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El blog de MSF
Por Médicos Sin Fronteras
Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su... Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria internacional que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin discriminación por raza, religión o ideología política. En reconocimiento a su labor, MSF recibió en 1999 el Premio Nobel de la Paz. Contáctanos en: www.msf.mx en Twitter: @msf_mexico Facebook: www.facebook.com/MSF.Mexico o YouTube: www.youtube.com/user/msfmexico (Leer más)
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María Elena tiene 45 años y he trabajado con MSF por 18 años, organización que considera auténtica, honesta, que busca trabajar ahí donde está la necesidad, sin una agenda política, sin una agenda escondida, sin influencias de ningún gobierno.
Por Médicos Sin Fronteras
15 de septiembre, 2016
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María Elena Ordoñez Ramos nació en Guatemala, pero proviene de familia hondureña. “Toda mi educación fue en Honduras, estudié Derecho Internacional en la Universidad Autónoma de Honduras y trabajé nueves meses en la Corte Suprema de Justicia de Honduras”. Después de nueve meses en la Corte Suprema se dio cuenta de que no quería trabajar en Derecho porque, según cuenta: “vi corrupción como para tener para el resto de mis días”. Fue entonces cuando se topó con un anuncio de MSF en el periódico, “yo los conocía por unas clases de francés que tomé. Entonces me generó muchísima emoción, arreglé mi currículo lo más que pude, porque buscaban una asistente administrativa y yo acababa de graduarme en Derecho Internacional; no era el mejor C.V.”, cuenta. Sin embargo, el hecho de que hablara inglés y francés y que conociera la organización, ayudó a que la contrataran inmediatamente. “Empecé como asistente de administración en junio de 1998. Me contrató MSF con un proyecto de prevención y educación en VIH/Sida”.

 

¿Cuánto tiempo duraste en el puesto de asistente administrativa?

A los cuatro meses de trabajar como asistente administrativa sucedió en mi país el huracán Mitch. Fue increíble pues nunca en la historia de Honduras había pasado algo tan terrible. El huracán fue devastador, afectó al 90 % del territorio con daños que hicieron retroceder el desarrollo del país en 10 años, mató a 5 mil 657 personas y dejó a un millón 500 mil damnificados. Estar con Médicos Sin Fronteras tratando de ayudar y ver a mi país hecho pedazos fue una experiencia única que me convenció del valor que tenía esta organización para las situaciones de desastres naturales y de tragedias. Trabajé entonces con el equipo de emergencias. Primero eran cinco expatriados y en menos de dos semanas teníamos 70 expatriados. Teníamos tres carros y luego en tres semanas teníamos 35 carros funcionado por todos lados; teníamos dos helicópteros funcionando todos los días para ir a rescatar a la gente que estaba en los techos de las casas. Hicieron unas operaciones increíbles. El hospital escuela estaba sin agua por lo que MSF trabajó para reconectarla. Fue una catástrofe muy grande, muy fuerte y creo que nunca en mi vida he trabajado tanto. Dormíamos en la oficina porque se habían caído los puentes de la ciudad y no lográbamos atravesarla para ir a ver a nuestras familias. Fue una prueba muy grande para mí como persona y profesional pero resultó una experiencia riquísima de saber el potencial que tienes

¿Qué siguió en tu carrera humanitaria después del huracán Mitch?

Empezaron los proyectos post emergencia y trabajé hasta el año 2000 en MSF Honduras. Luego MSF me ofreció ser expatriada porque mencionaron que tenía un diploma universitario, experiencia de dos años en MSF, los idiomas… En ese momento me dio mucho miedo la vida de expatriada. Yo dije: la verdad tengo una vida muy linda en Honduras, una familia grande, amigos y yo veo que sus expatriados son un poco monotemáticos y antisociales. Son extranjeros por donde quiera que vayan y si se regresan a su pueblo también son extranjeros. A mí me pareció una situación angustiante en ese momento porque no quería esa vida para mí. Andar de arriba abajo sin patria sin casa, sin nada. Me pareció un sacrificio grande.

¿Qué te hizo cambiar de idea?

Dejé de trabajar un mes para MSF y luego sucedió el terremoto de El Salvador en el año 2000. Me llamaron cuando sucedió el primer terremoto de enero, luego sucedió un segundo terremoto el 10 de febrero que fue más devastador. Me fui a trabajar allá, me pusieron como coordinadora de la administración y finanzas del equipo de emergencias. Después me llamaron el 10 de septiembre para ofrecerme un trabajo en Brasil, en Manaos. Quedé encantadísima. Siempre había soñado con Brasil e ir a Manaos, al Amazonia, me pareció una oportunidad que no podía dejar pasar. Estábamos allí por una epidemia de cólera que comenzó en Iquitos, Perú, y se pasó al Amazonas a las poblaciones indígenas. Normalmente nadie tiene permiso de entrar en contacto con las poblaciones indígenas, pero MSF al ver que poblaciones enteras estaban muriendo de cólera, y que los chamanes no conocían la enfermedad (no sabían cómo tratarlo y cómo aislar a la población), dio una respuesta de emergencia y con un barco íbamos por las orillas del río Amazonas hablando con los chamanes y tratando a los pacientes graves.

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¡Ya eras una expatriada de hecho!

Sí, efectivamente y aunque había decidido postular para un puesto en MSF Ámsterdam, me llamaron porque se necesitaba que fuera primero a una misión en Cartagena de Indias, Colombia. Era un asunto legal y financiero. Dejé diez reglas de oro para trabajar en Colombia que fue un documento que hice con respecto a la parte administrativa, financiera y legal. Mi decálogo (ríe). Después de ahí me tocó ir a Angola. Durante el primer año de paz después de una guerra de 40 años. Fueron meses muy difíciles porque yo no entendía lo que pasaba. En Angola teníamos proyectos de vacunación masiva y de intervención de emergencia. Hay muchos virus como el Ébola, fiebre hemorrágica en Angola es el virus Marburg. Respondíamos a epidemias que se daban sobre todo en los asentamientos mineros, porque la gente vivía en unas condiciones paupérrima Además, la malaria es endémica en Angola, en ese momento era el asesino número uno del país. Estábamos tratando a la gente y los pacientes decían “con ellos yo sí me curo” entonces venían a nuestras clínicas.

¿Cómo fue la experiencia de quedar embarazada en misión?

Pues, no sabía qué hacer realmente. Me dio malaria estando embarazada, casi pierdo a mi bebé. Fue una experiencia que me cambio la vida completamente. Pero tuve a mi niña en Honduras… y a los seis meses de haber dado a luz, me llaman de MSF en Colombia que tenían una emergencia y que necesitaban que fuera.

¿Cómo terminaste en Canadá?

Después de Colombia hice dos años en Zimbabue y fue una experiencia maravillosa junto a mi hija. Después de Zimbabue me toco una misión difícil en una región muy violenta del Chad. Teníamos proyectos de asistencia a refugiados, materno infantil y salud primaria, entre la frontera Sudán – Chad, donde nadie iba porque estaban en conflicto. Después de eso, me di cuenta que ya no quería ir con mi hija a estos contextos y decidí aplicar al puesto de recursos humanos en la oficina de MSF en Canadá. Me aceptaron y me establecí allí. Durante ese tiempo ocurrió el terremoto en Haití y justamente desde Quebec hubo una respuesta apoteósica… y fue un periodo de muchísimo esfuerzo. Fueron cinco años muy buenos, aprendí tantas cosas. Para mi hija fue lindo estar en Canadá. Sin embargo, luego de seis años, casi siete de estar allá, tenía la nostalgia de volver al terreno. Entonces, acepte una misión en Mozambique, una misión de VIH, Tuberculosis y emergencia de Cólera. Y posteriormente, me ofrecieron venir a México y con gusto estoy aquí.

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¿Por qué eliges seguir trabajando en Médicos Sin Fronteras?

Tengo 45 años y he trabajado con MSF por 18 años. Médicos Sin Fronteras es hoy por hoy la organización más pertinente que existe en este mundo. Soy donadora, trabajo para MSF y creo en todo lo que estamos haciendo aún a pesar incluso de los errores. El hecho de que Médicos Sin Fronteras esté ahí, en lugares como Yemen, Dadaab o en Grecia ayudando a los refugiados, o rescatando infortunados en el Mediterráneo… Allí donde nadie quiere hacer nada… Médicos Sin Fronteras es una organización que es auténtica, honesta, que busca trabajar ahí donde está la necesidad, sin una agenda política, sin una agenda escondida, sin influencias de ningún gobierno, sin influencias de nadie más que la realidad médica de nuestros pacientes; salvar a esos seres humanos y llevarles un gesto de dignidad en situaciones donde se ha perdido la noción de lo que somos como humanos.

 

* María Elena Ordoñez Ramos es coordinadora de Recursos Humanos de Médicos Sin Fronteras (@MSF_Mexico).

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