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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
El consentimiento de nuestra propia violación
Por Jorge Hill
4 de noviembre, 2011
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Te encuentras entonces con una brecha enorme, más grande de lo que imaginabas, al intentar escribir y hablar de ciertos temas. Uno de ellos, el más obvio tal vez, el de la no cabida de la religión (sea la que sea) y la superstición en el mundo actual y el futuro; en su obvia y agredecida decadencia entendida por los no religiosos como la subida gradual de la razón y la ciencia al paradigma reinante, entendida por los religiosos como una decadencia de la moral humana, basada en los estrictos, intolerantes, prejuiciosos y delirantes preceptos morales de los libros que han sido escritos, según ellos, directamente por su Dios y los tocados por él, el que sea de tantos.

Una conmoción parecida me causa el encontrar posturas recalcitrantes en otra religión, una que va mas allá de dioses y de raciocinios, que envuelve al más agudo y al más despierto: la religión del consumo, el crédito y la producción.

Soy totalmente guanga mental

Encuentro, al igual que muchos allá afuera, una barrera intransigente, un blindaje con teflón a cada paso que se intenta dar hacia la recolección y exposición de datos claros y claves. Pero esto no se trata de martizar a cierto grupo o automartirizarse, se trata más bien, de intentar deducir caminos correctos y más cortos que crucen esa brecha en vez de hacerla más grande cada día.

Por eso tal vez lo mejor sea ir paso por paso en vez de exponer una globalidad, un todo que tantas veces obliga al lector y al escucha a cerrar el camino de entrada automáticamente, lo lleva a hacer lo que se le ha enseñado: taparse los oídos y anteponer una episteme como límite de pensabilidad, un cassettito, un DVD que permea toda situación de entrada y salida, la toma, la descarna sin voltear a ver sus interiores y sus argumentos, la reviste y disfraza de su más conveniente atuendo para convertirla en Lo Otro, lo ajeno, lo alienante mientras se asume la posición alienada. El más efectivo y más incoherente proceder y método para invalidar lo que sea sin siquiera pensarlo.

He encontrado que al escribir o hablar de la oligarquía mundial y el corporativismo como auténtico gobierno del mundo, legitimado por todos nosotros a través del voto tácito del consumo voraz sin conciencia y la adecuación al sistema de trabajo-producción-crédito-consumo, la colisión es granítica. ¿Las causas? muy parecidas a aquellas que surgen en los encontrones de ateos y religiosos; en la ciencia, razón y evidencia contra la creencia y la fe; en todo aquello que se refiere a un cambio de paradigma global alejado de nuestras pequeñas, pero nunca insignificantes vidas.

Así me encuentro con que es por lo pequeño por lo que se debe empezar, que lo grande y lo global aturden, causan miedo, ponen en riesgo lo que uno ha asumido como “identidad”, ejemplifico, inténtenlo en cualquier reunión al conocer a alguien:

-¿Tú qué haces?

– Trabajo en…

-No, te pregunté ¿Qué haces? ¿Quién eres? no ¿En qué trabajas? o ¿Qué estudiaste?

Espérame, creo que algo se me rompió adentro…

Vean, admiren, pero sobre todo, analicen la cara de estupefacción del interlocutor, la sensación compartida de que algo se resquebraja, pero también la apertura a una relación que está marcada por un inicio completamente diferente y probablemente se encamine por otro rumbo alejado de la socialización robótica, la socialización fantástica, por lo mismo, la no-socialización.

Expongo así una pequeñez, un pequeño engrane de la maquinaria y no la maquinaria, un subsistema que a pesar de ser viejo amigo del marketing y la ingeniería actual, es un oscuro conocido de todos los demás, aunque esté al alcance de nuestra mano ahora mismo.

No nos vayamos a terminajos tan pronto, todo objeto producido, en especial aquellos que dependen de la tecnología digital y que hoy son parte vital de nuestra existencia, están planeados para dejar de funcionar en un cierto lapso de tiempo, esto no sorprende a nadie, lo sorprendente es que no se asuma el porqué de este método y sus obviedades, de manera más importante, sus consecuencias a gran escala, esa que no nos gusta ver, la cadena que lleva hasta arriba, la causa de todo efecto:

Las compañías, pudiendo crear objetos que duren décadas, crean objetos que duren un par de años

Ay, ire nomás, con las que me sobran agarro el iPhone

y con la otra el Machiatto Doble Tall Súper Colisionador de Chispitas Estratificadoras

– Se crea un nuevo modelo del objeto con mínimas variaciones, que a su vez, durará sólo algunos años.

– Se crea una estrategia de marketing para cada nuevo objeto haciéndolo pasar como lo mejor que te puede suceder en la vida, en los comerciales hay risas, hay suspiros nostálgicos, hay unión de familias y novios, hay amor, el objeto es amor, cada nuevo objeto es más amoroso y feliz que el siguiente.

– La compañía optimiza sus métodos de producción, minimizando pérdidas, ajustando cada vez los salarios, derechos y libertad personal de sus empleados, desde el que no es el CEO hasta el esclavo en China o México que trabaja 12 horas diarias por una miseria.

– Se crean campañas publicitarias sobre la bondad de la compañía, que en realidad no explota, si no que llevó trabajo y riqueza a una población que “nada tenía”, perpetuando la opinión pública positiva ante una mentira cínica.

– Los precios de los objetos suben mientras que su precio de producción se mantiene o sube por decimales, haciendo la explotación al trabajador y consumidor, cada día más abrasadora.

Y es entonces que terminamos todos haciendo trabajos que no quieren

hacer ni los…. 

– Tomando en cuenta que para todo esto se necesitan recursos y materia prima de manera exponencial, ya que cada día somos más, cada vez más los “nuevos modelos” y cada día más países son “invitados” a la “democracia” y “libertad capitalista” (Tirando dictadores, destruyendo zonas y llevando bancos y corporaciones a “reconstruir”) podemos tener un atisbo, o no, del impacto ambiental que esta manía voraz de producción causa.

– Todos contestaremos “Pero si todo eso ya lo sabemos”, pero nadie quiere tomar la responsabilidad que se tiene al caer en esta “trampa” que es en realidad un juego de voluntades compradas y vendidas al que preferimos mantenernos ciegos antes que aceptar que somos nosotros la parte central del problema, somos su combustible, su inicio y su final; aquellos en las coroporaciones y altos mandos sólo responden y optimizan la manera en la que nos van a vender de manera más efectiva y gratificante, el siguiente modelo de soga con la que nos ahorcamos.

Ay, pero mejor ni pienso en esOink.

Esto, este viejo conocido, este aliado del corporativismo tiene su nombre y es estudiado para llevarlo a lugares más efectivos día a día y estar actualizado ante las necesidades de la gente, necesidades mismas que han sido creadas por las campañas de marketing.

Recuerdo a un jefe que tuve, cuando no tuve de otra más que tener uno, que me decía una frase que nunca se me va a olvidar y que se escucha en cualquier gran compañía estratégica:

El cliente no lo necesita, nuestro trabajo es crearle una necesidad, convencerlo de que es suya y venderle el producto que va a llenarla.

 

Tan efectivo se ha vuelto este sistema, que se ha creado otra capa sobre él, que incluye los puntos arriba mencionados, todos ellos se suman para poder definir el subsistema corporativo conocido como obsolescencia planificada (Planned obsolescence) y que se define como:

Proceso por el cual un producto o servicio se vuelve obsoleto o no funcional tras un período de tiempo calculado por el fabricante. La obsolescencia planificada tiene un potencial considerable para beneficiar al fabricante dado que el producto va a fallar en algún momento, poniendo bajo presión al consumidor para que adquiera otro producto nuevamente,1 ya sea del mismo productor (mediante la adquisición de una parte para reemplazar y arreglar el viejo producto o mediante la compra de un modelo del mismo más nuevo), o de un competidor, factor decisivo que también se prevé en el proceso de obsolescencia planificada.

 

“Pero ugh, qué ganas de darle vueltas a lo mismo, Hill, si ya lo sabemos todos”, bien, ya todos lo sabemos, qué bueno que somos tan cultos y estamos tan enterados de tantas cosas de cómo funciona el mundo, las preguntas que dejo, claras, son dos:

¿Sabías o asumías sus consecuencias?

¿Hasta cuándo vas a seguir siendo parte de esto y seguir dejando que te vean la cara de pendejo?

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