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El congal postapocalíptico
Por Jorge Hill
Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, mi... Hace música, escribe y cocina de manera independiente. Nada le embona. Psicólogo de carrera, milusos en la realidad. Twitter: @JorgeHill. (Leer más)
El plaquetaxo y el piropo
La no tan delgada línea entre el piropo y la agresión.
Por Jorge Hill
18 de marzo, 2017
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No es cualquier cosita, viene cargado de denuncia, de agresión, de una mujer que hace valer sus derechos, de feminismo, de aplicación de la ley, también de cierto privilegio y de los lugares grises en las leyes y en la subjetividad.

Hace unos días se armó el escándalo. Tamara de Anda, mejor conocida como Plaqueta, denunció ante la ley a un taxista que le gritó “Guapa” en la calle. Ante lo que es considerado falta administrativa, el hombre tuvo que pasar la noche en el torito. Aquí la versión de Plaqueta.

Fuera del ámbito de las leyes, yo me pregunto ¿a qué gañán se le ocurre que andar tirando unos “guapas” por la calle a desconocidas está muy cool y podría llevar a algún magnífico romance tipo Disney? No me cabe en la cabeza. Algunos parecen no entender la nada delgada línea entre un “Guapa” a alguna amiga en el contexto correcto y un “Guapa” callejero a una desconocida. Es evidente, el primero puede tener muchas connotaciones positivas, el segundo es claramente agresivo y busca molestar a la persona, dejarla sintiendo vulnerable e intimidada. Esto, si no es “acoso” como tal, dependiendo qué digan las leyes, está muy cerca de serlo. No hay que darle muchas vueltas ni es tan difícil, allá afuera hay varios hipocritones que defienden el llamado “piropo”, pero estarían dispuestos a usar los puños si fuera proferido hacia sus santas madres, hermanas o novias. Típica machada mexicana.

La imagen del piropo en México es otro de esos tantos restos que nos quedan de una cultura que ha vivido bajo el manto del machismo desde siempre. Lo que tantos consideran aún romántico y piropero no es otra cosa que un hombre ejerciendo su poder sobre una mujer a la que se considera vulnerable, un receptáculo para nuestras guarradas que nadie pidió, así sean disfrazadas de floritura pasional.

Otros temen por su libertad de expresión, pero qué difícil sería defender esto cuando tu supuesto piropo está penado por la ley. Uno es libre de decir lo que quiera, pero también debe estar consciente de que nuestras expresiones tienen consecuencias. Tu libertad de expresión no te la está quitando nadie, puedes seguir siendo un pinche guarro, sólo prepárate para los resultados de tus actos. Ni siquiera sé si es necesario darle vueltas a esto ¿neta? ¿intentar defender “piropos” callejeros? No me chinguen.

Sin duda El Plaquetaxo nos lleva a lugares escabrosos e indefinidos en la ley y en nuestra sociedad. ¿Qué es acoso y qué no? ¿Las leyes mexicanas están a la altura para lidiar con este tipo de casos de manera justa y con justa definición? (Spoilers: not) ¿Cómo actuaron los privilegios de una figura mediática blanca en este proceso? ¿A partir de qué tan blanco y guapo se empieza a dejar pasar el acoso como piropo con consentimiento? -Sí, pasa, aunque a tantos les moleste el tema, cruzado por clasismo, y quieran negarlo-. ¿Qué es subjetivo en estos casos y qué no? Esta pregunta me remite una vez más a ciertas figuras que querrían que se pudiera penalizar la mirada como acoso, para esas también tengo un “no me chinguen”. El mundo de la guarrada tiene tantas incoherencias y lugares nebulosos como el de la progresía extreme.

Nos tenemos que preguntar todo esto y más, aunque incomode y aunque levante ámpula, generando un automático “el acoso es acoso y ya”. Nunca nada es tan fácil en la práctica. Es válido preguntarse las posibles o aparentes incoherencias en estos temas y es lo que nos lleva poco a poco a una implementación más justa de las leyes, a ideas y límites más claros sobre el acoso y sus consecuencias.

Desgraciadamente, lo que hemos visto en redes sociales es el cuento de siempre: una mujer que busca justicia y es posteriormente degradada y violentada por hacerlo. Sí, tal vez tenga sus grises y sus tweets clasistas del pasado o muchos comentarios y acciones que puedan ser sacados de contexto mañosamente, como todos los tenemos. Sí, tal vez le pueda caer mal a muchos, es normal en cualquier persona, sobre todo si eres una figura pública. Pero amedrentar y amenazar a una mujer por apoyarse en la ley no sólo es bajo, nos dice otra cosa más importante: el hombre mexicano, tal vez en mayoría, todavía no está resignado a perder sus privilegios como el gañán, el acosador, el que siempre queda arriba, el que todas puede y a todas se chinga, porque son viejas.

Malas noticias, buddies, se les está acabando la fiestecita. ¿Piropos? A la novia, al ligue o a la amiga, consensuados. De otra manera son sólo agresiones.

¿Qué? De verdad, no es tan pinches complicado.

 

@JorgeHill

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