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Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Atajos mentales: psicologizar el discurso contrario
Invalidar el discurso ajeno tachándolo de manifestación inconsciente intelectualizada, uno más de los cómodos atajos mentales que usamos a diario.
Por Jorge Hill
19 de julio, 2014
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Así como La Carabina De Ambrosio tenía su “Mercado De Lágrimas” y su “La Palabra Canta”, El Congal también intenta abrir nuevas secciones.

La sección “Atajos mentales” se inaugura hoy y tiene como meta nombrar, visibilizar, analizar o sólo opinar sobre algunos de los enemigos más típicos del pensamiento crítico y proveer de tips sobre cómo darle una manita de gato a esas falacias, mitos, creencias y moralidades disfrazadas de argumentos que pocas veces sirven de una chingada y tantas otras sólo hacen perder el tiempo propio y ajeno.

EL ATAJO MENTAL DE HOY: PSICOLOGIZAR EL DISCURSO

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Con éste inauguro porque no sólo es uno de los grandes clásicos, es también uno muy conocido por mí. Tengo una carrera de psicología y debo confesar que lo apliqué, sin conocimiento de estar haciéndolo -como es común-, durante unos buenos años de mi postadolescencia y tierna juventud.

Psicologizar el discurso contrario funciona al intentar invalidarlo apelando a que supuestamente tiene como fuente una oculta -y típicamente reprobable- motivación psicológica oculta o inconsciente.

Algunos ejemplos muy típicos del diario mamar:

1) Creer que alguien piensa de tal manera porque tiene “problemas con la autoridad”, mismos que tendrían su fuente en una inconsciente rebeldía en contra de la imagen paterna, la figura de “autoridad castradora”.

2) Creer que feministas y otros grupos que luchan por la equidad, por visibilizar el absurdo de los roles de género en la cultura o cualquier tema que vaya contra la concepción tradicional de sexualidad y reproducción, tienen un oculto “problema psicosexual” que se traduce, inválida e inconscientemente, en ideología.

3) Creer que todo aquel que busque hacer declaraciones o apariciones de manera pública para manifestar sus ideas o creaciones lo hace por actuar y satisfacer sus impulsos megalómanos, narcisistas y/o histriónicos.

4) Creer que alguien ha desarrollado una ideología porque ha tenido una vida privilegiada o ha tenido una vida dura.

Ahora, si bien pueden existir ciertos prejuicios, ideas y miedos ante la vida gracias a nuestras experiencias pasadas, eso no significa que una ideología pueda ser explicada, mucho menos automáticamente nulificada, bajo esta cómoda y efectiva generalización.

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¿Por qué resulta tan efectivo y tan tentador psicologizar el discurso contrario?

1) Apela a una suposición moralmente reprobable y “disfuncional” sobre la psicología del otro, ayudando a la sensación ilusoria “Seguro debe estar mal”.

2) Siendo esta supuesta motivación oculta e inconsciente, el contrario no puede defenderse de ella de ninguna manera. Incluso intentar defenderse de tal acusación sería (y casi siempre será) interpretado como una defensa psicológica, una negación que es consecuencia de la misma disfuncionalidad que lo lleva a “pensar de tal manera”. Típico funcionamiento de la interpretación psicoanalítica, acusando de circularidad “neurótica” desde una circularidad teórica, creyendo desarmar completamente al otro desde un muy pequeño universo teórico que se destaca por su funcionamiento circular y su absoluta incapacidad de demostrarse a sí mismo bajo cualquier análisis científico o de mínima rigurosidad. El que psicologiza no puede ser sacado de su propio pensamiento circular, ha desarrollado un pensamiento cuasisectario, cuasireligioso; su teoría es mundo y universo. Está convencido de que su teoría justifica y valida a la teoría misma, a su pensamiento y a sus explicaciones sobre todo lo demás. Cuando se le pide demostrar su teoría por otros medios ajenos a su propia teoría, es incapaz de hacerlo, probablemente sea incapaz de ver que su teoría es sólo eso, una teoría y no un universo autoreferencial y autosustentable.

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3) En complicidad con el punto anterior tenemos la sorprendente manera en la que el psicoanálisis ha permeado la cultura desde las épocas del mismo Freud y hasta la fecha. Día a día utilizamos términos psicológicos o psicoanalíticos y creemos argumentar a través de ellas sin darnos cuenta, simplemente se convirtieron en parte de lo cotidiano, del “ahí se va”. Palabras y conceptos como “pervertido” o “histérica” son hijos culturales del psicoanálisis, aunque en él como teoría y disciplina no sean el mismo concepto que el que ha sido apropiado y resignificado por las masas. Esto se vuelve entonces “funcional” en la cotidianeidad y genera prejuicios, mitos y tremendos atajos mentales. Por otro lado, la imagen recurrente del psicólogo, psiquiatra o psicoanalista como “El que sabe más sobre nosotros que nosotros mismos” (vaya mito), no ayuda nada.

4) El psicólogo, psiquiatra o psicoanalista preparado que intenta mantenerse lúcido y agudo día a día, sabe que nada sabe sobre los demás y que sus interpretaciones bien podrían ser inventos suyos o incluso proyecciones de él o ella misma. Pero el que psicologiza la ideología del otro para hacer pasar esto como un argumento en contra, sea psicólogo o no, está haciendo una salvajada que no sólo no crea algún argumento lógico o relevante argumentalmente, también está siendo parte de fomentar una cultura del “por encimita”, del “mejor te callo en chinga”, del “igual estoy equivocado pero mira qué bonita manera de hacerme pendejo a mí mismo creyendo invalidarte”. Tan jodido, tan común, tan funcional y cómodo. ¿Un sofá y una chelita pa hacerse pendejo agusto?

NO QUIERO SER UN CRETINO PSICOLOGIZADOR. ¿CÓMO LO EVITO?

1) Deja de inventarte mamarrachadas: tal vez la persona con la que estás discutiendo sea alguien a quien tu moralidad reprueba, un tipo o tipa que te desagrada, alguien con un estilo de vida que aborreces. Sorpresa: eso importa aproximadamente dos kilómetros de reata aplanada cuando quieres llegar a un punto, a una síntesis, a ver si lo que tú piensas se puede validar o puedes aprender algo nuevo. Lo que importa es lo que dice la persona y lo que argumenta, no lo que tú crees (y muy probablemente te inventas) que es su motivación para “creerlo”.

2) Asume que la idea de que otras personas argumentan cosas simplemente porque las “creen” muchas veces no es correcto, tendrás que averiguar primero si son creencias o si son argumentos lógicos, si los invalidas de entrada porque crees que conoces las motivaciones “inconscientes” del otro, habla más de una probable neurósis y mundo fantástico tuyo, que de tu interlocutor.

3) Simplemente quítate de la cabeza la inútil y paralizante idea que existe una “motivación inconsciente” para las ideologías; eso no existe, es una pésima malinterpretación masiva que viene desde la adopción de una rígida e incipiente doctrina psicológica de principios del siglo 20 que no tiene un sólo fundamento científico, pero que desgraciadamente se ha colado en la cultura de una manera lamentable.

4) Las personas que andan instaladas en la superficialidad pueden haber tenido una vida muy privilegiada o también una muy dura, o una completamente “equis”, esto no tiene nada que ver y estas personas tampoco están muy interesadas en argumentar nada: simplemente van por ahí, por la vida, comiendo camote superficial feliz ¿qué les importa? y “Qué hueva meterse en rollos”. Si se animan, ¡bien! habrá que escucharlos, como a todos; si no se animan, está bien, cada quién su vida. Creer que alguien piensa tal cosa “por su pasado y su vida” es otro muy común y tremendo prejuicio. Con los que piensas que han tenido una vida dura o algún evento traumático que los hizo “amargados” y “pensar de tal manera” (incluso si ha existido esa vida dura o evento traumático), pasa lo mismo: no estás escuchando razones o argumentos, estás inventándote un camote que después endulzas y te tragas con tremendo placer automasturbatorio que te crea la fantasía de tener la llave a la mente ajena. No sé cuántas veces, por ejemplo, he recibido un comentario tipo: “Qué genio, Hill, estás muy amargado”, cuando estoy contestando -o escribiendo- algo de buenas y hasta con sonrisa en la boca, seguramente le habrá pasado a todos y cada uno de ustedes algo similar.

4) No te hagas muchas bolas ¿se sostiene lógicamente sin utilizar tus patrañillas psicologizadoras? Entonces ¡deja de utilizarlas! tanto para justificar tus ideas como para invalidar o “explicarte” las ajenas (no te estás explicando nada, por cierto, de hecho todo lo contrario: te estás sumiendo, poco a poco, más en la ignorancia).

5) De la que no te puedes escapar, con la que no te puedes hacer pendejo o pendeja, atención: Si las ideologías son manifestaciones intelectualizadas de motivaciones psicológicas ocultas, entonces tu ideología también lo es. ¿Qué súperpoder creías que te haría inmune a ello? Si esto fuera correcto, entonces más valdría dejar de hablar de lo que sea, de todo, ya que todo sería motivación oculta y no tendría validez alguna. ¿Suicidio masivo de la especie humana? ¿Silencio total? ¿La destrucción de la palabra? ¿Qué buscas con una idea tan absolutamente pendeja?

Sí, pude haber escrito sólo eso al principio y evitarles todo el rollo si es que llegaron hasta aquí, pero ¿qué diversión habría en eso?

Conclusión e invitación: No use atajos mentales, no se haga pendejo, no se haga pendeja.

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