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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
Democratiza y vencerás (o no)
Por Jorge Hill
30 de abril, 2011
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En mi búsqueda por nueva información del ACTA (Anti-counterfeiteng Trade Agreement) encuentro que al muy válido e importante discurso de estar consciente de qué es el acta, ver los intereses mezquinos que protege y los derechos básicos que podría limitar, me encuentro con otro discurso que se le une: la “democratización y el futuro del arte”.

 

The Future of Art from KS12 on Vimeo.

 

Antes que nada, tengo que manifestar mi postura:

1) Estoy en contra del ACTA

2) Estoy a favor de que la gente haga arte y lo haga como se le dé la gana.

3) Estoy a favor de la libertad de poder criticar y que todo mundo critique, como se le dé también la gana, los resultados y la calidad de ese arte.

La gente que suele estar a favor de “democratizar el arte” defiende varios puntos, entre ellos, los siguientes:

1) La propiedad intelectual no es un derecho humano, es un marco legal que protege a intereses monopólicos.

2) La idea de los grandes genios y pensadores es obsoleta, hoy y en el futuro el arte y los pensamientos deben ser de todos y para todos, todos somos iguales.

3) Necesitamos un “renacentismo digital” que haga posible la desaparición de los dos puntos anteriores.

Muy bien, todo suena muy bonito… #not.

Hoy se utilizan las palabras mágicas “democratizar” y “democracia” como sinónimo de un sueño opiaceo en el que se recurre en la mente a un mundo de ponys y arcoiris. Hoy a todo discurso, sea político o no, se le añade la palabra “democracia” para darle una cuasi-mágica validez a todo choro sacado de la manga y el que esté en contra se vuelve automáticamente en algún tipo de totalitarista, fascista o simplemente aguafiestas, en una de esas, hasta terrorista.

El problema de que a un asunto ya tan intrincado como es el ACTA y la propiedad intelectual se le unan otras voces pantanosas lo hace aún más complicado y altera la lucha básica y válida. Lo que estas personas pierden de vista, es que aún no vivimos ni en la utopía chomskiana ni en la sociedad del Venus Project, vivimos en un sistema capitalista que ha decaído por la falta de regulaciones, los monopolios y que no tiene cara de irse pronto aunque ya se vean sus decadencias próximas. Ante esta realidad los sueños de opio no pueden validarse, deben buscarse opciones para que gente que hace arte, pueda vivir de ello en el sistema actual.

 

¡Democratizamesta qué!

¿Existe una mafia literaria? sí. ¿Existe una mafia en las artes? sí. ¿Las personas que están más arriba en la industria de la venta de arte, los grandes estudios y la industria cinematográfica funcionan como sociópatas llenos de avaricia? sí. ¿Se sirven todos ellos de un mal regulado marco legal internacional de la propiedad intelectual? sí, sí, ¡Oh sí!

¿Por esto debemos destruír las leyes de propiedad intelectual y obsesivamente pegarle duro a “los grandes” a “las vacas sagradas del arte”, al artista que finalmente llegó a un lugar gracias a su talento y se volvió “mainstream”? no señor y seño (pa no entrar en detalles), esto es tontería y es hipsterismo puro y vil, huele más a resentimiento y envidia que a lucha, es unirse a “causas” sin pensarlas a fondo y jugar al “estoy en contra” por el simple hecho de “estar en contra”, porque está cool y “todos lo hacen”.

El problema no son en sí las leyes de propiedad intelectual, el problema es que sean pantanosas y no estén bien reguladas, que sirvan una vez más al monopolio y al enriquecimiento de terceros y no al artista en sí. El problema es que sean modificadas gracias a los intereses de esos terceros y no del creador. Lo que nos lleva al siguiente punto en la lucha de estas personas: Destruir al autor es destruir la lucha misma que ha sido generada.

Estas personas pretenden “democratizar” lo indemocratizable: el talento. Y con los polvitos mágicos de la palabra “democracia” pretenden que un artista, en vez de luchar por sus intereses como autor y poder vivir de ellos decentemente en el sistema actual, se destruya a sí mismo como autor, como talento y como artista. Es curioso que buscando liberarse de las infernales garras del capitalismo, a lo que se termine llegando, sea a abolirse a sí mismo como artista de “consciencia social”, regalar tu arte a la sociedad ¿y luego?: Regresar a tu trabajo de obrero y dejar de hacer arte porque no tienes tiempo para hacerlo y porque no va a redituar.

“Les hice caso a los democratizadores del talento, ahora soy feliz y

tengo consciencia social, bienvenidos a mi casa”

 

No nos confundamos, la lucha en dado caso es contra el mercantilismo en el arte, contra los monopolios que lo crean y las leyes que lo permiten. Estar en contra del autor y a favor de la “democratización” del talento ya va en contra de la más básica idea de proteger el arte, de darle validez y de darle valor, tanto monetario como de apreciación. Estemos en contra de los terceros que se enriquecen con el talento ajeno en vez de andar inventando payasadas y tratar de vivir en una utopía romántica que va a terminar hecha pedazos en el primer momento que salgas a la calle y te topes con el gran muro que es la realidad. Pasito a pasito se llega a Roma, corriendo es más probable que te resbales y no te puedas volver a parar.

De cuando uno pierde el camino de la lucha y entra en la chaqueta mental.

 

Porque a mí me digan lo que me digan, si en verdad crees que esto:

Tiene la misma validez artística, refleja el mismo talento y “debe ser tratado igual” que esto:

O que esto:

 

 

Refleja el mismo talento, los años de estudios y práctica, el entendimiento teórico y la disciplina que esto:

 

Entonces tenemos un serio problema de apreciación.

No le busquemos tres pies al gato ni chichis a las lombrices, democratizar lo indemocratizable es estarse haciendo bolas solito e intelectualizar asuntos que no necesitan de tanta vuelta. Mejor, busquemos soluciones para que el autor tenga los derechos, crédito y valor que merece, sin que terceros se enriquezcan gracias a él, ni que resentidos faltos de talento o temerosos de darse de cates con los grandes busquen su desaparición apelando a un daño global fantasioso, racionalizado y desprovisto de argumentos reales.

Dejemos de escupir pa arriba.

 

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