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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
De juegos, historia e imposibilidades impuestas
Por Jorge Hill
24 de junio, 2011
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CIVILIZATION I

Mi optimismo está basado en que esta civilización está por derrumbarse. Mi pesimismo, en todo lo que hace por arrastrarnos en su caída.

Jean-Francois Brient, director y documentalista

 

Ayer, se dice, fue un día histórico para México, en el que el presidente dialogó públicamente con diversos representantes de las víctimas que ha dejado la violencia en el país y con el ex-poeta Sicilia, que después del asesinato de “Juanelo”, como llamaba con cariño a su hijo, dejara de escribir tras enterrarlo junto a sus musas, inspiraciones y las palabras bellas que le quedaban.

Vi completo el encuentro y leí cuidadosamente los comentarios que se hacían en twitter en tiempo real, desde los justamente ofendidos, los profundamente conmovidos y los que con su sarcasmo me hacían reír. Sí, yo todavía me sé ofender, conmover y reír al mismo tiempo hasta en la época más negra, todavía no soy esclavo de un sentimiento o del otro, de una visión o la otra, de un blanco o un negro, cuando la vida está hecha de millones de grises intermedios.

Si bien Calderón siempre me ha parecido un tipo bastante soso y otro más de los tantos peoresnada que últimamente han pasado por la silla presidencial, me encontré con un presidente que a diferencia de opiniones con muchos que parecen no recordar a Díaz Ordaz -y secuaces como Echeverría- o Salinas, se me presentaba empático y correcto, realista, intentando lo incognoscible: explicar desde una posición de representante de la ley y los poderes, frente a personas destruidas por el fallo mismo de la ley y los poderes, que él mismo y su equipo no tienen el alcance y las herramientas suficientes para exigirle a la ley y los poderes que hagan lo que deberían hacer y que funcionen como idealmente deberían funcionar.

 

Este es el gran absurdo del sistema en el que vivimos, una parte y la otra, todos, esclavos y víctimas de lo mismo, todos tratando de culpar al otro de las responsabilidades de un monstruo intangible, que no tiene cara, nombre o cuerpo, que nadie representa enteramente, lo que yo llamo, y he llamado varias veces por aquí el Kraken.

Queremos seguir viendo la punta del tentáculo nada más

Arriesgándome a que se interprete como “banalización” y “reduccionismo” lo que escribo y mis asociaciones mentales, les platico que últimamente he estado jugando obsesivamente “Civilization V”, como lo he hecho desde el primero que salió en 1991. Un complejo juego de estrategia por turnos en el que empiezas manejando a un colono errante en un mapa, tratando de encontrar un punto en él con los suficientes recursos como para comenzar un pequeño pueblo que más tarde harás crecer trabajando las tierras aledañas con los nuevos ciudadanos que van naciendo cada turno y llevando a una civilización desde los inicios hasta el futuro, pasando por todas las etapas históricas, guerras, artes, fronteras, diplomacia, economía, ciencia, descubrimientos y la adopción de las diferentes ideologías sociales, económicas y políticas que el mundo ha conocido hasta ahora, con una tonelada de opciones y toma de decisiones que te dan una completa libertad para llevar a tu civilización a una victoria económica, diplomática, cultural, bélica o a la derrota por el fallo en cualquiera de las anteriores.

La complejidad en la programación, inteligencia artificial y el research detrás del juego es impresionante. Pero más impresionante sea tal vez la manera en la que representa a la realidad, al Kraken. Finalmente te ves obligado a tomar algunas decisiones que intentan llevar a tu civilización al triunfo siempre pasando por encima de otros intereses y severamente bajando el puntaje de “felicidad” de tu población, siempre dentro de un sistema basado en lo único que conoce el mundo y por lo que es regido, llámese economía y/o dinero vil, y lo que se desprende culturalmente de aquellos: el “poder”, la “fama” y el “éxito” de una sociedad. No en vano a este juego se le ha llamado, más que juego, un “simulador” de sociedades.

Gran nombre nos da Sepultura con el nombre mismo de su disco

“NUEVO MUNDO ESCLAVO”


Mi asociación tal vez sea banal, pero es una más de las maneras en las que reaparecen en mi mente las relaciones que a diario hago ante los problemas que me aquejan, a mi comunidad próxima, al mundo. El juego en sí no es otra cosa que una representación lúdica de la manera en la que entendemos al mundo, un símbolo inocente de la manera en la que hemos aprendido a vivir, porque no nos han dejado otra opción. Hoy y siempre, desde el obrero hasta el presidente mismo luchan contra un supuesto sistema de “Justicia” que de justicia no tiene una chingada y que responde, al igual que todo el sistema político-marioneta a los poderes auténticos, a la hegemonía económica y la manera en la que está incrustada desde la cultura del “éxito” hasta la moral, lo “bueno” y lo “malo”, los “exitosos” y los “fracasados”, los “de bien” y los “parásitos”, los “activistas” y los “pesimistas indiferentes”.

 

¿Indiferencia, ignorancia o desesperanza?

 

Algunos le llaman indiferencia, otros ignorancia, yo le añado a la ecuación la desesperanza, que es más acorde a mis sentimientos cuando veo, a diario, lo que considero una estéril e incluso infantil pelea entre representantes y personas que congenian con un partido u otro y discuten entre ellos lo maravilloso que todo sería si hubieran votado por el otro. Sonrío agriamente y con sorna cuando miro a tanta gente, auténticamente preocupada por nuestra realidad, tratando de adoctrinar a otro mediante términos políticos e ideologías rancias; esa sensación de que algo quema por dentro cuando ves que alguien quiere curarse una enfermedad inoculándose otra, porque lo han convencido de que esa es la cura.

“¡Estaríamos mejor con…!”

Todos imposibilitados, todos sin herramientas, y no porque lo estemos, si no porque aún seguimos ciegos ante lo que ahora ya muchos consideramos que es el problema real. No es la sociopatía del narco que nacido pobre vio la oportunidad de hacerse rico en la ilegalidad y la violencia, no es el político que decide regresar las calles y las ciudades a la población, su dueño auténtico, mediante la instauración del ejército en las mismas; no es el político joven, revolucionario y lleno de buenas intenciones, que al llegar al “poder” se encuentra sopresivamente sin medios para cambiar en la realidad lo que siempre quiso en la fantasía y lo llevó hasta ahí; y definitivamente tampoco es la solución un sistema político podrido y añejo, resultado de una sociedad profundamente enferma y que únicamente sirve a otras estructuras de poder y les sirve como marioneta y velo, como herramienta para dejar desprovistos de herramientas a todos los de abajo.

 

¡En eterna temporada, tanto políticos como ciudadanos representando la más

absurda puesta en escena de la historia: LA DEMOCRACIA FANTÁSTICA… ON ICE!

Y a todos mis amigos, conocidos, lectores y desconocidos politicos, politiqueros y politizados (la diferencia suele ser clara) todo esto les puede parecer una patada en el riñón. Pero el angustioso “¿Y entonces qué?” (como si la vida se acabara) ya lo he escuchado antes, cuando mis excompañeros de carrera y amigos me reciben después de tirar un discurso sobre la inutilidad, sobreintelectualización y sobrevaloración del psicoanálisis en el mundo, una ideología, disciplina y ortodoxia que a 100 años no se puede justificar a sí misma en términos científicos serios y ser falseable fuera de sus limitados confines de teoría circular, más añeja y pasada que un queso panela en refrigerador de soltero; las caras perplejas como asomadas a un inexistente vacío eterno creado únicamente por los alcances de la disciplina misma sobre la vida cotidiana, la sensación de haber perdido algo que nos apuntala a la realidad y la vida misma, un pilar de existencia. Pero ¿yo qué? ahí está la ciencia, la razón, la estadística y hasta el sentido común hablando por sí mismos. Y en el caso que nos compete, aparte de los anteriores mencionados, está la vida diaria y la cotidianidad hablando por sí mismas.

Hablamos de un sistema que de entrada creó a los pobres a los que hoy aumenta por millones cada día y a los sociópatas de los que quiere deshacerse, a la gente hambrienta de aquello que no tiene y decidida a conseguirlo por los medios que sea, porque “no hay otra” manera de “vivir bien”, de “ser exitoso”, de “ser famoso”, de “tener poder”. Y si siempre pongo estos términos en comillas es porque no hay otro símbolo en nuestra palabra escrita que represente el nivel de ironía y locura, enfermedad y confusión con los que quisiera mostrarlos.

Esto no se trata, de fondo, acerca de personajes, políticas y partiditos que ni siquiera tienen congruencia interna. Con sorna sonrío mientras escribo esto, sabiendo de antemano a cuántas personas esto aún les parece “locura”, no se trata de matar narcos o encarcelarlos, no se trata de víctimas y victimarios, de derechas e izquierdas, de la justicia del ojo por ojo o de la instauración de prohibiciones sobre más prohibiciones que terminan con tu culo envuelto como regalo y con moñito, con una linda etiqueta que dice “Para ti, con todo mi amor y servidumbre ciega, Estado señor mío”.

Se trata de un sistema que de entrada no sólo permite narcos, violencia, fantasías irreales de dinero y poder, sino que los crea y más tarde los fomenta. Se trata de un pensamiento global diseñado explícita y genialmente para alabar el dinero y el poder, traducidos culturalmente a “éxito”. La premisa sobre la que se erige toda nación, estado, negocio y la gran mayoría del pensamiento individual de nuestra modernidad zombie imbécil.

“¡Yay, por estar amansadito subí de puesto!… braaaains”


Se trata, finalmente, y regresando a ese “pesimismo” y “pensamiento apocalíptico” que tantas enemistades me ha ganado por aquí (y en muchos otros lados), de que la solución nunca va a estar en la mano de los políticos y su sistema que huele a muerto y a foco de infección, ni en las inyecciones de dinero para supuestamente “salir de las crisis”, ni en los encuentros con el presidente, ni en el activismo estéril, ni en la pendeja derecha moralista y controladora o en la izquierda de chocolate con morrales y el periodiquito contestatario radicalista bajo el brazo.

“Nel brother, la solución está en hacer el partido de la voz de la mescalina”

Si veo una solución, la veo en la educación, en el pensamiento y la razón, en dejar de ser servidumbre de las estructuras del poder y sus diversas formas y representaciones; y como siempre, como lo marca la historia una y otra y otra vez, en la conscientización de la sociedad civil sobre esos poderes, en la denuncia y análisis de sus engranes y funciones, sistemas y subsistemas, en la vista clara sobre la mañosa y torcida manera en la que se nos presentan y se disfrazan; en de una vez por todas dejar de comprar, solo porque está perpetuamente la happy hour de 10×1, la soga con la que sonrientes, “realizados” y “completos” nos colgamos nosotros mismos.

Me regodeo en mi “pesimismo” e “indeferencia”, en mi “sarcasmo”. En la malinterpretación reduccionista de un optimismo realista, tajado, casi imposibilitado por las barreras externas puestas en los miles de brazos del kraken que tienen como primera y última finalidad que nada en la vida cotidiana quede fuera de su alcance e influencia, pero latente; a diferencia del optimismo de esperanzas estériles, cuentos de haditas, puros y blancos, sin menciones de lo que hiela la sangre y por otro lado la hace arremolinarse y hervir, sin mirar los abismos negros que le dan, por simple antítesis, su realidad y fuerza.

 

Quien quiera seguir rascando la superficie con su #CalderónAsesino, con sus “Estaríamos mejor con …” y otras esterilidades de la retórica, adelante. A mí mientras me esperan los romanos que tengo atorados en la época medieval en Civilization V.

Les deseo un lúdico y/o consciente (¿documentalizado?) fin de semana, ya no bufen tanto, y si sí, que sea a donde bufar sí dé resultados, en un lugar que no sea la fantasía que una “democracia” mercantilista totalitaria te ha convencido como “única” opción.

 

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