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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Adiós al chapis
Por Jorge Hill
23 de noviembre, 2012
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Diosito, plis plisito que no me rompan la madre

ahorita a la salida.

Con todo y arrestos, intentos de apuñalamientos y protestas se lleva a cabo el famoso “Black Friday” (viernes negro) en el país más consumista del mundo, Estados Unidos. Quien haya seguido los últimos años el desarrollo de esta fecha sabrá que esto no tiene nada de sorprendente, la gente simplemente enloquece: acampan afuera de las grandes tiendas esperando a que se abran, las colas dan vueltas enteras a las cuadras y el caos aparece en algunos lugares de maneras tan brutales que incluso se asignan patrulleros en puntos estratégicos, oficiales preparados para saltar encima del primer crazy que en rapto maníaco consumista cuasidivino decida ponerse punk.

Esto NO es una escena del clásico “Dawn of the dead” de George Romero,

en la que zombies descerebrados, curiosamente, atacan un centro comercial.

 

A partir del año pasado, el chapis Calderón decidió, siguiendo las costumbres mexicanas que marcan que debemos seguir todos y cada uno de los pasos de nuestros vecinos del norte, así sean las idioteces más desafortunadas, que México también debería tener su día de baratijas y se debería llamar “El Buen Fin”. Con toda la inocencia que caracteriza a nuestros gobernantes, el Ya Destronado A Copetazos pensaba que esto podría “reactivar la economía” (lol, wut?), sobre todo, me imagino, tomando en cuenta los hábitos de consumo del mexicano, sus infladas cuentas bancarias, sus facilidades de crédito, sus ingresos y más que nada, este gran sistema que tenemos de parte de nuestras empresas (propias y extranjeras) que se centran en el cliente, que lo sirven como rey, que todo lo que quiera papito y que la palabra del consumidor es ley. Si no funciona esto, obviamente tenemos de respaldo este honorable y efectivo sistema jurídico que  en un dos por tres arregla la demanda en contra de la compañía, que temblando de horror ante esta aplanadora defensora de los derechos del consumidor, deciden que mejor te pasan una lanita o unos paquetazos en la tienda de preferencia y ahí la dejamos, no vaya a ser que se carguen a la compañía entera o les den tremendo madrazo económico y moral que sería difícil levantarse de tal pérdida material y uy, peor aún, de la opinión pública… siempre informadísima gracias a los neutrales Lorets y Juayderritos en turno.

Para no irse así tan de “no hice nada más que propiciar una guerra virtual con tantos muertos como guerra civil de país africano”, habría que cumplirse algunos caprichines ¿qué tal cambiar el nombre del país de “Estados Unidos Mexicanos” a “México”? así de bolas ¿por qué no? ya ven cómo uno luego tiene antojos así. A mí me da, por ejemplo, a las dos de la mañana, por hacerme alguna cosa caldosa, caliente y picosita, tipo un mole de olla o un chambarete en caldillo de jitomate y guajillo. Valiéndome madre lo que mis vecinos piensen (ya que hacen demasiado ruido en sus horas diurnas), saco las ollas, prendo la licuadora y por ahí  de las cuatro de la mañana ya me ando zampando el manjar en cuestión. Así soy yo, muy a la calderona, muy, como diría mi padre, de “qué huevotes tan azules”.

Pienso que lo que estaría ya, como dicen las señoras fresas quedadas de los ochentas, “cotorro”, sería aplicar de una vez una verdadera recuperación económica siguiendo los pasos de nuestros ídolos del norte. Dar unas facilidades locotas para las tarjetas de crédito, impulsar toda una cultura de comprar casa propia porque si no no vales como ciudadano y eres un mediocrón, construir casitas a lo bestia, dejar que se vendan como cacahuates y después dejar que todos nuestros bancos locales y un Wall Street local, jueguen a apostarle dinero al dinero mismo o a venderle a sus propios clientes planes que se sabe los llevarán a la ruina en pocos meses. ¿Por qué no, mi Calderronchas querido, nos armamos una segunda pinche crisis mundial desde acá? digo, ya nos toca que nos conozcan en el mundo por algo que no sean las telenovelas, mear llamas eternas, tener un equipo olímpico del narco de primer nivel o uno de los conflictos violentos más disfrazados por un gobierno en las últimas décadas. Para tal truco, también propongo que a nuestra república-cosa-esta que quién sabe como funciona (?) no se le llame México, no mamar, qué payasada es esa, si somos lo suficientemente exóticos y despilfarradores como para comprarle al copetes un avionsón más caro y lujoso que el mismísimo Air Force One, seguramente podemos tener algo más chingón en nuestro nombre de país, yo digo. La cosa es que buscando la representación verdadera, el símbolo auténtico y un amarre acá, machín, propongo, con toda humildad “República Gringowannabe De Los Estados Unidos Bananeros De María Mercedes Y Goooooool!” ¿A poco no está chingón?

Ahuevooooo

La cosa es que se nos va otro más, otro de nuestros señorcitos trajeados que hablan cosas rarísimas desde su sillita de Los Pinos, cosas raras que nunca nadie entiende porque al igual que estrellitas de Televisa, estas personas, nuestros presidentes, viven en un mundo fuera de este mundo, quién sabe qué sustancia hay en ese honorífico hogar de grandes y pequeños grandes que hace que se les vaya la cabrita al monte sin posibilidad de volver. Ese momento incómodo cuando habla un presidente de México y todos los demás nos volteamos a ver con cara de “¡¿De qué está hablando este güey?!”, será que no los sacan mucho a pasear, hasta que termina el sexenio y los esperan sus muchos negocios armados quién sabe cómo y quién sabe a qué horas y quién sabe con qué lana, eso o irse de buena ondita a dar clases en alguna universidad, claro, todo esto, en el extranjero… “no vaiga a ser la de malas, tú”.

¿Me llamabas, virgen?

En fin, que se nos va un grande (lol) y nos deja con un  galanazo al que todos le tenemos más miedo que a AMLO paseando por Avenida Reforma “así nomás, domingueando, sin malamaña”. Un hombre que ya ha dado todos los indicios de que en algún lugar de esa ovejita se encuentran varios sierres y botones, y que desde adentro se escuchan aullidos y gruñidos. Ya no sabemos ni qué esperar, pero si algo tenemos los mexicanos, es que siempre esperamos lo peor, será que a eso nos hemos acostumbrado, será también por eso que no pedimos más, que somos agachones, que callamos a los que sí exigen, que pensamos que con un “cállate y ponte a trabajar” se va a salvar cualquier cosa, si no el país, de mínimo la vida y bienestar propios… y la caída de tan alto, ya se imagina uno, los que sí lo podemos imaginar. Los demás, a seguirle chingando duro por el bien propio y de repasón por el bien del país, ya ven que las cosas nunca son más complicadas de lo que está enfrente de la nariz y que nuestras generaciones anteriores, aquellos que nos inculcaron tan bella y humilde misión de hacer ricos a los demás mientras nos tocan unos varitos y un par de subidas de peldaño en la vida entera, vivieron mucho mejor que nosotros. Pero no hay pedo, la realidad ni existe, tú.

#TruStori

Buen fin de semana… ya en serio.

 

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#YoSoyAnimal
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