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Diego Rabasa: Sociedad Civil y lenguaje.
Por Pase Usted
25 de octubre, 2011
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Transcripción de la ponencia de Diego Rabasa con motivo del Foro Pase Usted: El futuro ciudadano.

El primer problema con el que me enfrenté a la hora de desarrollar la exposición fue entender el concepto de sociedad civil, que me parece que es el artífice indispensable para lograr esta transformación a la que se convoca el día de hoy. Lao-Tsé fue cuestionado por uno de sus discípulos acerca de lo que haría si fuera de golpe instaurado emperador de la China de su época, respondió: “lo primero que haría, sería rectificar los nombres, porque si no tenemos un parámetro de referencia alrededor del lenguaje, los hombres no tenemos accesos a las ideas y si no lo tenemos, no tenemos acceso a la política”.

Pienso en este concepto de la sociedad civil y en cuánto se ha degradado esta idea y otro tipo de nociones fundamentales en las cuales se han construido las ideas modernas, como por ejemplo: la democracia. El concepto de sociedad civil que acuñó en 1985 Carlos Monsiváis y que fue un ente fundamental para que este país que se encontraba literalmente en ruinas tras el temblor, encontrara las fuerzas para seguir adelante o yéndome un poco más atrás en el concepto de democracia de la Grecia de Pericles en ese famosísimo discurso fúnebre que dio en el que hablaba de la responsabilidad que tenían los gobernantes de representar a una sociedad informada, culta, preparada, para pensar en el bienestar social. Pienso en este deterioro del lenguaje y no puedo sino emparentarlo con el del individuo y este con el deterioro de la sociedad en la que vivimos.

El gran poeta estadounidense T.S.Elliot definía la cultura como todas aquellas actividades sociales que permiten al individuo acceder a la felicidad. Este concepto se ha tergiversado y huele un poco a podrido hoy en día porque se relaciona con la posesión, con el entretenimiento y con la segregación y con la alienación que me parece que es fundamental. Me marea y duele un poco la cabeza pensar en grandes escalas, en transformaciones sociales, en conceptos que puedan aplicar a todos los hombres que habitan este país, porque no sé si tenga algo que ver con las personas que viven en Bosques de las Lomas o los Tzotziles, por ejemplo. Sólo puedo pensar en la transformación del individuo, en la transformación del individuo como para creer que a partir de ahí, de abajo para arriba se puede aspirar a tener, en alguna medida, un futuro diferente y no de las instituciones para abajo.

El filósofo Heidegger decía que los hombres somos por naturaleza propensos a las adicciones porque no podemos tolerar esta sensación permanente y continua de estar-en-el-mundo, un malestar que nos enfrenta con algo que desconocemos, con lo otro y con los otros. En este sentido se necesita encontrar un lenguaje común en el que se pueda despojarse de toda esta parafernalia que no deja de ser una resistencia inconsciente que se llama personalidad, que es nuestro aspecto, nuestro nombre, nuestro trabajo y encontrar un espectro en el que pueda recurrirse a aquellos ideales de lo humano, porque solamente ahí es donde puede reconocerse y ese lenguaje que es muy difícil encontrarlo en lo oral, en lo específico, porque somos una sociedad en extremo fragmentada, extremadamente plural, diferente entre sí, en la cultura, esa cultura que no excluye a nadie, que no le cierra las puertas a nadie, ni a ningún tipo de manifestación de existencia y en la que todos podemos encontrar esa respuesta.
Hace poco fui a la exposición que está en el Museo de Antropología de los mayas y encontré una definición del arte que me parece muy acertada: El arte como un intermediario que usaban las culturas prehispánicas para relacionarse con aquello que no entendían.

El poeta Quevedo decía: “Escuchar a los muertos con los ojos desde donde se revela la existencia de un lenguaje silente”. Ese lenguaje silente es la cultura y son las artes, y es un lenguaje que permite existir en diferentes planos, a nosotros mismos encontrarnos en diferentes grados de profundidad, que admiten otras posibilidades de existencia. Ahora, estamos hablando un poco todavía en términos “esotéricos” o “metafísicos”, para algunos, del valor de la cultura.

Vamos hablar en términos concretos de la cultura. Winston Churchill, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, prácticamente triplicó su inversión en cultura en el Reino Unido, ¿por qué? Un país con la moral en los suelos, derrumbado, se reinicia y renace como el Ave Fénix de las cenizas a través de la instauración de uno mismo y de los valores que uno pueda encontrar en la exploración del yo y eso en buena medida, se puede hallar depositado en la cultura y en específico en los libros, la disciplina a la que me dedico. La capacidad de transportarnos y de multiplicar nuestra experiencia por aquellas vidas que otros han explorado, escuchar a los muertos con los ojos, de nuevo. En términos más precisos, si esto no los está convirtiendo y somos deterministas y anatómicos, hay varios estudios científicos, que comprueban que la lectura produce un crecimiento en la materia gris y blanca que conecta los dos hemisferios, nos vuelve más veloces, incrementa nuestra capacidad de asociar ideas. Hermes es aquel semidiós que robó el fuego a los dioses. Trato aquí de encapsular lo humano y los seres humanos a través de este fuego, de recuperar las tradiciones, pero no las anacrónicas o de lugar común, las tradiciones que nos puedan remitir a conformar una nueva identidad, es decir, a establecer la posibilidad de que un individuo sólido sea muchísimo más empático con las existencias que sean distintas a las de él mismo, un individuo que pueda perseguir su bienestar, su felicidad y plenitud sin que tenga necesariamente que arrasar la existencia del de al lado.

Diego Rabasa es editor y co-fundador de la editorial Sexto Piso, conductor del programa de literatura “Entrelíneas” y colaborador de diversas publicaciones literarias y culturales.

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