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El blog del chairo
Por Alberto Lujambio
El autor se formó en el corazón de Mordor. Estudió doce años en escuelas del Opus Dei y luego... El autor se formó en el corazón de Mordor. Estudió doce años en escuelas del Opus Dei y luego una carrera de Derecho en el ITAM. Es un burócrata arrepentido, un ciudadano desencantado y un clasemediero con aspiraciones. Está convencido de que la opinión se trata de generar reacciones y no de transformar conciencias. (Leer más)
El castigo disfrazado de rehabilitación (5)
Llevamos años modificando un sistema de encarcelamiento y solo hemos logrado multiplicar los eufemismos: ahora le llamamos reinserción a la tortura (parte 5).
Por Alberto Lujambio
4 de agosto, 2017
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Por: Pamela Romero (@pamelarogue) y Alberto Lujambio (@lujambioalberto)

“Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”, afirmaba la célebre filósofa Concepción Arenal. Es una pionera del feminismo y autora de los célebres Estudios Penitenciarios. La socióloga gallega se lo preguntó todo: la función de la prisión preventiva, las reglas penitenciarias, la función de la pena y los problemas de implementación de las normas. También se ocupó de pensar en cuánto cuesta la reclusión y qué beneficios obtenemos de ella. Trabajó en las cárceles y las entendió.

Han pasado ciento cincuenta años y seguimos atorados en el debate. El fracaso institucional ha detonado la violencia y algunos solo saben decir que hay que cortarles la cabeza. Llevamos años modificando un sistema de encarcelamiento y solo hemos logrado multiplicar los eufemismos: ahora le llamamos reinserción a la tortura.

Hace unos meses José Gil García, subsecretario de Información e Inteligencia Policial de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, afirmó sobre la reincidencia que “es un fenómeno que estamos teniendo en estos momentos derivado de la reforma al Sistema de Justicia Penal y que como consecuencia de ello, tenemos en la calle a mucha gente, muchas personas que detenemos y que de repente nos las volvemos a encontrar en la calle”.

Según esta gentil entrevista que le ofreció a Noticieros Televisa —que solo da cuenta de su dicho sin hacer ningún tipo de investigación— son tres casos muy escandalosos los que sustentan su declaración: el de “una persona”, el de otro señor llamado “El damián” y, por supuesto, el pillo “El Canas”. Ningún dato. Es difícil analizar estos casos con tan poca información, pero tenemos que tener presente que si se trata de reincidencia o delitos graves (ambas mencionadas por Gil García), la prisión preventiva es de oficio. Esto obedece a una lógica impecable: se considera que esa persona puede poner en riesgo a la sociedad mientras se desarrolla el proceso en su contra. Si estos casos están siendo liberados, es una falla del Ministerio Público, no del sistema de justicia. Aquí vemos otra cuestión de lógica y sentido común, pues si no eres un riesgo para la sociedad, si creemos que te vas a presentar al proceso, y si no has sido sentenciado por otro delito doloso o tienes en ese momento otro proceso en tu contra, no te queremos en la cárcel. ¿Para qué? Si todo ese tiempo eres inocente (recordemos nuestro derecho humano irrenunciable de presunción de inocencia), ¿por qué te trataríamos como culpable?

Si el Ministerio Público no hace bien su trabajo, el sistema acusatorio no le va a echar la mano. Ya no se puede subsanar, ni para un lado ni para el otro. Tengamos esto en cuenta cuando veamos las noticias, pues nos quieren vender fallas de la autoridad como fallas del sistema.

Según la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad hay 211 mil personas en centros de reclusión. El 68 % de ellos es joven —tienen entre 18 y 38 años— y un escandaloso 25 % son reincidentes. El 84 % de la población privada de la libertad fue sentenciada por un delito del fuero común y más del cuarenta por ciento siguieron un proceso de más de dos años en reclusión. Esto significa que los encarcelamos sin saber si eran culpables o inocentes.

Las condiciones dentro de los centros de reclusión son deplorables: más de la mitad de los reos han incurrido en actos de corrupción y una de cada cinco personas privadas de la libertad comparte su cama. Es hacinamiento es una pandemia feroz y nuestra indolencia es culposa.

Un sistema acusatorio bien construido brinda alternativas reales y eficientes para no abusar de la prisión. No todos los fenómenos delictivos se resuelven metiendo a la gente a la cárcel. Nuestra obsesión con el castigo es cara, cruel e ineficaz.

 

* Texto escrito en colaboración con Pamela Romero, investigadora del Instituto Nacional de Ciencias Penales y doctora en derecho por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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