Aterrar las libertades - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Aterrar las libertades
Cómo el terrorismo nos hace preguntarnos impulsiva y falazmente sobre nuestras libertades, logrando su control, triunfando.
Por Jorge Hill
14 de noviembre, 2015
Comparte

-Freedom_go_to_hell-

La semana pasada escribí sobre mariguana y libertades. Las noticias sobre un paso hacia la legalización de una plantita, que no causa adicción o daño minimamente comparable al del alcohol o tabaco, estaba espantando a nuestras conservadoras mayorías.

El tema detrás es el mismo de hoy, la libertad. Libertad de escoger, libertad de utilizar el cuerpo propio como se quiera y requiera, libertad de decir, pensar y escribir lo que se quiera, así parezca grotesco a otras personas.

Los ataques terroristas que se llevaron a cabo el pasado viernes en Francia, junto al temor a la añadida violencia que podrían desatar, están “reviviendo” el tema de las libertades. Un tema que realmente nunca muere, que debemos revisitar y avanzar a diario.

Pero la manera en la que el terrorismo revive el tema tiene sus propias características. Su efectividad para hacer que dudemos de manera falaz e impulsiva la validez de nuestros discursos “liberales” está basada en sus métodos y discursos de horror y control: no puedes tener libertades porque no quiero, no puedes tener libertades porque va contra mi interpretación extrema de libros sagrados y dogmas, no puedes leer o ver lo que no nos conviene que leas o veas, no puedes tener libertades e información porque la gente libre e informada deja de temer, toma confianza en su saber y en sus interconexiones cada vez más complejas y enraizadas con el mundo exterior, un mundo diferente. El informado e interconectado empieza a ver posibilidades que no se podrían vislumbrar anteriormente. El que no teme no puede ser controlado efectivamente. Para que temas, vamos a demostrarte que estamos dispuestos y somos perfectamente capaces de irrumpir y causar caos en escalas inmensas, de matarte a ti y a tus seres queridos, a tus conocidos y desconocidos, a tus compatriotas, a quienes te asocies ideológicamente, geográficamente, políticamente, religiosamente. Nada está a salvo de nosotros, nada lo estará.

Y entonces el horror nos alcanza, nos hace caer en su efectiva red, en lo que quería lograr desde un principio a través de lo impensable y lo innombrable. La maquinaria del terror se echa a andar con nosotros como sus efectivos engranes, sólo se debe hacer algo que le dé impulso de vez en cuándo.

Y así, aterrorizados de lo que uno mismo podría hacer, decir o escribir y que genere odio en alguien más, empezamos a callarnos, a no escribir o a no hacer. No es que en ese momento nos estemos exponiendo al control, es que en ese momento el control ya ha funcionado sobre nosotros, ya ha sido instaurado.

Más extiende sus tentáculos y más efectivo es el terrorismo cuando logra que uno se empiece a preocupar por lo que hacen los demás y que pudiera generar odio en alguien más. Así, empezamos a callar al otro, a odiarlo porque dice cosas que pueden ser odiadas por algún radical o extremista, que prenda su odio y “a todos nos lleve entre las patas”. El terrorismo asentado sobre fundamentalismo aplaude y ríe ante el caos y la enemistad, triunfa de manera estructural, fundamental: divide y vencerás.

Tal vez piense usted que las caricaturas o discursos como los de Charlie Hebdo deben ser prohibidos, o que la mujer no debería tener “tantas” libertades sobre su propio cuerpo y embarazo, que las drogas no deben ser legalizadas, que la homosexualidad es una aberración contranatura, que todo occidente está en una rápida espiral hacia la decadencia total. Concuerdo con usted sólo en la última, aunque mis motivos para creerlo se basan en nuestra tendencia al consumo descerebrado, a los impulsos y profundas cicatrices postcolonialistas, a nuestras limitaciones para ver los grises en el espectro del blanco al negro, y claro, también a nuestra tendencia a las interpretaciones moralistas del mundo a través del filtro religioso cristiano/católico. Religiones con sus propios fundamentalistas, sus propios métodos de sutil control y sus propios métodos de terror a una eternidad en el infierno; ese extraño amor sadomasoquista a una religión que dejó las armas, la tortura y las hogueras porque medio siglo de oscurantismo se puede continuar con maneras más delicadas y menos sanguinarias. Sobre todo si puedes trabajar sobre el campo que gobiernos ineptos y corruptos han ido fertilizando con ignorancia, miseria, abusos de poder, impunidad e indiferencia. Supongo que le suena conocido.

Habrá muchos que piensen como los ejemplos arriba citados, aún así, en raras ocasiones nos matamos entre nosotros por esos motivos. Pero cuando el horror nos alcanza y su máquina se echa a andar, hasta los que no son tan conservadores empiezan a dudar de nuestras libertades, las de todos.

La única manera de luchar contra el terror, tanto el manifiesto y grotesco como el sutil y psicológico, es no darle espacios, no dejar que avance. Parecería simplista, pero es: no temer.stop-terror-turn-off-tv

No estar pegado a la tele también ayuda, en eso… y en todo.

Tal vez valga más una vida llena de gente y grupos que te odien por lo que piensas y dices, a una vida de miedo, esclavitud y parálisis ante nuestras propias capacidades y libertades porque no vaya a ser que alguien se ofenda con nosotros, y si es un fundamentalista, extremista o psicópata, nos mate.

Pienso en el horror que deben vivir muchos en Francia en este momento y siento como algo se enfría y se hace vacío entre mi estómago y pulmones, un ligero escalofrío hace que se me agiten los hombros. Recuerdo las imágenes de miles de personas en las calles, exponiéndose a todo, con mantas que dicen “No tenemos miedo”. Entonces sonrío y el vacío se llena un poco, regresa un poco de calor.

No puedo rezar o unirme a un estúpido y superficial #PrayForParis en redes sociales, producto de la insoportable hiperrealidad de nuestros muy occidentales y posmos días. Creer en uno u otro de los tantos dioses que el miedo, maravilla o gratitud hacia la naturaleza nos ha hecho inventar, es el principal factor (entre muchos otros en una compleja maraña geopolítica y económica de historia beligerante) que nos ha llevado hasta aquí.

CTxqSm9UcAAxuuP

Lo que si puedo hacer es escribirle lo que pienso: tal vez allá afuera sí hay esperanza contra el terror y el control, desde el caótico y sanguinario hasta el sutil y cotidiano, desde el religioso extremista hasta el del estado disfrazado de “democrático”. Tal vez la única manera de luchar contra él sea no temer, no callarse. Aunque te odien, aunque te quieran matar y lo hagan en nombre de su dios, así se llame Yhahve, Cristo, Alá, Dolar o el favorito de todos: Poder.

@JorgeHill

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.