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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
El castigo al voto
¿Cuál es la finalidad de ponerle combustible a una máquina que no funciona? ¿No deberíamos estar pensando en el motor en vez de en la gasolina?
Por Jorge Hill
6 de junio, 2015
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No te preocupes, no estoy escribiendo en esta madrugada para intentar convencerte de qué hacer con tu voto. Aunque así pudiera parecer en algunos momentos de este escrito, entenderás al final por qué ni siquiera tengo interés en hacer algo parecido. Estoy escribiendo para contar una historietita y dejar en lenguaje escrito algunas reflexiones. Congalear, pues.

Mi historia con el voto ha sido como todo en mi vida, caótico y cambiante. Así nos gusta a algunos. Dejé la fantasía de ser “apolítico” alrededor de los 25 años, cuando me fui dando cuenta que no existe el “ser apolítico”, que sólo es una chaqueta mental para no pensar en una fracción de la realidad, esa que nos dicta que todos somos políticos, que la humanidad es política y que “política” no se refiere a partiditos, presidentes diciendo tonterías en la tele o pelearte con tus amigos y familiares en cada peda. Entendí que “política” sólo es otro nombre para “Somos un chingo, todos pensamos diferente, todos queremos vivir de maneras diferentes y tal vez tengamos maneras de ejercer poder sobre los otros para lograr nuestros objetivos, pasando lo menos ojetamente sobre los de los demás (en los casos más afortunados) ¿cómo organizamos todo el gran pedo que se desprende de esto?”.

Antes de esa edad no había votado una sola vez, pocas cosas eran tan lejanas para mí como esa bola de ridículos tratando de cambiar su entorno con un papelito y peleándose entre ellos como si los partidos y candidatos fueran equipos de futbol. Me asqueaba, me daba lástima, me daba pena ajena. Esa sensación no se ha ido, pero sí ha disminuido hasta un nivel muy soportable… a ratos.

Resumo y me brinco década y media de muchos y fuertes cambios internos, desde entonces he pasado en diferentes votaciones por el abstencionismo voluntario, por votar con toda esperanza y por anular. Ninguna opción ha traído cambios que me beneficien directamente a mí, podría decir que lo contrario, aquí no ha pasado nada bueno, las promesas no han sido cumplidas y mi calidad de vida es peor a la de la generalidad de la generación anterior, y la de la generación que viene es peor a la mía -send estadísticas!-. El eterno espiral hacia la decadencia de este país no parece tener manera de detenerse, tampoco una explicación clara de fondo, tampoco una manera de que yo, Jorge Hill Ruy Sánchez, ser único como tú, pueda cambiarlo.

“Y si todos nos unimos y…” ah, la fantasía de comunidad. En algunos países de Europa y Asia el símbolo “comunidad” medio funciona, sociedades más homogéneas con una cultura de respeto y visibilización de las necesidades y pensamientos del otro. Tal vez en Islandia, Finlandia, Noruega, Corea del sur o Japón la palabra y concepto “comunidad” sirvan de algo. Aquí… por Diox. Buscar comunidad es buscar nicho, es ayudar a la fragmentación que en parte tiene a todo como está. La desigualdad, en todo, es nuestro pan de todos los días, nuestra “normalidad”.

Sí, estamos llegando a esa desesperanza congalera que el lector asiduo bien debe conocer ¿qué otra cosa podría esperarse?

He seguido más o menos de cerca el debate “voto contra voto nulo” durante años, he leído y escuchado a los especialistas, a los no especialistas, a los amigos, familiares y conocidos. No quiero poner palabras en boca de todos ellos, sólo manifiesto mi interpretación escribiendo que al final de las discusiones y disertaciones, artículos y blogs, entrevistas y tuits, todos parecen tener un tácito entendimiento y conclusión de fondo, algo flotando arriba de ellos que dice que sea como sea, da igual. Que cuando tu voto esperanzado, tu voto duro, tu voto responsable, tu voto de castigo, tu voto nulo o tu abstención llegan a ese vórtice al que llamamos “sistema político mexicano” son tragados al pasar el horizonte de eventos, y adentro del hoyo negro nadie sabe qué pasa. Al igual que con el fenómeno cósmico, sólo notamos sus manifestaciones, y hasta ahora han sido igual de destructivas, igual de peligrosas, y sobre todo, igual de voraces.

Aunque a veces lo pueda decir enojado al igual que tú, en el fondo no creo que “todos los políticos sean iguales”, lo que sí es igual es la red de poderes en la que acaban entrando todos ellos, una red que sólo cambia de caras y apellidos, colores, ideologías. Un impasse tejido por décadas -¿siglos?- de burocracia, mediocridad, poder, dinero, corrupción e impunidad, una red de la que somos parte queramos o no, de la que compartimos cierta responsabilidad y de manera más importante, pienso, somos resultado. Un motor perpetuo disfuncional que recicla su propio combustible, cada vez más sucio e inefectivo, que a su vez hace más daño y desgasta al ridículo armatoste. Habrá quien diga que esto es sólo un microcosmos, una representación en pequeño de cómo funciona “el mundo” (refiriéndose a “el mundo humano en nuestras inmaduras condiciones actuales”), y le daré toda la razón.

Si la máquina no funciona da igual que le inyectemos nuestros votos-combustible, nulos-combustible o abstenerse de ponerle gasolina. Y mientras, nos peleamos, inocentes pero absolutamente apasionados, sobre si debemos ponerle Magna, Premium, acetona, Diesel o aceite para nalguitas de bebé.

El gran absurdo hace su aparición, siempre grotesco, irónicamente encantador por los lugares y caminos a los que te puede llevar después de verlo a la cara y asumirlo, sin pretextos, sin fantasías, sin “peros” que te llevan de vuelta a la necedad automática y vacía de siempre. Lo que se ha visto no puede ser “des-visto”.

¿Solución? no sé, ni siquiera sé si me sigue interesando buscar y pensar una solución a un problema que no depende y nunca dependerá de una sola persona, y que si depende de una comunidad no puede lograrse a través de una fragmentación esquizofrénica que logra que las partes generadas por su propio cisma se aborrezcan entre sí y lo manifiesten en todo momento, una sombra que lo impregna todo. Locura encarnada convertida en “país”, sea lo que sea que esa palabra signifique.

Pero sí sé que una sola persona, un par o un pequeño grupo pueden hacer de su entorno y de su vida algo mejor, sin cadenas que no pedimos, sin esos obstáculos que nos tratan de convencer una y otra vez de que son  “normales”. Relatividad y ceguera voluntaria. Al igual que uno escoge a sus amigos porque los familiares son de a huevo, uno puede escoger tierra porque en la que nace no se pidió. Paula y yo ya estamos estudiando hangul (한글 – “coreano”) y las visitas a la embajada de Corea del sur ya están por programarse. Nada seguro, sólo pensamos que uno debe visualizar sus opciones y que poner todos los huevos en la misma canasta es una de las peores idioteces que puedes hacer cuando miras hacia arriba y te das cuenta que este cosmos y este planeta, sus probabilidades y diferencias internas, son inmensas. “La libertad es poder escoger sus propias cadenas”, se dice por ahí. Concuerdo completamente.

Si llegaste hasta aquí y te preguntas “Entonces, Hill ¿vas a votar, abstenerte o anular?” sólo puedo contestar que no entendiste lo que acabas de leer o que la necedad obsesiva sí está para buscar tratamiento.

Screenshot

Ahí abajo espero las predecibles mentadas de madre porque supuestamente estoy impulsando el voto, o el abstencionismo, o el voto nulo, el largarse (y el “¡pues lárgate!”), el ser un “cobarde”, la huida, el “abandono”, el ser irrespetuoso, el “te crees mejor que los demás”, el ser “malagradecido” y todas esas cosas que no entiendo, que a veces son divertidas y que algunas personas interpretan a través de la mirada de túnel que impide ver a los lados, con gafas de extrañas pasiones, sin destino, ni función.

@JorgeHill

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