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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Cronología de chivos expiatorios
Por Jorge Hill
27 de julio, 2012
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La semana pasada escribí acerca de la matanza en la premiere de “Dark Knight Rises” a través de mi visión congalera y postapocalíptica, tratando de encontrar su lugar como una consecuencia más de esta locura cotidiana en la que vivimos gracias a los medios, la corporación, el consumo y la cultura que se nos ha inculcado gracias a ellos, las consecuencias psicológicas que esto puede crear en las mentes más vulnerables o inestables.

Hoy, el escándalo se ha dividido hacia diversas ramas, tratando de encontrar causas y culpables. En esto, también, como en casi todo, se puede encontrar un juego de poder, de aventar la bolita, de lavarse las manos y en el que tanto gobernantes, como pueblo, buscan cómo explicarse y justificar los actos más terribles de nuestra cotidiana esquizofrenia de manera que no se toque el fondo del asunto, digamos, la “tela” que sostiene a esta sociedad, esa endeble estructura que se rasga y derrumba ante los hechos más insospechados y nos muestra como los animales que supuestamente somos… ¿o será “como los animales enloquecidos en los que nuestro contexto, permitido y fomentado por nosotros mismos, nos ha convertido”? Los lobos debajo de la máscara, dispuestos a todo para brillar, para famosear, para tener más que el otro a como dé lugar, cumplir con el amo y comprar para tener la ilusión de ser, o más bien, ser algo, ya que parece que hoy, simplemente ser, ya no es suficiente. Quien no lo logre o no esté interesado en lograrlo, va directamente al cajón del “fracaso”, de la exclusión, de la “anormalidad”. A algunos les da orgullo, para otros, es la chispa que enciende la dinamita mental que lleva a la desestructuración, a la destrucción del otro o la de sí mismo.

 

Las voces me están diciendo que te mate.

Ya que el niño se ahogó y los pozos siguen abiertos porque dejan demasiado dinero como para cerrarlos y hacerle un bien al mundo, vienen las “teorías” y las aventadas de bolita. No por un hecho, si no por su repetición y por ver que se une a otros problemas que bien nos podrían dar un entendimiento más global de todo el asunto. Para no hablar demasiado acerca de lo que está debajo de la máscara y mover los ojos hacia otro lado, podemos ver que a estos “extraños” casos de matanzas públicas, tomas de rehenes y otros actos que se meten en el cómodo cajón del “terrorismo”, los sigue siempre la búsqueda por un chivo expiatorio que a la mayoría deja satisfechos. Es entonces que la historia se repite una y otra vez ¿no habíamos encontrado el problema y por lo tanto la solución? Claro que no, lo que se había encontrado era un chivo expiatorio.

De la misma manera en la que “curiosamente” las formas y movimientos de los OVNIs van cambiando cada tantos años gracias al imaginario colectivo y el entorno, los chivos expiatorios también. Ahí donde no hay nada, donde todo queda en el símbolo, en un receptáculo vacío listo para ser llenado con nuestros prejuicios e ignorancias, la forma se adapta dependiendo de lo que tengamos a la mano en el momento.

Se me hace que los ETs ven nuestras películas de sci-fi,

porque siempre cambian sus naves dependiendo de la última famosa.

Bien raro, tú.

Veamos, entonces, cuáles han sido algunos absurdos y risibles chivos expiatorios desde que esta cosa que llamamos “vida moderna”, de consumo aspiracional, de imágenes irreales, aspiraciones en la pantalla chica y pantalla grande, de incongruencia y doble moral, se ha instaurado como cotidianidad.

¡Woohoo!

  • El Alcohol: El sabroso chupetín que a muchos nos pone contentos y nos sirve como gran lubricante social, ha sido uno de los favoritos culpables de que un individuo, comunidad o sociedad entera se conviertan en monstruos deseosos de sangre, bestias lujuriosas sin moral, anarquistas enloquecidos. Tanto así, que a principios del siglo XX en Estados Unidos y otros países, se hizo ilegal. Pero como luego vieron que se le podía sacar un chingo de lana, y que esa lana se la estaban llevando los gangsters y el mercado negro, y que de todas maneras la gente iba a seguir chupando, pues se hizo otra vez legal, y ya, no pasa nada. Ni se inmuten, el problema no estaba ahí. Aparte “¡Si deja dinero, no puede ser malo!”
Las “historietas” son del diablo
  • Los Comics: Todo empezó a principios del siglo XX, aparecían en periódicos para después convertirse en antologías con sus propias publicaciones. Después, cada súper héroe o personaje tendría su propia publicación y pasarían de ser un gusto infantil a algo leído por adolescentes y algunos adultos. Pero ¡Oh, mi Dios! en algún momento los comics se empezaron a volver medio contestatarios, a reflejar los problemas de la sociedad y a hacer preguntas muy inconvenientes. Ah no, eso no se iba a poder, estaban influyendo en las tiernas mentes de los más pequeños y seguramente los estarían llevando a convertirse en esos asesinos seriales y matones de las calles. Los que llevaban casco y uniforme, esos no contaban, esos no estaban locos, mataban por la patria y eso sí es bueno. Ante los contenidos sexuales, de violencia y drogas que aparecían en los comics, no para adoctrinar, sino para dar a los lectores una visión más extensa de los temas, muchos gobiernos y señoras se escandalizaron. Fue así que los comics vivieron una época de constante censura y regulaciones durante los 60s y 70s que prácticamente los llevaron a la ruina, para levantarse más tarde, cuando se vio que “ah, pos ahí tampoco estaba el pedo”.

!Fiesta!… 

  • Los juegos de rol: Un mundo fantástico que nace en los 70s gracias a la creación de “Calabozos y Dragones”. Toda una subcultura que parece salida de otra dimensión para quien no la conoce. El juego está en la imaginación, en un par de libros, en la narración y algunos dados. El objetivo, el premio y el final: Ninguno. Simplemente se trata de juntar a los amigos para contarse una gran historia entre ellos, tirar dados, aprender cosas, pensar en conjunto cómo pasar diversos obstáculos y pasarlo bien. Para jugarlo se debe crear un personaje que sale de la imaginación, únicamente delineada o limitada por el sistema mismo de cada juego, las características de cada personaje son controladas mediante números asignados y todo el sistema funciona a través de tiros de dados en los que se define si el personaje pudo lograr, o no, algo que su dueño quería que hiciera. Todos los obstáculos y la historia en la que están inmersos esos personajes es narrada por otro jugador, el “Amo del calabozo”, que funciona como un cuentacuentos, pero al mismo tiempo un moderador y voz divina, nada pasa si no sale de sus labios. Un universo efímero creado por las palabras y la imaginación de un conjunto de personas. Pero, desgraciadamente, este mundo de fantasía tan llamativo, logró que algunas decenas de mentes vulnerables, que se hubieran pirado con cualquier otra cosa, se piraran con los juegos de rol. Así, algunos terminaron desnudos en el bosque creyendo ser hechiceros perseguidos por orcos y otros más, de naturaleza más bélica, se habrían creído ser su propio personaje guerrero y le aplicaron un par de espadazos a la mamá o a la hermana, en pleno quiebre psicótico, pensando que eran elfas oscuras. Los juegos de rol vivieron entonces su propia época como chivos expiatorios durante los 80s, incluso en el ejército de los Estados Unidos se rechazaba a aquellos que jugaban, ya que se consideraba como un “síntoma esquizoide”. Después resultó que “la chaviza” que no jugaba, mataba y hacia otras locuras, entonces el problema tampoco estaba por allá, pero siempre hay más.
Bien atascadote ese Yisus
  • Las drogas: Ah, tema complicado y con tantas ramificaciones, hoy uno de los temas más importantes en el mundo y en nuestro país. Pero en los 60s la cosa estaba tranqui, había un paraíso sexual y un paraíso de libertad ante las drogas, mucha mota, muchos hongos y mucho LSD. Pero llegaron los gurúes como Timothy Leary o creisis como Charles Manson a echar la fiesta a perder. La gran bacanal de la cultura del rock, la psicodelia, las drogas, la libertad sexual y la visión de un mundo mejor, liberado y pensante, se había acabado. Prohibiciones por doquier, criminalización de la abuelita que se fuma su churro para calmar los dolores, pero sobre todo, el dinero de lo prohibido y la violencia a la que se es capaz para tener todo eso que la tele nos prometió, todo eso que la cultura te dice que debes de tener para ser un gran hombre o una gran mujer. Un nuevo chivo expiatorio había nacido, gracias a la prohibición y gracias a las carretadas de dinero y violencia que su tráfico ilegal deja. La guerra contra las drogas, que no sirvió de nada durante 40 años en Estados Unidos, desde hace algunos años se instaura en México, para causar estragos en el país, en todos los niveles. Un tema complicado que va desde el ejercicio del poder del gobierno sobre el cuerpo de los ciudadanos, hasta un problema de salud tratado como un problema legal. Pero la violencia, la corrupción y el dinero sucio ahí sigue ¿por qué? habrá que preguntárselo a los señores de las capas de hasta arriba, pareciera que hay muchos a los que no les convendría nada que se les acabara su “negocio secundario”…
¡AAAAAAAAAAAAARGH!
  • El metal: el delicioso escándalo de las guitarras eléctricas y los blast beats, música llena de poder. Pero también de oscuridad y de una lucha constante por expresar que el arte o “lo bello” puede ser encontrado de muchas otras maneras y en muchas otras cosas que no sean florecitas y un “te amo”. Las bandas metaleras pasaron de ser los rechazados escandalosos a ser una de las más grandes industrias en la música desde los 70s hasta el día de hoy, siempre evolucionando y encontrando nuevas fusiones, cosa que no se puede decir de la mayoría de los géneros de música “moderna”, que suelen morir, con suerte, junto a la “madurez” y el olvido de la generación que los crearon. El metal se ha distinguido por ser contestón y rebelde, por hacer lo que se le hinche un huevo y cuando se le hinche, pero sobre todo por ser una corriente de protesta que exhibe su inconformidad mediante la violencia en la música y en la imagen. Algo así como un festín para aquellos a los que les gusta hablar de lo que no saben, malinterpretarlo y convertirlo en “el malo del cuento”. Durante los 80s, grupos como Sepultura y Metallica hicieron el mundo suyo, y los pequeñuelos de la casa, que unos años antes estaban llenos de ternura,  se erguían frente a sus perplejos padres portando calaveras en las camisas y el pelo hasta el hombro, escuchando a volúmenes demenciales un “escándalo que ni es música” y “que sólo habla de violencia”. No faltaron los creisis que alguna mamarrachada hicieron y llevaban camisas de alguna banda de metal. Listo, un nuevo chivo expiatorio perfecto era el nuevo rey, el metal enloquecía a la gente.

LOL, crazy fucktard

  • Los videojuegos: Un clásico de la búsqueda de chivos expiatorios, un favorito de chicos y grandes. Una icónica frase que parece venir del mito urbano y no de un vice-presidente de Nintendo, resume que “Si PacMan nos hubiera influido desde niños, todos estaríamos corriendo en cuartos oscuros, comiendo pastillitas mágicas y escuchando música electrónica repetitiva”, el movimiento raver vino a “demostrar” que la frase tenía un irónico sentido. La violencia en los videojuegos, el contenido sugestivo o claramente erótico y la “dependencia” que muestran niños, adolescentes y adultos ha escandalizado a la sociedad durante más de cuatro décadas. A pesar de que ya están perfectamente catalogados y regulados, que tienen ganancias comparables a la industria del cine y que algunos juegos reciben una dedicación, producción e inversión dignas de lo que muchos considerarían una “obra de arte”, otros los consideran una “enajenación” y madre de todos males, algunos religiosos incluso los consideran cosas del demonio (LOL). El que se haya insertado un nuevo paradigma en el que la diversión y el pasatiempo viene en forma digital en vez de cumplir algún hollywoodense deseo de madre que ha visto demasiadas feel-good movies y que quiere ver a su hijo jugando con maripositas en el bosque, parece afectar demasiado a algunas personas. Obviamente, vienen varias oleadas, durante varias décadas, cada vez que pasa algo lamentable y que incluye a niños o jóvenes, de “los videojuegos son el mal”.
  • Marilyn Manson: Nunca le encontré ninguna gracia a él, ni a su música. Siempre he pensado que el tipo es un show gringo que critica a los gringos, desde un contexto gringo mediático, la serpiente mordiéndose la cola, pues, el ouroboro. Alguna vez vi algunas declaraciones del tipo en diversos documentales y me pareció muy acertado y consciente de lo que es y lo que representa, alguien que se ríe de que se le apunte el dedo como el origen del mal, justo lo que quería, para regresar esa malinterpretación digerida y decirles “Mira, pendejín ¿ahora entiendes que ese origen eres tú y tu sociedad?”. Ahí aplaudo al mister Manson, nomás no me pongan a escucharlo o a ver sus shows, porque  qué hueva.
  • ¡BATMAN!: En la más reciente estupidez de nuestra sociedad apuntadedos y gracias al tiroteo de Colorado, en el gran juego de hacerse pendejos y no apuntar a donde se debe, aparece el Darks Nai, el caballero de las tinieblas. Siendo una persona que no tiene el menor interés en los súper héroes y que aborrece la mayor parte de lo salido de Hollywood, acepto y aplaudo lo que ha hecho el director Christopher Nolan con Batman, excelentes películas en todos los sentidos (hablando en términos de cine de entretenimiento, tranquis) y en especial ha creado, junto a la magnánima actuación de Heath Ledger y un guión impresionante, lo que podría ser uno de los mejores villanos del cine de toda la historia, “El Guasón de Ledger”. El Joker de “The Dark Knight” es un personaje impresionante, el psicópata perfecto: encantador, divertido, sin reglas, sin empatía por nadie, sin ataduras, inteligentísimo y complejo, siempre un paso adelante de sus enemigos. Pero lo que lo hace más peligroso, es que no tiene un trauma de pequeño que quiere proyectar hacia los demás, no es “malo” por tener el corazoncito roto o por la decepción que pudo haberle traído ser bueno pero no encontrar ninguna otra salida en una sociedad loca y corrupta. No, el Joker es perfecto porque muestra, entre otras cosas, que una de las grandes reglas del guión y del cine sí se puede romper (como casi todas): que un villano puede serlo simple y llanamente porque “quiere ver al mundo arder”.

 

Es entonces que un joven mentalmente desequilibrado decide salir a balear a una multitud en la premiere de “The Dark Knight Rises” y aparecer en la corte con el pelo naranja, para que hordas enteras de pinches babosos retrógradas (sí, así como se lee) decidan que el nuevo malo, el nuevo chivo expiatorio, sea Batman o el cine de súper héroes o el cine de acción o en general el cine que muestre violencia o nos regale una pizca de complejidad psicológica o social entre tanta explosión, chistoretitos mamones después de un momento de “tensión” y nalgas/chiches por todos lados.  El mundo de Batman y el Joker en la versión de Nolan, no es bueno ni es malo, tal cosa no existe, uno necesita del otro y la maldad puede estar disfrazada de bondad y visceversa.

Aunque en las manifestaciones culturales más populares o comerciales se cuele un poco de nuestras paradojas humanas, parece ser que dejar de pensar en blanco y negro para ver esa inmensa escala de grises sigue siendo demasiado complicado, pero sobre todo, doloroso. Te inserta a un mundo complejo y lleno de contradicciones, de farsas, de disfraces y engaños cotidianos, autoengaños ayudados de la mano de medios, de la falta de regulación, de colusiones y corrupciones en los lugares menos sospechados, un mundo que se muestra, finalmente sin el disfraz de pavimento y cemento para dejar ver esa estructura corroída por décadas de hacernos pendejos entre todos, al otro y a nosotros mismos. Un mundo que enloquece, porque se aferra a estructuras culturales, económicas, sociales y políticas que simplemente, han dejado de funcionar.

No hay chivos expiatorios, no hay para dónde hacerse, lo único que hay es un gran “nosotros” aterrados de ver hacia abajo, a lo que nos sostiene: una pequeña saliente pavimentada de máscaras, todas ellas innecesarias. Debajo hay piso firme, pero desconocido.

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando un resultado diferente”, decía Einstein.

Buen fin de semana, loquillos y loquillas, no se piren demasiado, todavía hay mañana, se nos indica.

 

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