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El blog del chairo
Por Alberto Lujambio
El autor se formó en el corazón de Mordor. Estudió doce años en escuelas del Opus Dei y luego... El autor se formó en el corazón de Mordor. Estudió doce años en escuelas del Opus Dei y luego una carrera de Derecho en el ITAM. Es un burócrata arrepentido, un ciudadano desencantado y un clasemediero con aspiraciones. Está convencido de que la opinión se trata de generar reacciones y no de transformar conciencias. (Leer más)
La depre y la radio
Si crees que eres maníaco-depresivo ve con un psicólogo de confianza y no te avergüences. Aprende a vivir la vida con las cartas que nos fueron dadas.
Por Alberto Lujambio
12 de enero, 2017
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Te encuentran «valiendo verga» y el consejo siempre es el mismo: báñate con una canción de George Michael, prepárate un café, abre la ventana, respira el sol, contempla la belleza, piensa en tus privilegios, llámale a tus amigos, haz ejercicio… anímate.

Tres semanas después, cuando te encuentran simpático, dicharachero y bailador están convencidos de dos cosas: de que su consejo surtió efecto y de que deberían dedicarse al life coaching.

Pero no. Así no funciona el pedo.

A pesar de que muchos tienen “días malos” o “meses buenos”, otros oscilamos sistemáticamente entre dos estados: la depresión y la manía.

Antes, haciendo honor a la verdad, le llamaban trastorno maníaco-depresivo. Un mundo que prefiere inventar eufemismos que crear soluciones acuñó el término bipolar.

Para no caer en ningún extremo, en lo sucesivo le llamaremos la depre en honor a mi padre: un viejo genial, lúcido y transparente que nunca tuvo miedo de hablar de los temas difíciles.

Quizá la investigadora más informada sobre la depre es Kathleen Merikangas. Su premisa es que la enfermedad está subestimada y mal evaluada. En pocas palabras, afirma que cerca de 2.4 % de la población es maníaco depresiva de “libro de texto” y que su condición es tan invasiva en la vida diaria como el cáncer.

El hallazgo más sorprendente sobre la depre es que su prevalencia no tiene ninguna relación con los ingresos o la educación. Lo verdaderamente amargo es que la gente pobre no tiene acceso al diagnóstico ni al tratamiento. De hecho, la inmensa mayoría no sabe que es maníaco depresivo.

Hago radio desde hace cuatro años. Y la depre es parte de la historia. Algunas temporadas mi análisis de la noticia es optimista, ligero, ingenuo, veloz. La manía me transforma en una máquina de trabajar, de decir, de pensar. La depresión me lleva hacia dentro: leo más y opino menos; dudo y vacilo. Trato de que mis dos personajes tengan algo qué decir aunque uno se vea más taciturno que el otro. Quizá por eso amo hacer radio y temo a la televisión; porque el micrófono es un refugio y la cámara es un espejo.

Yo padezco una versión leve de la enfermedad, trato de usarla a mi favor y soy muy transparente con los más cercanos a mí. También lo saben aquellos con los que trabajo.

Pienso en el trastorno obsesivo compulsivo y advierto —con envidia— que su condición les ayuda a triunfar profesionalmente. El orden, la disciplina y la limpieza —incluso aquellos que vienen de un profundo dolor— son premiados por el mundo en el que vivimos. Algunos obsesivo compulsivos blanden la bandera de su trastorno y se lo dicen al mundo con orgullo.

Si crees que eres maníaco-depresivo ve con un psicólogo de confianza y no te avergüences. Hay que aprender a vivir la vida con las cartas que se nos fueron dadas y la mejor manera de jugarlas es convertir tu debilidad en una fortaleza.

Una de las interpretaciones más aceptadas de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde es que la novela es en realidad una metáfora sobre la depre. El sueño de Stevenson —célebre maníaco depresivo— era crear un elixir que pudiera llevarte de un estado al otro a placer. Hasta ahora, nadie ha podido enlatar la manía o curar la depresión. Los estados te toman por asalto y de sorpresa.

Si ya vas a tener a un doctor y a un señor viviendo dentro de ti, ponlos a trabajar con propósitos distintos, enséñales trucos de supervivencia, inventa rutinas diferenciadas, habla del asunto y, si tu médico te lo indica, tómate unos chochos y controla los picos emocionales más difíciles. El día que te dejas de mentir, empiezas a mejorar.

Un buen inicio es guardar la tarjeta de crédito en una caja fuerte mientras estás maníaco. Que no se te olvide que los meses sin intereses van a llegar —también— cuando estás deprimido.

 

@lujambioalberto

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