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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
El Papa es lo de menos
Por Jorge Hill
23 de marzo, 2012
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Ouch.

Tal vez pienses, mi querido congalero, que estás más allá del bien y del mal, que has encontrado la llave del candado que une todas tus cadenas y que el mundo se abre ante ti de una manera clara y libre de pasiones innecesarias.

La neta del planeta es que esa no se la creo al zen más taichiero o al taoista más yingangoso, vamos, que hasta el buda mismo nos habla de un ideal, un Nirvana que nada más conozco en términos de grunge y que quedó en sesos escopeteados.

Pero la esperanza es lo último que muere.

Liberarse de obsesiones, pasiones innecesarias y apegos locotes es una misión imposible en el mundo actual, más cuando estamos creados desde la arcilla de la publicidad y la lucha ideológica entre un mundo que se basa en la falacia común y una pequeñísima minoría que está dispuesta a dar un paso diario dentro de sí mismos para acercarse más a esa difícil coherencia interna. Benditos sean (?!) esos pokemones que se cuentan con la mano: científicos, algunos pensadores y algunas personas “comunes y corrientes”. El entrecomillado debido a que es esa decisión voluntaria y camino constante, tortuoso y conscientemente tomado día a día, el que las convierte en exactamente lo contrario.

El miedo al foreveraloneismo no anda en burro.

Para no andarle mareando la coliflor…

Yo digo que sí parece un cerebro, pero mñeh.

De lo que se trata esto ya no es que si el Papa viene a México con nuestros impuestos en el marco de los cambios en materia religiosa de las leyes en un estado que de por sí nunca ha conocido el laicismo verdadero, ni siquiera lo ha tocado medio de refilón en lo práctico y real fuera de la palabrería escrita en “la ley”. Ya no se trata de si el Ratzzinger Z obviamente no es representante de un Dios inexistente en la tierra o si encubrió pederastas. Toda persona con algunos toques de cacúmen libre de fanatismo y una mínima curiosidad por la información confiable y la lógica da lo anterior por hecho. Y no, estas no son falacias, si no está de acuerdo deje de pedir la cosa peladita y en la boca, sin albur, y póngase a averiguar. Aquí una cucharadita del Gerber de realidad:

 

 

De lo que se trata es de poder ver tantas manifestaciones extrañas e incoherentes de nuestra cultura como lo que son, no problemas en sí mismos, si no los muchos y diversos síntomas, quistes y metástasis de lo que podría ser uno de los más grandes obstáculos y nudos de una humanidad tratando de pasar de la adolescencia a la juventud madura: el fanatismo en todos y en todo.

Queremos pensar (lo menos posible) que lo que nos divide y define, a países, comunidades, grupos y personas, es cualquiera y/o todas de las siguientes y las miles que escapan a lo aceptable en una entrada de blog:

– La religión verdadera (según cada uno, la suya), sus miles de “sub-religiones” y sus millones de “sectas”.

– El tipo de deporte que nos gusta, los “equipos” de ese o esos deportes.

– Nuestra inclinación política, los “grupos” y partidos derivados de esa inclinación política.

– Nuestra “raza”, nuestra “patria”, nuestra “cultura” (cuando cultura se entiende como identidad delimitada y definida por las anteriores)

¡Hueveu!

Tanto entrecomillado tiene función: marcar los constructos teóricos y mentales que no tienen ningún tipo de validez en la realidad mas que de manera simbólica en nuestra mente, abstracciones que funcionan como receptáculos vacíos y que no se refieren a nada más que a lo que nosotros les hemos puesto para llenarlos de significado, mismo que es totalmente individual y suele estar en contraposición o desencaje con las realidades física y lógica. O sea, como un tupper que llenamos de pura pendejada que nos inventamos y luego nos creemos, después actuamos a través de él, intentando seguir la lógica de sus interconexiones, que en el gran esquema de las cosas, son completamente ilógicas. Algunos le llaman delirio socialmente aceptado.

 

Encuentre las 0 diferencias entre esto y su fanatismo favorito.

O “Encuéntrese usted”… a secas.

Tal vez tu religión sea completamente ilógica y llena de contradicciónes… ok, no “tal vez”, eso es seguro. Pero creer en ella es algo que es problema de cada quién y cada quién se hará sus chaquetinas mentales para olvidarse de esas contradicciones o de la imposibilidad de evidenciarla en el mundo real, de saltarse los episodios de la historia en la que han causado y siguen causando separación, guerra, prejuicio y obstáculo para el avance y genuina unión entre humanos.

El problema auténtico no es ese, el problema es, regresando al meollo, tu fanatismo. Que actúes y pienses a través y gracias a él, en vez de asumir que tu creencia es lo que es: una vil, común y no-sagrada-para-nadie-más creencia.

El problema es que el espejo nunca se ve así.

A mucho pambolero loco insufrible de México y fanáticos de todo deporte alrededor del mundo suele pasarles lo mismo. Han dejado de ver un deporte como lo que es, simplemente como una mera y vil competencia sana y, para muchos, divertida de ver y practicar, para convertirla en una cuasi-religión. Se pierde el concepto principal para convertirse en algo que apela a la identidad y a lo que se cree “ser” gracias a ello.

El pambolero ateo y hasta científico suele creer estar libre de estos pecados y se aferra, con el mismo fanatismo ciego de una monja medieval, a su camiseta del equipo.

Lo mismo podemos extender a los gustos en artes, a las creencias en diferencias irreconciliables entre nacionalismos o culturas. El fanático automáticamente asume que lo que se ataca es su deporte, su gusto, su nación o su creencia y no a su fanatismo ante ella. Es esa irracionalidad misma la que lo define como fanático, en palabras modernas: Un fanboy, una fangirl.

Steve Jobs se retuerce en su tumba…

de gusto: lo logró.

¿Pero están ustedes seguros de querer discutir con quien tiene nublada la lógica gracias a sus pasiones más zombies e impulsadas por un entorno global que glorifica y premia la diferencia, que gana billones de dineritos gracias a esas divisiones que no ha creado, pero ha inflado y explotado cada día de manera más cínica y vulgar para su conveniencia y para fantástico sentido de pertenencia/identidad de todos los que se lo han tragado?

Nadie sabe para quién trabaja, sobre todo si cierra los ojos a voluntad propia o a voluntad del interés ajeno introyectado y resignificado como propio.

Con riesgo de pasar por lo reduccionista, parece ser que entonces, el gran problema en nuestro mundo es el fanatismo. Sí, tal vez existan otros problemas terribles, pero ¿no serían más claros y libres de tratar, por lo tanto resolver, si el fanatismo que obstaculiza a un lado y otro dejara de pasarse como “identidad” para dar paso a otro camino?

“¡Imposible!” clama el fanático. Yo le diría: nada sagrado hay en este mundo.

 

 

 

Y es de que yo ya intento manejarle lo que viene siendo la no discusión con fanáticos (de lo que sea), simplemente, expongo para quien quiera escuchar y tomar algo en cuenta; que como bien dijera Dr. House, haciendo unos pequeños ajustes: Si se pudiera razonar con religiosos (fanáticos) no habría religiosos (fanáticos).

Con esto uno debe asumir que seguirá contracorriente de algo profundamente arraigado al ser humano y acostumbrarse al pan de todos los días: que será el mamón, un te-crees-muy-nalga-porque,  soportar la falacia común de que se piensa y se expresa de cierta manera sobre ciertos temas debido a una impostura intelectual o un complejo mecanismo involuntario e inconsciente de engaño-autoengaño destinado a hacer creer al pobre iluso que se es un “líder de opinión” (no conozco ese pokemón), siempre en peligro de que nuestro invisible traje nuevo del emperador sea revelado con un grito público, que los “pedestales” y “torres de marfil” sean deconstruidas (ay ajá…) o simplemente destruidas por alguien convencido de que, en primera, ¡existen!

Cuélgale una cruz y ponle camiseta del América.

Pero puede usted darse un clavado de regreso a la creencia, al prejuicio y al dar por hecho, y así pensar que esto se lo escribo o porque las personas como yo somos robots sin pasiones o que todo es una impostura pseudointelectual destinada a florearse a sí mismo e inflarse el ego:

Y así el dragón se muerde de nuevo la propia cola

y Ouroboros vuelve a formarse a sí mismo,

para seguir dentro de sí mismo,

hasta el fin de los tiempos.

 

*Disculpe usted la cínica y ya aparecida autopromoción con mi proyecto musicalts solista de la soledad forever alone, así como lo corto de este escrito, el tema está para precisión más que para llenarlo a usted de palabrejas… los tengo muy malacostumbrados a mi obsesividad por no poner el punto final… como ahorita… ¿vieron?… ¡¿Vieron!?

Ay ya, bye.

 

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