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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Alcohol del demonio
¿Nos gusta el sabor del alcohol o sólo nos gusta su efecto? ¿eres alcohólico, abstemio o nomás le fichas a tus amigos y amigas?
Por Jorge Hill
9 de mayo, 2014
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[…]65 por ciento de la población entre 17 a 65 años de edad con problemas por consumo excesivo de alcohol de manera habitual, una enfermedad que se localiza en el cuarto lugar de las diez principales causas generadoras de discapacidad, indicó el endocrinólogo Manuel Mirabent González Jáuregui.

Leer Más: http://www.animalpolitico.com/2012/03/las-cifras-del-alcoholismo-en-mexico/#ixzz31GXlLblS

Las cifras son claras, los mexicanos somos unos borrachazos, así como prácticamente el resto del mundo, cosa que me hace preguntarme, entonces, si la norma es chuparle macizo ¿cómo que es anormal? Ah, esto de la flexibilidad del lenguaje y las quesadillas sin queso.

Los límites que definen el alcoholismo son variados, igual que las instancias que desean definirlo de manera absoluta y global. Por ejemplo, el manual de trastornos mentales DSM, ya en su quinta edición y que intenta darle nombre a todo lo que hace el humano, ya no es confiable, parece ser que nunca lo fue, aunque muchos psicólogos y psiquiatras lo siguen usando como si fuera una biblia. Según el DSM, desde sus inicios, todos estamos perfectamente locos, todos cabemos en alguna categoría y todos debemos estar medicados (bueno, habremos algunos que sí). El problema es que se han visto tantos vínculos de los investigadores y colaboradores del DSM con las grandes compañías de medicamentos, o “poniendo de moda” ciertos trastornos ambiguos -como el Déficit de atención de todos los niños o la “bipolaridad” de toda twittera-feisbukera muy urgida de atención- que ya ni quien les crea.

Por otro lado están las definiciones de Alcohólicos Anónimos, grupos cristianos y otras peores y más alarmantes que un juicio de la inquisición, como la opinión de tu mamá o tu papá conservador, que no toma y se ponen como teporochos con las dos cubas que tú utilizarías nada más para calentar motores: obvio, eres alcohólico y no hay mañana para ti.

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Nel, jefe, así voy al baño yo.

Mi opinión es que mientras no dejes de hacer tus responsabilidades o perder tus círculos sociales o familiares por estar hasta el moco, probablemente no seas alcohólico, sólo un brother o una sista a la que le gusta el chupetín un poco más que a la “norma” (?). Pero, esa es mi opinión y no está basada en absolutamente nada confiable, sobre todo si tomas en cuenta que estar alcoholizado es algo que me gusta… mucho.

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El tema es que yo siempre he creído que a nadie le gusta el alcohol. “Bueno, pero éste está imbécil…” podrás  pensar, y tal vez sí. Me refiero a que el sabor del alcohol es un asco, todo sabe espantoso, los primeros tragos hacen que se te tuerza todo y el paladar se inunde con sabores terribles. ¡Ah, pero en algún lugar del cerebro, al mismo tiempo, se siente muy bien! ahí la diferencia. Cuando abrimos nuestra primer chelita fría del viernes y le damos un trago, después de tener antojo durante horas, pensamos y normalmente decimos “¡Ah, qué rica chelita!”, pero ¿realmente está rica? ¿no será un condicionamento tipo Pavlov? ¿será el cerebro diciendo “Yeah, baby! ahí viene el acá, el efectón, el buzz, la buenaonda” y no un “Qué rico sabe esto en mi lengua y paladar”?

 

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He preguntado esto a muchas personas a través de mi vida, que cuenta con más de 20 años de sabrosa y tupida beberecua, y la mayoría terminan respondiéndome que en verdad el sabor del alcohol no es lo que buscan, si no tener esa dósis de buzz en la cabeza, algunos menos, otros más. Muchos tienen sus bebidas mezcladas favoritas y suelen confesar, después de la reflexión, que es para hacer más apetecible o menos insoportable la dósis, lo chido, el acá. El extremo son estas niñas fresas y las lobukis de antro que piden esos pinches cocteles que parecen shampoo o postre de restaurant molecular, no nos detengamos mucho en esta sección de la población.

lobukis en antros

… híjole

Extraña la manera en la que disfrazamos nuestras adicciones o simples gustos, para todo hay niveles. Si eres de los que no puede dejar pasar unos días sin chuparle, ya te sangra el estómago, te conviertes en un monstruo cuando chupas o has dejado relaciones y oportunidades por andar bien puesto, ya es hora de dejar de disfrazar el chupe como lobuki y buscar ayuda. Si no, igual y todavía está bien que sigas haciendo con tu cuerpo y mente lo que se te dé tu regalada gana, como en teoría debería de ser, a pesar de que los gloriosos y protectores estados del mundo permitan que el cigarro y el alcohol se vendan como pan caliente mientras hay otras drogas recreativas naturales que hacen mucho menos daño… ¿será que no le conviene a las grandes -gigantes- tabacaleras y a los grandes -enormes- negocios del alcohol? y ya sabemos que en este mundo al revés, el que tiene lana es el que manda, el que cabildea, el que llena de regalos “inocentes” a los políticos cuando se viene alguna nueva reglamentación que pudiera dañarlos y que se trepan en el trono invisible que clama “derramar millones al sistema económico y dar miles de empleos”.

En fin, el mame de siempre con este sistema económico perverso y esquizoide al que tantos aman mientras creen estar “libres”, vivir en la “democracia” y hasta ser dueños de sus propios cuerpos.

Pero no nos bajoneémos ¿tú bebes por “gusto” y “sabor” o la neta, la neta, sólo para ponerte -ya sea poquito o mucho, pero ponerte-? deja por ahí abajo tus comentarios.

Yo mejor me voy, que ya es viernes, que ya tengo sed otra vez, y otra vez es sed “de la mala”.

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O_o

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