares o amigos han sido asesinados. También han visto decenas de aldeas que han sido saqueadas y destruidas.

Cientos de miles de personas desplazadas, pérdida de medios de vida y trauma

El recrudecimiento de la violencia en la República Centroafricana ha afectado a comunidades enteras, obligando a unas 280.000 personas a huir de sus hogares desde el pasado mes de diciembre1. MSF ha atendido a muchas personas que habían sufrido intimidaciones y secuestros, que habían presenciado el asesinato de familiares amigos o que habían sido agredidas. Sus equipos han visitado a lo largo de estos meses decenas de aldeas que han sido saqueadas y destruidas.

Algunas comunidades han sido han sufrido terribles abusos y han sido particularmente estigmatizadas, como los grupos musulmanes y peuls. La gente se ve a menudo obligada a huir con lo puesto y dejando todo atrás. Algunos buscan refugio en campamentos improvisados ​​o en edificios en las zonas urbanas; otros se esconden en el bosque.

En Grimari, en el centro de la República Centroafricana, unas 8.000 personas han buscado refugio frente al hospital local desde finales de diciembre. A mediados de febrero, en el plazo de muy pocos días, otros 3.000 desplazados llegaron hasta allí desde zonas cercanas.

Cerca de 1.200 personas se refugiaron cerca del hospital de Bossembélé, en el oeste, mientras que el resto de los 80.000 habitantes de la localidad se alejaron de la carretera principal que cruza la población y permanecieron hasta ocho semanas en el bosque. Los equipos de MSF también encontraron a otras 3.600 personas desplazadas entre la localidad de Ippy y sus alrededores.

“Escuchamos rumores de la llegada (de hombres armados) y huimos con nuestras mujeres, niños y algunas pertenencias, incluidas las cosechas”, explica Bruno, oriundo de Ngreko, un pueblo cerca de Grimari. “Nos querían obligar a combatir de su lado”. Bruno fue capturado mientras estaba escondido en el bosque con otras dos personas de su localidad. Fueron tomados como rehenes, golpeados brutalmente y abusados sexualmente.

Para muchos, la violencia ha afectado gravemente sus medios de vida. El ganado ha muerto o ha sido robado por los grupos armados. Los agricultores no han podido trabajar en los campos debido a la inseguridad o porque han tenido que abandonar sus aldeas. Otros han visto sus casas quemadas o destruidas.

“Dijeron que no habían venido a hacernos daño, que solo pretendían quedarse con nuestras propiedades. Nos quitaron todo, destruyeron todo lo que teníamos. Quemaron incluso nuestros campos”, lamenta Sylvie, madre de cinco niños y natural de Grimari.

No hay medios suficientes para tratar a la enorme cantidad de heridos

El 28 de diciembre, un ataque en Grimari contra un camión que transportaba civiles mató a varios pasajeros, incluido un trabajador de MSF, e hirió a varios más2. Un equipo de MSF evacuó a los heridos que precisaban de intervenciones quirúrgicas hasta el hospital apoyado por la organización en Bambari, a 75 kilómetros de distancia, ya que el hospital de Grimari no tenía ni el personal ni los suministros para tratarlos adecuadamente.

Los combates continuaron en los meses siguientes, cobrándose un precio considerable entre la población civil. El 25% de las personas que presentaban heridas de guerra y que fueron tratadas por los equipos de MSF en Bambari procedían de Grimari y sus alrededores.

También se han producido intensos combates en Bossembélé, especialmente en los alrededores de Boali, donde una central hidroeléctrica proporciona el 80% de la electricidad utilizada en la capital de la RCA, Bangui. Sin embargo, igual que en Grimari, las personas con heridas de guerra no pudieron ser tratadas en Bossembélé debido a la falta de personal y equipo adecuado. Sesenta y seis pacientes tuvieron que ser tratados en el hospital apoyado por MSF en Bossangoa, 147 kilómetros al norte de Bossembélé.

En Ippy, la situación que se encontraron los trabajadores de MSF era similar. EURECA, el equipo móvil de emergencias de la organización, trató a nueve personas con heridas de guerra, incluidos dos casos graves. Un paciente tuvo que ser trasladado a un hospital apoyado por MSF en Bria para ser operado.

En respuesta a esta persistente violencia, MSF reforzó la capacidad de los hospitales de Grimari, Bossembélé e Ippy a través de planes para el manejo de incidentes con víctimas masivas, la capacitación del personal del Ministerio de Salud y de otras ONG y la donación de medicamentos esenciales. Esto servirá para garantizar que los equipos médicos puedan responder por sí mismos en el caso de que se incremente de nuevo la llegada de pacientes heridos y para estabilizar y tratar a entre 20 y 30 personas.

Saqueos y destrucción generalizada de los centros de salud

La violencia de los últimos meses ha dañado todavía más a un sistema de salud que ya se encontraba en un estado muy precario. Los centros de salud apoyados por las ONG en el área alrededor de Grimari, así como sus bases, fueron saqueados después de que los trabajadores fueran evacuados temporalmente durante el pico de intensidad de los combates.

El conflicto, así como los actos de violencia directa contra la misión médica, han interrumpido gravemente el suministro de servicios de salud. Como resultado, la mayoría de los centros de salud cercanos a Ippy se han quedado sin medicamentos esenciales, incluidos los necesarios para tratar las principales causas de muerte en el país, como la malaria. En Kouchou, un pueblo cerca de Ippy, el personal de MSF encontró el centro de salud completamente saqueado y destruido.

Lo mismo sucedió en Bossembélé, donde muchos centros de salud fueron saqueados, a menudo más de una vez y por todas las partes del conflicto. Para intentar poner a salvo sus vidas, el personal médico, al igual que muchos habitantes de la localidad, se vio obligado a esconderse en el bosque. Diferentes grupos armados de la zona utilizaron las estructuras sanitarias como bases temporales.

El personal de los centros de salud de toda la región tendrá ahora que empezar de cero una vez más, ya que se han muchos medicamentos, materiales médicos, muebles, paneles solares y neveras han sido robados o han sufrido importantes daños.

“En Boali, un pequeño pueblo cerca de Bossembélé, encontramos las paredes y los techos dañados por agujeros de bala. En las paredes había manchas de sangre”, afirma Renate Sinke, coordinadora de emergencias de MSF. “Exigimos a todas las partes del conflicto que respeten y protejan en todo momento las instalaciones médicas”.

Las necesidades sanitarias y humanitarias que siguen sin cubrir son enormes

En respuesta al deterioro de la situación, MSF ha puesto en marcha clínicas móviles junto a centros de salud, escuelas y campamentos de desplazados. En Grimari y Bossembélé, los equipos de emergencia de MSF gestionaron clínicas móviles entre enero y marzo. En Ippy y las aldeas próximas, el equipo EURECA llevó a cabo clínicas móviles desde principios de febrero hasta principios de abril y planea hacer visitas de seguimiento para monitorear la situación y llegar a otras aldeas desde allí.

Los equipos de MSF realizaron 5.307 consultas médicas entre diciembre y abril, centradas en niños menores de cinco años, mujeres embarazadas y casos de urgencia. Muchas de las personas atendidas por MSF necesitaban asistencia médica urgente.

En Grimari y Bossembélé, más de la mitad de los pacientes que nuestros equipos trataron tenían malaria (59%), una de las principales causas de muerte y principal motivo de consulta en todo el país. Otros pacientes tenían parasitosis, enfermedades diarreicas e infecciones del tracto respiratorio.

“He estado enferma desde que huimos al monte. Tengo frío todo el tiempo y tengo dolores en todo el cuerpo. Vomito constantemente y tengo diarrea. Las plantas, las medicinas tradicionales, me ayudaron durante las dos o tres semanas que estuvimos en el bosque”, explica Thérèse, una mujer desplazada en Grimari que lamentablemente no formó parte de los 2.197 niños, mujeres embarazadas y casos de emergencia que recibieron tratamiento a través de la clínica móvil de MSF en ese lugar. “Cuando llegué aquí, mi condición empeoró. No puedo ir al hospital porque no tengo dinero, lo perdimos todo”.

El establecimiento de sistemas de agua potable y saneamiento fue una parte importante de la respuesta. Los equipos de MSF instalaron letrinas y duchas en los complejos médicos de Grimari y Bossembélé donde las personas se refugiaron y proporcionaron agua potable. En Ippy y su periferia también se llevaron a cabo actividades de agua y saneamiento en los siete centros de salud visitados y evaluados por el equipo de EURECA.

Saidou Ibrahim, un niño de 10 años de Ippy, se había caído años atrás mientras jugaba con sus amigos. Lo que al principio era una simple herida, había acabado por infectarse y complicarse a lo largo de los años. El dolor le impedía caminar y hablar. Al principio, sus familiares estaban ayudando a pagar el tratamiento que le dieron en el hospital, pero luego tuvieron que dejar de hacerlo porque no podían permitírselo.

La familia recurrió en vano a la medicina tradicional durante casi cuatro años. Cuando el equipo de MSF se topó con Saidou en un asentamiento de desplazados, el niño estaba en muy malas condiciones. Lo derivaron al hospital y allí le cambiaron el vendaje cada tres días durante más de dos semanas. Ahora se está recuperando lentamente, pero sin ese tratamiento habría perdido la pierna con total seguridad.

Más allá de las necesidades de salud, el problema radica en que a menudo no hay otras organizaciones humanitarias presentes en las zonas afectadas por la violencia. Como resultado, muchas personas desplazadas carecen de protección, alimentos, refugio adecuado o agua potable.

Aumento de la violencia sexual y de las violaciones masivas

Como suele ocurrir en los conflictos, la violencia sexual se ha generalizado. “Las mujeres son particularmente vulnerables y se han visto atrapadas en violaciones masivas perpetradas por los grupos armados”, denuncia Narin Fandoglu, coordinadora del equipo de emergencias EURECA.

En Ippy y sus alrededores, MSF proporcionó asistencia médica y psicológica a 29 sobrevivientes de violencia sexual. Entre estas personas había 21 mujeres que fueron agredidas en dos violaciones masivas, que tuvieron lugar en el mismo lugar y con solo dos semanas de diferencia.

En Grimari y Bossembélé, MSF trató a 16 supervivientes de violencia sexual. También capacitamos al personal del hospital para responder a pacientes que han sufrido violencia sexual y donamos medicamentos y materiales para apoyar este servicio.

Menos de la mitad de las supervivientes atendidas por el personal de MSF llegaron dentro de las 72 horas posteriores al evento. “Es preocupante, ya que recibir atención médica en los primeros tres días después de una agresión sexual reduce en gran medida el riesgo de embarazos no deseados y de transmisión de enfermedades como el VIH. Pero esto es sólo la punta del iceberg: muchas mujeres no acuden a nosotros porque temen represalias, ya sea por parte de sus agresores o de la propia comunidad”, señala Narin. “Además, el trámite legal es un proceso largo al que no se puede acceder desde las provincias y esto hace que la gente al final no denuncie”.

En Grimari, MSF organizó discusiones grupales para concienciar sobre la situación y reducir el estigma dentro de la comunidad.

MSF ha trabajado en la República Centroafricana desde 1997. Actualmente gestiona 13 proyectos estables en Bangui, Bria, Bangassou, Bambari, Kabo, Batangafo, Paoua, Bossangoa y Carnot, y cuenta con un equipo de emergencia móvil, el EURECA. Tras el empeoramiento de la situación a finales de 2020, MSF ha garantizado la continuidad de la atención en todos los proyectos y ha puesto en marcha intervenciones de emergencia en zonas afectadas por el conflicto fuera de las zonas de trabajo habituales: en Bossembélé, Bouar, Grimari, Mbaiki, Damara, Boali, Dékoa, Liton, Kouango e Ippy. Desde que comenzó este nuevo ciclo de violencia, más de 400 pacientes heridos de guerra han sido tratados en instalaciones apoyadas por MSF en todo el país.

 

 

1 Hay 738.300 desplazados en RCA, incluidos 164.400 después de la crisis electoral, y 666.400 refugiados centroafricanos en países vecinos, de los que 114.932 han huido desde diciembre.

2 Disponible aquí.

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