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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
De putitos y amargos despertares
Celebrar la diversidad en un mundo más complejo de lo que queremos que sea, una alternativa a glorificar la indignación y sus escarnios.
Por Jorge Hill
25 de junio, 2016
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“¡Pues veámonos pronto, putito!”, me gritó Alberto al final de la fiesta con esa euforia ansiosa y cariñosa muy suya. Unas semanas después estábamos una vez más en su casa, bebiendo e intenseando durísimo, como es costumbre. Después de darle mis comentarios sobre la novela que escribe, me preguntó “Bueno, ¿y tú cómo vas, putito?”. Mientras respondía de manera torpe y enmarañada sobre mis torpes y enmarañadas andanzas en la vida, música, escritura y cocina, llegó José a la sala con dos enormes platos de una maraña con pinta asiática que olía bien y sabía mejor. Nos enmarranamos de ella. También él, la pareja de Alberto, le sabe a la cocina y le sabe bien. Retomamos los tres el intenseo filosofal con pizcas de chismarajo, viendo cómo las botellas de tinto se vaciaban una tras otra.

Un par de semanas después vendría la masacre en el bar gay de Orlando, también resurgía de las cenizas la discusión sobre el grito de “Puto” en el fútbol mexicano. Favorita oveja negra fénix resucitada, una vez más, por algo entre culpa, pánico y urgencia desesperada por arrancar la menguada empatía de una parte de la población mexicana que basaría relaciones y cultura sobre la competencia, mareas de testosterona y adoración absoluta a las imágenes mediáticas populares.

Las cosas se ponen a ratos un poco apocalípticas, y no de la manera caótica creativa que se celebra y admira en este congal. Trump ya llegó más lejos de lo que parecía una broma sana y el Brexit es un hecho, el caos de algunas partes de medio oriente se disemina por el marranero social, económico y político que tenemos en buena parte de occidente; internet no fue la herramienta milagrosa que nos iba a unir a todos en un mundo informado en unos pocos años y la ilusión de un mundo unido y globalizado se ve cada vez más lejos. La lectura típica, que abunda en páginas de internet y en redes sociales jala agua a su molino y se va instalando en pares de versiones: “viejos quedados vs jóvenes progresistas” termina siendo lo mismo que “sabios vividos vs inocentes nalgasmeadas”, no nos gusta ver que las dos -y todas sus variaciones cliché de opuestos binarios- pueden tener tantos toques de razón como de ceguera sesgada. Es perturbador ver que hay tanto “progresista” como “conservador” que odia que la libertad de expresión, bien ejercida, sea para todos y no sólo para los que piensan como él o ella. A otros perturba la visión inevitable en la que hasta una victoria de Trump, por las razones que se quiera y que son irrelevantes para este ejemplo, sería una manifestación y “triunfo” de la democracia. Así son los jodidos amargos despertares.

En esto de despertar con una cruda de godinez japonés en quincena hay una gran frase. Aunque ha sido explotada y abusada más para fines de codazo personal y agresión pasiva en las mismas redes sociales, creo que no se desvanece lo atinado: “Facebook te hace creer que tienes muchos amigos, Twitter que eres sabio e Instagram que eres fotógrafo. El despertar será duro.” Yo añadiría que algunos programas con los que puedes loopear cachos de música ajena y rapearle encima te puede hacer creer que eres músico, tener un canal de YouTube popular, una cuenta de Periscope o un blog como este te puede hacer creer que eres relevante, héroe social o algún tipo de líder de opinión. El engaño está allá afuera, con los brazos abiertos, sólo esperando a que seamos lo suficientemente inocentes o vacíos de humildad para aventarnos maníacos hacia él. Hoy, que la indignación es moneda de cambio en internet, trendy muestra de supuesto estatus ético y dudosa pero impetuosa reveladora de bandos, no hay mejor época para matarte a abrazos.

Será que tenemos muy torpes y muy enmarañadas maneras de exigirle al otro lo que creemos merecer en un mundo más complejo de lo que queremos o podemos ver. El amargo despertar en este caso es que la empatía no se arranca y que el respeto auténtico y natural que resulta de ella, mucho menos. Intentarlo a la mala, a través de la prohibición o el escarnio público condescendiente sólo genera lo contrario. Más bien se construyen en un lento y doloroso camino, ladrillo por ladrillo, experiencia por experiencia, encuentro por encuentro. En general, en el mundo, sobre todo aquí en el tercero, estamos lejos de tener algo construido.

Mientras, me quedo con la reconfortante certeza de que ya va a amanecer y hoy, 25 de junio, se pone un ladrillo, una experiencia y un encuentro al celebrar la diversidad en lugar de glorificar la subjetiva indignación… y que encuentro un torcido humor en que mucha gente se pueda romper la cabeza tratando de entender cómo es que un “puto”, diciéndole “putito” a un heterosexual, pueda ser una profunda muestra de cariño, confianza y amistad.

@JorgeHill

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