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Testimonio: enfermera mexicana en RCA
Maya Chávez es mexicana, enfermera de MSF y nos comparte su experiencia durante su cuarta misión con la organización. En esta ocasión en la convulsionada República Centroafricana, específicamente en la localidad de Berberati.
Por Médicos Sin Fronteras
8 de enero, 2015
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Maya con uno de sus pequeños pacientes

Entrevista a Maya Chávez, enfermera mexicana de MSF

 ¿Cuándo llegaste a Berberati?

A Berberati llegué el día 2 de julio de 2014, para trabajar como enfermera de quirófano en el Hospital Universitario de Berberati. El equipo estaba conformado tanto por staff del Ministerio como por personal MSF; en el quirófano teníamos cirujano, anestesiólogo y enfermeros.

¿Cuál fue tu primera impresión cuando llegaste a Berberati?

Berberati fue mi primer proyecto en África ¡y en francés! Llegué y me encontré con un quirófano completamente diferente, como nunca vi antes, ni en los proyectos anteriores, ni mucho menos en los hospitales en los que había trabajado antes de estar en MSF. Mi primera impresión cuando entré al quirófano sinceramente fue de “no voy a poder hacer mi trabajo aquí, mándenme a casa…” Me tomó unos días comprender que sí se podía, que era distinto, pero sí se podía trabajar allí. Teníamos muchos pacientes. Es un hospital muy interesante porque no es un solo edificio: está el área de cirugía, está el edificio para hospitalización, el de pediatría, una tienda para los pacientes pediátricos con malnutrición, entonces es un hospital grande pero, en algunos aspectos, parece un campamento.

¿Qué fue lo que te impactó?

El quirófano, por ejemplo, tienes que tenerlo completamente aislado del exterior, no puedes tener contacto con el aire del exterior, pero cuando llegué y encontré la puerta completamente abierta… Más que nada lo que me hizo muchísimo ruido fue la falta de aislamiento que teníamos. Hasta cierto punto eso me generó algo de conflicto, pero tienes que hacer algunas concesiones algunas veces y aprendí que no puedes aplicar los mismos criterios de un hospital a otro.

¿Cómo revertiste esa situación?

El primer día conocí a todo el staff, normalmente me gusta, cuando llego, dar tiempo al personal para que me conozca, empezar a adaptarme al modo de ellos, integrarme a su trabajo. Y después hacer los cambios que son pertinentes. El primer día, vi el quirófano, identifiqué unas cosas. Al segundo día llegué y me dije ‘tengo que comenzar a hacer algunos cambios’. Empezamos a cerrar puertas, para aislar el quirófano, que no entrara tierra y  fue cuestión de explicarle al personal del hospital por qué era importante cerrarlo, porque entra el polvo y eso es contaminación. Y se realizaron algunos cambios, trabajamos mucho en relación al control de infecciones porque dentro del quirófano puedes tener un alto índice de infecciones en la herida quirúrgica.

¿Qué tipo de pacientes recibías?

Tuvimos muchos pacientes por peritonitis provocada por fiebre tifoidea, pediátricos la mayoría, nos llegaban con una semana de evolución.

¿Por qué llegaban tan tarde?

Porque a veces vivían en las villas y no había el recurso económico para traerlos y muchos venían caminando. Todos los pacientes que tuve, que llegaban tarde, era por eso, por los malos caminos que había, por la falta de acceso a algún medio de transporte para poder llegar al hospital. Eso tanto con los pacientes de peritonitis, como con pacientes mujeres con mastitis, mujeres muy jóvenes de 16, 17 años.

¿Qué genera la mastitis?

La paciente llega con un absceso y un proceso de inflamación en el seno, que si no se trata a tiempo, se vuelve una fístula. Pueden llegar a perder el seno como nos pasó con una paciente.

¿Hay alguna explicación de por qué te llegaron varias pacientes tan jóvenes con este tipo de infección?

Pregunté lo mismo y me contestaron que es la mala técnica del amamantado. Cuando amamantan a los niños -casi todas ellas tenían bebés y el bebé era lactante- se forma un absceso en el seno que es por leche, eso va creciendo, se encapsula,  crea un proceso inflamatorio terrible que si tú no lo drenas, logra atravesar el seno. Sumado a esto están las condiciones de higiene, al traer una herida, hay mucho riesgo de que se infecte. Muchas pacientes nos llegaban ya con infección, con una grave infección en la piel. Es extraño, es la primera vez que yo veo tantos pacientes de este tipo. Me llegó una niña, tuvimos una mastectomía y yo estuve todo el tiempo con ella, de verdad, una niña. ¡Imagínate!, tan joven, con el seno carcomido.

¿Qué otro tipo de pacientes recibiste?

Muchos pacientes con fracturas, por accidentes de moto, un medio de transporte muy popular en Berberati, y los caminos no son lo mejor para andar en moto. Entonces, fracturas tanto cerradas como expuestas por accidentes de moto, fracturas por balas, heridos de bala, pacientes por herida de arma blanca, machetes. Violencia de género, casos de peleas entre hombres, heridas en la cara. Realmente hay un nivel de violencia que a mí me resultó muy impactante. Son personas que se tienen enfrente y pelean de una manera brutal.

¿Tuviste en algún momento admisiones masivas?

Sí, un día tuvimos un incidente en el mercado, afortunadamente no hubo muertos, fue una granada. Recibimos un paciente en el quirófano, un herido nada más, requería de una exploración por una herida en el tórax, para ver que no estuviera perforado. Fue bueno ver el nivel de organización que teníamos en el hospital. Fue la única recepción masiva que tuvimos.

¿Cómo era el contexto en Berberati?

La mayoría eran pacientes cristianos, una que otra vez llegué a ver pacientes musulmanes también. Pero la población actual en Berberati, la mayoría era cristiana.

¿Alguna experiencia en particular que recuerdes de tu trabajo médico allá?

Te puedo hablar de personas. Recuerdo muy en particular a dos pacientes con los que me tocó vivir el proceso de principio a fin. Uno es adulto y el otro es pediátrico. El adulto era un paciente que recibió una herida por bala. De esas balas de municiones, entonces a la hora que disparan un arma como esa, si entra a cavidad o pulmón, genera muchas complicaciones. Nuestro paciente llegó y se acababa de ir el anterior cirujano, estábamos esperando al nuevo que iba a venir. Cuatro días después llegó el cirujano. Tuvimos a este paciente esos cuatro días en la sala de recuperación. Todas las mañanas iba a verlo.

¿Él estaba consciente?

Sí. Las expectativas de que sobreviviera hasta que llegara el cirujano eran pocas… el pronóstico no era bueno. Pero finalmente llegó el cirujano y, poco a poco, se pudo ir cerrando el abdomen, fue un proceso muy largo para él, muy desgastante. Perdió mucho peso. Pasó, como toda persona que está hospitalizada por largo tiempo, por un proceso de depresión. Pero felizmente un día antes de que yo saliera de Berberati lo dimos de alta, iba bien. Ya estaba ganando peso. Recordar a esta persona me hace ver la resistencia que tienen los pacientes en República Centroafricana. No sé mucho de África, lo único que sé es de Berberati y me sorprendió la manera en que responden a los tratamientos. Eso es maravilloso realmente ver que tus esfuerzos valen. Y los pacientes van saliendo adelante.

¿Y el niño?

Un pequeño paciente de 8 años con fractura de húmero en el brazo derecho por bala. Lo tuvimos hospitalizado más de dos meses. Fue una fractura lamentablemente muy mal localizada, va a quedar con secuelas, siendo honestos. ¿Por qué ese niño es tan importante para mí?, porque él jugaba, siempre estaba contento… su papá literalmente estaba todo el tiempo con él, su mamá se había quedado en la villa donde vivían para cuidar a sus hermanos. Era un niño que no se quejaba, respondió muy bien al tratamiento. Se fue a casa con el fijador externo puesto, después volvió  y lo pudimos dar de alta. Pero fue un caso complicado con un riesgo de infección es muy alto, tratábamos de evitar todo el proceso infeccioso que pudiera haber. Y se pudo regresar a su casa feliz.

¿Cómo resumirías tu experiencia en República Centroafricana?

¿Sabes algo? Me tocó ver gente con muchísimo potencial. Y no te estoy hablando de pacientes, te estoy hablando de población en general. Me tocó ver gente que sabe tanto, gente que de alguna manera, dentro de su contexto, ha logrado tener tantas cosas. Pero las oportunidades son tan pocas. La calidad de vida ahí es muy baja, entonces, yo como persona ¿qué te puedo decir? Todos son capaces de lograr algo en esta vida pero algunos desafortunadamente están en un contexto en el que salir adelante es casi imposible. República Centroafricana, por ejemplo, no tiene muchos médicos… Yo estaba en la segunda ciudad más grande de República Centroafricana, una ciudad en la que no hay luz, no hay Internet. Escuelas, pocas… Yo siempre cuando voy a algún lado digo ¿qué hubiera sido de mí si yo hubiera nacido aquí? Eso es algo que siempre trato de pensar. Y da tristeza, porque yo veía que uno de nuestros compañeros del quirófano estudiaba ingeniería, pero en la capital, Bangui, y tuvo que dejar para trabajar. Los pocos médicos nacionales venían de Bangui. En Berberati no hay nada.

Cuando te llega un paciente en un estado tan deteriorado, y le preguntas ¿por qué vienes hasta ahora? Te dice: salí hace dos semanas de mi villa, vine caminando… En ese momento me calla la boca. Viven lejos, no está el recurso de decir ‘agarro un coche y voy’.  Recuerdo un paciente que me llegó con una herida de machete en la espalda. Nos avisaron que venía en la mañana. Venía en moto, imagínate, con la herida en la espalda, ¡en moto! Y llegó por la noche… La resistencia y la buena actitud versus las pocas oportunidades, son cosas que me quedan a mí para la reflexión.

Lee Reacción, revista digital de MSF México y Centroamérica

 

 

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