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El blog del chairo
Por Alberto Lujambio
El autor se formó en el corazón de Mordor. Estudió doce años en escuelas del Opus Dei y luego... El autor se formó en el corazón de Mordor. Estudió doce años en escuelas del Opus Dei y luego una carrera de Derecho en el ITAM. Es un burócrata arrepentido, un ciudadano desencantado y un clasemediero con aspiraciones. Está convencido de que la opinión se trata de generar reacciones y no de transformar conciencias. (Leer más)
Vigilarnos es mejor que vigilar (3)
Si Jacinta, Alberta y Teresa hubieran sido escuchadas por los jueces nunca hubieran sido declaradas culpables. Es más, nunca hubieran sido enviadas a juicio (parte 3).
Por Alberto Lujambio
3 de agosto, 2017
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Por: Pamela Romero (@pamelarogue) y Alberto Lujambio (@lujambioalberto)

Tal vez recuerden el numerito de la Procuraduría General de la República en el caso de Jacinta, Alberta y Teresa: tres indígenas hñähñú que fueron víctimas de la mezquindad y la torpeza de la PGR. Fueron acusadas de secuestrar a tres elementos de la Agencia Federal de Investigación. Sí, tres mujeres indígenas sin armas que habrían secuestrado a tres policías de alta especialidad.

Periodistas chairos y activistas quisquillosos la armaron de jamón. La PGR tuvo la osadía de litigar el pago de veinte mil salarios mínimos que le fueron impuestos como sanción indemnizatoria.

Todos sabemos que el sistema de justicia penal está lleno de corrupción, incompetencia, colusión y malicia. Incluso para los escépticos y abolicionistas, el caso de las indígenas queretanas es demasiado burdo: los chivos expiatorios suelen tener algún tipo de antecedentes criminales o, al menos, cara de malos. Así, lustrosos gobernadores o funcionarios policiales pueden tomarse la foto junto al compadre que acaban de agarrar: un hombre moreno que se ve drogado. La verdad es que la tortura marea.

¿Por qué prosperó este montaje? Porque nadie los estaba vigilando. 

En el antiguo sistema —fundamentalmente por escrito— el juez no tenía contacto con las partes ni participaba en las diligencias de desahogo de pruebas. Eso significa que, en la mayoría de los casos, los señores de la toga emitían una sentencia sin haber visto al procesado. Para estos burócratas, el juicio penal no es una herramienta para conseguir la paz sino un trámite promovido por sus amigos del MP.

El nuevo sistema de justicia penal se caracteriza por la oralidad y está regido por la inmediación. La primera define un proceso en el que las actuaciones más importantes se expresan en voz alta usando lenguaje natural. La inmediación es un principio que impone la obligación al juez de estar presente durante todo el proceso, en todas las audiencias. Si no está el juez o el tribunal, no hay audiencia. Punto.

Escondida en el expediente, la verdad no importa. Los defensores del viejo sistema lo arropan porque les da para cobrar igualas mensuales en juicios eternos. Muchos jueces, peritos, agentes del Ministerio Público, policías —y sobre todo, los verdaderos delincuentes— quieren que las cosas sigan igual. Las cifras de impunidad del sistema pasado no mienten.

Entonces, ¿cómo podemos acercarnos más a la verdad? Ya sabemos lo que no hay que hacer: leer declaraciones mal tomadas, prescindir del sentido humano, y perder el contexto. La fórmula es poner al juez frente a las pruebas, confiar en la ciencia más que en los testimonios y basar las sentencias en la lógica. 

Si Jacinta, Alberta y Teresa hubieran sido escuchadas por los jueces —el de control en las etapas previas y el de juicio oral en el proceso— nunca hubieran sido declaradas culpables. Es más, nunca hubieran sido enviadas a juicio —de ahí la importancia del juez de control. Funcionarios perezosos y malvados usaron un mecanismo absurdo para robarle a tres mujeres inocentes más de diez años de sus vidas.

¿El sistema acusatorio está blindado contra la corrupción y la negligencia? No, ningún sistema en el mundo lo está. Lo cierto es que la publicidad de las audiencias y la inmediación son mecanismos de control, vigilancia y transparencia. Es innegable. Hemos visto los resultados de las cámaras en los policías de Estados Unidos o el efecto que han tenido en la industria del transporte.

El sistema acusatorio vigila a todos los actores en el sistema de justicia pena por igual. Para bien o para mal.

 

* Texto escrito en colaboración con Pamela Romero, investigadora del Instituto Nacional de Ciencias Penales y doctora en derecho por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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